El Panteón de Juan José

Por Guillermo Jorquera

El significado de la palabra panteón, resume un conjunto de todos los dioses de una religión o mitología politeísta, como la de la antigua Grecia. También es una edificación funeraria, actualmente se usa para referirse a los cementerios, como los de nuestra pampa salitrera, en el fondo es un espacio, un lugar ¿Será de este lugar sagrado de donde Juan José levanta sus personajes y sus historias de las publicaciones que le conocemos?

 

Yo pienso que sí, porque según Agustín Squella,en Lugares Sagrados*el cree que “‘lugares sagrados’ quiere decir los indispensables, intocables, insustituibles, irrenunciables, y habitados también por un espíritu común más ligado a la biografía del autor (en este caso de Juan José) que a la entidad objetiva de tales sitios o a alguna relación con la divinidad”.

 

Porque los personajes de Juan José vienen de los lugares donde reina la cultura del sustrato, aquella que pocos reconocen ni quieren ver, que no tiene una política definida, ni menos de presupuesto para valorarla y visibilizarla.

 

Sin embargo el sustrato es un cúmulo de lugares sagrados para creadores, poetas, escritores, dramaturgos chilenos; de allí provienen los personales de Luis “Paco” Rivano, Juan Radrigán, Luis Emilio Recabarren, de Antonio Acevedo Hernández, dramaturgos nacionales que dan a conocer, a través de sus obras, sus riquísimos y distintos lugares sagrados.

 

Por eso valoro la publicación de “Playa Panteón” de Juan José Podestá, sus personajes y su vibrante narrativa vienen de la cultura del sustrato, y de sus particulares lugares sagrados, no solo aquellos que están a nuestro alcance, sino también aquellos que él es capaz de ver a través de su escenario geográfico, de su ojo avizor, de su irrenunciable presencia en sus lugares sagrados; desde el cine, el bar, el barrio, de su experiencia periodística.

 

De todo aquello se vale para hacernos ver a un hombre de la pampa nuestra, esperando su “hora señalada”, gozando a “Rififí” desde una vieja tele al lado del cadáver de su abuela. O nos introduce en el imaginario de un “empampa’o”, de vida fácil y desordenada, acompañándole a morir en forma alucinante, conducido por Caronte, previo pago de una moneda, a la mortífera isla Podestá.

 

Nos conduce al mundo del espectáculo, a través de “diapositivas mentales”, creíbles, con Muriel –su musa- como protagonista de cine, de documentales y de obras de teatro, locuras cuerdas, muy acordes con este mundo de fantasía.

 

Nos invita a un paseo a nuestro barrio colombiano, boliviano, por el casco histórico, a pasearnos frente a antiguos y poco gratos lugares de trabajo, con Flora su negra colombiana, metida como un “bribón” hasta su corazón.

 

Nos amarra con el cine, la TV, el teatro, todo enredado de una realidad insospechada para muchos. Nos traslada al destino turístico recurrente de los iquiqueños; Tacna, para contarnos, en ese entorno de comidas y bebidas entrañables, la caída delictual de Al Pacino y Jack Nicholson, ladrones cinematográficos hollywoodense, abatidos finalmente por la poli sudaca.

 

Cierra su libro, allí donde el nació, y nos lleva a Tocopilla, a la Playa Panteón, narra desde sus lugares sagrados una ¿increíble? Historia, amarrada con relatos anteriores, que reflota aquello que tiene herido a todo Chile desde el año 1973: ¡Ni perdón, ni olvido!

 

A pesar de nuestras diferencias de edad, yo coincido con algunos lugares sagrados de Juan José, ellos me han inspirado y ayudado a realizar mi trabajo creativo y a diseñar una forma de vida que me hace feliz; a ver arte en lugares alejados de la elite de la cultura tradicional.

 

¿Por qué Juan José, llama a apropiarse de las calles, en una columna recientemente leída?; porque nuestros barrios, nuestros bares, nuestras plazas, nuestros panteones, nuestras calles, nuestras playas son nuestros lugares sagrados.

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