Desarraigo político en el Norte Grande

El alto nivel de abstención, cercano al 60% en las elecciones municipales del 2012, representa el reflejo del desarraigo que experimenta la ciudadanía con los partidos políticos y que podría agudizarse el próximo año, considerando las múltiples denuncias que han salpicado a políticos de distintas sensibilidades.

El proceso del 2012, cuyo valor residió en ser la primera elección con un sistema de inscripción automática y voto voluntario, permitió ratificar la desconexión entre ciudadanía  y partidos políticos, ubicando a nuestro país, según el “Informe Auditoría a la Democracia” que realizó el PNUD durante el 2014, como la nación con la caída más aguda en participación electoral en América (34%).

Este bajo apoyo se hace sostenido y decreciente, en especial con los partidos políticos, ya que según el Barómetro de la Política realizado por el CERC durante el año pasado, estableció que en 1989, el 81% de los mil 200 encuestados manifestaban votar por una colectividad, a diferencia del 2014, cuando esta cifra se redujo al 35%.

A este fenómeno no se escapa el Norte Grande, quien a través de sus tres regiones, disminuye su votación desde el 2004, cuando alcanzó 335.927 mil votos a 330.181 el 2008 y 290.890 el 2012.

Sumado a este descenso, evidenciamos que desde las elecciones del 2004, comienzan a surgir figuras políticas que por cupo electoral, desavenencia con las cúpulas o estilos de liderazgo, migran desde los partidos políticos tradicionales, hacia movimientos centrados en su persona.

Si escarbamos más, a partir de esta migración desde los partidos políticos, podemos identificar que muchos alcaldes, no concluyen su gobierno comunal por procesos judiciales, tal es el caso de Carlos Valcarce y Waldo Sankán en Arica, Jorge Soria en Iquique y Daniel Adaro en Antofagasta, todos, excepto el primero, al momento de ser interpelados, habían dejado sus colectividades, emprendiendo una carrera política en solitario.

De esta forma, vemos en el Norte Grande, el reflejo del país, con un marcado debilitamiento de los partidos políticos, acentuado por la fragmentación y volatilidad de sus votos, con respecto a cada elección.

El bajo nivel de arraigo, legitimidad en la sociedad y la alta volatilidad electoral, representa la antítesis del análisis que realiza Mainwaring y Scully sobre un Sistema de Partidos Institucionalizados, facilitando el surgimiento de líderes demagógicos con un marcado discurso anticentralista y que surgen por la imposición de candidatos emanados desde las cúpulas.

A esto se suma, la transformación que experimenta la elección municipal del 2004, cuando alcaldes y concejales corren por distintos flancos, facilitando, según Luna y Altman, una tendencia a favor de la independencia, creciendo estos de 0,9% en el 2000 a 10,2% en el 2008.

Así, visualizamos al Norte Grande, en el ámbito municipal, como un fiel representante del debilitamiento de los partidos políticos, con un alto nivel de desarraigo y desconexión con las fuerzas tradicionales, lo que facilita la llegada de autoridades “caudillistas”, que canalizan el descontento ciudadano, sin un mayor progreso institucional y que según O´Donnell y Pérez Liñan, ven al resto de los organismos estatales como obstáculos para el desarrollo de sus políticas.

 

 

 

 

 

 

Compartir:

*

*

Arriba