La elegancia anarquista

“Sombrerero: ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Estas son las cosas que me descomponen!”

Alicia en el país de las maravillas,  Lewis Carrol

 

Es cuestión de ver fotografías de la época. Las de las reuniones mancomunales (asociación que daría pie a futuros partidos políticos), las de las obras teatrales del Ateneo Obrero y las de las cooperativas de resistencia, casi siempre posando para el lente con aires de desconfianza y sombreros tan necesarios por el sol pampino como ornamentales. Los anarquistas, los que profesaban “la idea”, vestían elegantemente, creaban diarios y revistas y escuchaban rock, pero de la época, tocado con instrumentos de principios del siglo XX y bailado muy pero muy parecido al vals y a la cueca.

Era diciembre y los pampinos bajaban a Iquique para la gran huelga. En la ciudad ya habían paralizado los gremios de las caletas y los obreros de algunas fábricas. Los que venían de las salitreras, enarbolando no sólo banderas bolivianas, peruanas y chilenas, no dejaron que paralizaran los servicios básicos (los aguaderos, los trabajadores de la luz eléctrica, los del gas, los carretoneros). A su vez el Estado chileno, a cargo del Comandante Roberto Silva Renard, desembarcaba en el puerto los instrumentos de la guerra preventiva o disciplinaria, desde naves exhaustas y grises.

 

Una multitud

 

Se cuentan en 7.000 a los huelguistas que lograron ubicar estratégicamente entre la plaza Montt y la escuela Santa María, muchos de ellos reubicados desde el que es hoy el ex Estadio Municipal de Cavancha. Entre la multitud se movían 3 elegantes anarquistas de probada elocuencia agitadora, fundadores de sociedades de resistencia y periódicos políticos, artísticos y anticlericales. Los 3 usaban sombrero. De buen corte y manufactura. Aclarar que la mayoría de los que allí estaban usaban sombrero, pero no todos necesariamente eran anarquistas, como no lo son necesariamente todos los que se encapuchan o los que roban bancos. Los 3 anarquistas arengaban: eran Olea, Escobar Carvallo y Pezoa, quienes fueron apresados una vez rendidos ese 21 de diciembre. Pudiendo volver al país después de su amnistía en 1910, Olea se queda en Guayaquil y fallece un año después, dejando detrás una vida resuelta en la disciplina libertaria tarapaqueña.

Las carretas comenzaron a apilar los cuerpos hacia el norte. Parte de la multitud volvía a la faena. Algunos de ellos eran los sepultureros, que no trabajaron enseguida y tuvieron que ser obligados bajo espada para evitar un foco infeccioso debido a la masiva putrefacción que se venía. Esas noches aparecen nítidas.

 

Seguir apostando

 

Olea, Escobar Carvallo y Pezoa, entre muchos otros, consideraban prudente en algún momento dar pelea.

Estar en la mira y seguir apostando. El sólo hecho de la inacción como método los incomodaba. Desajustar la corbata y tratar de mantener en alto las expectativas de resistir. Desde la escuela se disparó contra el ejército sin provocar daños mayores. Fue una derrota total que se firmó posteriormente en el Congreso, justificando la masacre. Si bien fue un golpe durísimo a los movimientos sociales de la época, estos no dejaron de exigir una vida más digna en sucesivas manifestaciones y enfrentamientos. La de 1907 no constituye un hecho aislado. Muy por el contrario. Los elegantes anarquistas, formada la primera Mancomunal en 1900, donde protagonizaron una huelga de 60 días en el puerto de Iquique, se fueron fortaleciendo. Sus logros son parte importante en la historia del movimiento obrero chileno, principalmente por su alto grado de compromiso en sus asociaciones, lo que provocaba amplias convocatorias y avances en sus petitorios. Además queda agregar que la IWW (Trabajadores Industriales del Mundo), quienes promovían la huelga mundial, tuvo contactos con obreros de este puerto gracias a los inmigrantes europeos que llegaron a Iquique, y que trajeron consigo los ideales ácratas y su gusto por los trajes y sombreros.

En el libro “El banquero anarquista” del portugués Fernando Pessoa, cuyo argumento está en el título, el personaje le explica a un joven que lo atiende el porque de sus ideales y, mientras come elegantemente vestido, le deja entrever que las ficciones sociales son las que nos privan de entender lo realmente importante.

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Roberto Bustamante

*Roberto Bustamante (Iquique 1977) Estudió Sociología en UNAP (Iqq) y en ARCIS (Stgo). Publicó en revistas y en una antología del LEA 2010 en Valpo, incluido en la Antología “Predicar en el Desierto: Poetas jóvenes del Norte Grande” 2013, invitado a encuentros de poesía en Chile y Bolivia (Primer Encuentro Transfronterizo “Panza de Oro” Cochabamba, Bolivia, 2014 e invitado en mayo de este año al Tea Party 4 Arica-Tacna. Actualmente trabaja como investigador en el proyecto “Letras en movimiento, Recopilación de escritos migrantes en Tarapacá” ganador del Fondo del Libro CNCA 2015 y en su primer poemario.

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