Iquiqueños recuerdan Matanza de la Escuela Santa María

Por El Independiente

A pesar del excesivo calor, más de un centenar de personas se congregaron a un costado de la Escuela Santa María para rendir homenaje a los miles de trabajadores muertos el 21 de diciembre de 1907, en uno de los hechos más ominosos de que se tenga memoria en nuestro país. El lugar específico del acto conmemorativo, fue el monolito ubicado en las esquinas de calle Latorre y Amunátegui, donde dirigentes sociales, colectividades políticas y ciudadanas, recordaron los tristes hechos acaecidos hace ya 108 años. Cabe destacare la participación del alcalde Jorge Soria.

La convocatoria fue efectuada por la Comisión Regional Sindical del Partido Comunista de Tarapacá, y a ella se plegaron la Cut, la Anef, el Colegio de Profesores, los Indignados de Iquique, la Unión Marítima y otras organizaciones sociales.

 

Oradores

Los oradores de la jornada -conducida por el consejero regional Pedro Cisternas-, que se inició al mediodía, fueron el dirigente de la Anef, Mauricio Soudre, el destacado dirigente comunista Hugo Bolívar, el subsecretario regional de la colectividad, Julio Aranguiz, y el representante de la Cut, Carlos Ruiz. Su discurso fue la alocución principal de la conmemoración. El representante de la Anef fue enfático al señalar que Chile no puede volver a ser testigo de una matanza como la de la Escuela Santa María, y efectuó un llamado a no olvidar. Bolívar señaló que “los valientes y corajudos estamos acá, los que recordamos y no olvidamos. Hay que sentir en el corazón los hechos que sucedieron”. Por su parte, Aranguiz, en un encendido discurso, llamó respetar los derechos humanos de los trabajadores, así como a forjar una cultura de respeto para la clase trabajadora. “Debemos consolidar y profundizar los cambios que están teniendo lugar, para que en Chile sí pueda haber un cambio. Tenemos que sumare fuerzas por y para el pueblo trabajador”. Finalmente, Ruiz expresó que la muerte no mata a los valientes. Los tiempos son otros pero la lucha la misma”.

Al finalizar el homenaje, las diversas organizaciones hicieron entrega de ofrendas florales en el monolito.

Asistentes

            Orlando Cofré, de la Unión Marítima, dijo que “estamos acá, al pie del cañón”. José Muñoz, trabajador independiente, manifestó la importancia de la presencia de iquiqueños en el homenaje. “Deberían estar todos”, sintetizó. Marcelo Ramos, joven universitario, expresó que “la comunidad iquiqueña entera debiera estar congregada. La matanza es un hecho que nos debe unir como nortinos”.

 

Un poco de historia

            Durante la mañana del 21 de diciembre el intendente de Tarapacá, Carlos Eastman, se reunió con los representantes de los empresarios salitreros para poner fin a la llamada Huelga Grande. Eastman señaló que contaba con la autorización del Presidente Pedro Montt para pagar la mitad de los aumentos de salarios que se acordaran con los obreros. Los empresarios manifestaron que su preocupación principal no era el dinero, sino un “asunto moral”, ya que a su juicio negociar bajo presión de los huelguistas ponía en jaque la mantención del orden en las oficinas salitreras.

El intendente propuso entonces resolver el conflicto mediante tres árbitros, uno nombrado por los trabajadores, otro por los empleadores y el tercero designado de común acuerdo. Los empresarios aceptaron esta propuesta, pero exigieron como condición el retorno a las faenas.

El intendente Eastman solicitó a Abdón Díaz su intermediación para comunicar a su grupo la aceptación parcial de los empresarios a sus reivindicaciones, a excepción del establecimiento de los jornales a un tipo de cambio fijo de 18 peniques.

Los trabajadores decidieron mantener el movimiento hasta que la totalidad de sus peticiones fueran acogidas, y reafirmaron su voluntad de evitar toda clase de actos violentos.

Pasadas las 14:00 horas, el Intendente informó al Presidente de la República que utilizaría medidas de fuerza, pues había agotado todos los otros medios para controlar a los mineros y tal concentración de personas en la ciudad ponía en peligro la seguridad pública. Él movilizó a sus tropas y ordenó a sus oficiales desalojar la Escuela Santa María, donde estaban concentrados los trabajadores y sus familias. Ellos se negaron y el general Silva Renard amenazó con disparar contra quienes no se retiraran. Sólo 200 trabajadores salieron del edificio entre pifias y gritos de sus compañeros.

A las 15:45 de la tarde, el oficial ordenó la primera descarga del piquete O’Higgins hacia la azotea del edificio, donde se encontraba el Comité Directivo del grupo según consignó el informe posterior de Silva Renard.

Los marinos dispararon hacia la puerta de la Escuela, pues adujeron que se habrían producido tiros desde el interior. Finalizado el fuego, quienes lograron sobrevivir fueron trasladados hasta el antiguo y ya desaparecido Club Hípico.

La cifra total de trabajadores asesinados es incierta, pero se sabe que es de varios miles. La versión oficial señala que los muertos no pasaban de los 130, pero los iquiqueños de la época refieren aproximadamente 3.600 fallecidos.

 

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