El drama UNAP

Son 57 las universidades chilenas, y entre ellas, según la generalidad de los estudios en materia de calidad académica y administrativa, la Universidad Arturo Prat (UNAP) no llega hoy al lugar 40. Son 25 las universidades tradicionales, 19 estatales y 6 privadas. Entre todas ellas, la UNAP ocupa el último lugar, y obviamente, también ocupa el último lugar entre las universidades estatales. El más reciente estudio en cuanto rankings universitarios, fue realizado por el “Grupo de Estudios Avanzados en Educación Superior (más conocido como “Universitas”) con la colaboración del diario El Mercurio. Se rankearon 45 universidades (a 12 ni siquiera se las tomó en cuenta, aunque ostenten el título y se vendan como “universidades”). De las 45, la UNAP obtuvo el lugar 44, sólo aventajando a ARCIS, cuya desastrosa situación académica y administrativa, y posible próxima desaparición es conocida.

El mismo estudio también revela que entre las 13 universidades chilenas comprometidas institucionalmente en tareas de docencia e investigación, la UNAP ocupa el último lugar. Esta nada edificante situación ya se arrastra por años. En 2010, en el concierto general de universidades chilenas, la UNAP se encontraba entre los últimos 12 lugares, apenas con un índice de 15,3 puntos, de un total de 100. Cada vez que se habla del tema, las autoridades aducen problemas presupuestarios y discriminación estatal. Aunque esto tiene mucho de cierto, no cabe la menor duda que la causa de la actual débacle de la UNAP como institución universitaria reside, sobre todo, en el ámbito de gestión.

Por esta razón es que llame la atención que en más de 20 años, la UNAP sólo ha tenido dos rectores, y ambos de la misma línea ideológica, en el sentido más amplio del término. 12 años fueron de gobierno de Carlos Merino (quien al dejar el cargo también abandonó la institución y la ciudad); y Gustavo Soto, ex-colaborador suyo, que hoy se apresta a cumplir otros 12 años de rectorado. Lo extraño es que, a diferencia, por ejemplo, de cualquier club de fútbol, incluidos los de barrio, ante los malos resultados sus autoridades y entrenadores son cambiados de inmediato. Ergo, a la manera del sistema binominal de elecciones chileno, el sistema de elección de rector en la UNAP está hecho para que nada cambie. Es evidente que con este gatopardismo las cosas están organizadas para que la línea direccional de la UNAP iniciada en 1994, con Merino y seguida hasta hoy por Soto, se mantenga indefinidamente.

Veamos: En nuestra antigua democracia, desde 1968 hasta su fin en 1973, todos los integrantes de las comunidades de todas las universidades chilenas elegían sus rectores y consejos académicos(o senados universitarios). Esto era la tri-estamentalidad, liquidada por la dictadura de Pinochet. Es decir, hoy no existe legalmente, aunque la mayoría de los rectores de las demás universidades chilenas -obviamente, personas de conciencia democrática- han encontrado los resquicios e, incluso, los subterfugios legales como para darle concreción. Desde el fin de la dictadura, los estudiantes de la UNAP no han tenido la menor posibilidad de acceder al poder institucional a través del sistema tri-estamental de gestión, i. e., no han tendio la menor chance de cambiar ni mejorar nada. La elección de cualesquiera autoridades de la UNAP se basa en un vicio triple. Primero, sólo votan los docentes.

Segundo, el voto es ponderado. Tercero, y lo más insólito, la ponderación que se asigna al voto es de una arbitrariedad sin precedentes. Su base ni siquiera es la calidad académica del docente, ni investigativa, ni su prestigio profesional, sino exclusivamente su CONDICIÓN CONTRACTUAL. El voto del docente de jornada completa equivale a 6 votos, el de media jornada, 3 y el del profesor a honorarios, sólo 1. En la universidad tri-estamental chilena, el voto del docente no tenía ponderación alguna, como así es en todo el mundo en que opera la democracia universitaria. Aquí en Chile, y particularmente en Iquique, ¿por qué es tan baja la ponderación dada a los votos del profesor de media jornada y del profesor- hora, con respecto al de jornada completa? Aun siendo injusta la sola noción de ponderación, y peor aun, según contrato, ¿por qué no fue 3-2-1-, en lugar de 6-3-1?

¿Está probado que el profesor de jornada completa es 300% y 600% mejor académicamente que los demás? ¿Se ha considerado si tiene más grados y/o si ha investigado más? ¿Se ha cotejado bien su calidad como docente a través de las anuales consultas a los alumnos? Pues, NO. Nada de ello se ha hecho nunca. Las contrataciones y su régimen por profesor, son atribución exclusiva de la autoridad, y resulta que la mayoría de los profesores de la UNAP son los de media jornada y los profesores-hora. Muchos de estos últimos, a pesar de sus títulos, prestigio público y probada calidad académica y docente tienen muchos años de trabajo bajo el humillante régimen del “boleteo.” ¿No habrá de por medio la espuria consideración que si esa mayoría votara, Soto no habría sido elegido, aun con tan injusta ponderación 6-3-1?

Así las cosas, si los estudiantes no consiguen terminar con tanta oscuridad justo en el lugar en que más debe reinar la luz, nadie lo hará. Evidentemente, hasta ahora no han podido. El gobierno, hace mutis por el foro cada vez que hay un conflicto, con marchas, bataholas y huelgas estudiantiles que no han conseguido hacer ni cosquillas a la autoridad. El rector Soto ha autorizado la realización de un claustro universitario, en el que con toda seguridad se acordará la tri-estamentalidad. ¿Es nuevo esto? No. En 2005, ya se realizó ese claustro, bajo la administración Merino. A pesar que el ex-rector había prometido respetar sus acuerdos, estos quedaron en la nada. ¿Hay todas las razones del mundo para creer que ahora sí se respetarán?

Comments

Compartir:

*

*

Arriba