Los desafíos post fallo de La Haya para Tarapacá

A meses del rechazo a la objeción preliminar planteada por la defensa chilena por parte  de los jueces de La Haya ante la demanda boliviana,  resulta prudente discutir cuáles serían  los desafíos post fallo para Tarapacá. Puede ser una oportunidad para fortalecer la inserción internacional de las regiones del Norte Grande, territorio epicentro de la Guerra del Pacífico y de las controversias actuales que sostenemos con nuestros vecinos. Particularmente, sostengo que puede contribuir a fortalecer la vinculación transfronteriza de los ejes Iquique-Oruro- La Paz y Tacna Arica. Aún más, considero que, en una eventual  obligación de sentarse a conversar de buena fe con autoridades bolivianas, como resultado del veredicto que dicte dicha corte  en unos años más,  la inserción internacional del Norte Grande es clave para buscar una “solución creativa” al dilema del enclaustramiento boliviano.

En efecto, dentro de estas consideraciones, estimo que es oportuno cambiar el nombre de la Dirección de Fronteras y Límites, DIFROL,  agencia estatal  perteneciente a la cancillería y encargada de gestionar los asuntos públicos referidos a las fronteras. Siguiendo a Bolivia y Perú,  las  homólogas de nuestros vecinos  respectivamente se denominan Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas, ADEMAF, y Dirección de Desarrollo e Integración Fronteriza, DDF. Podría denominarse  algo así como Agencia para el Desarrollo Fronterizo. Claro  está que esta consideración es pertinente si estamos de acuerdo con que las palabras, gusten o no, construyen realidad y viceversa.

 

Por otro lado, estimo oportuno, al alero del punto recién expuesto, que nos vinculemos más en la Comunidad Andina de Naciones- no somos miembro pleno, solo asociados-, sobre todo en agencias como las ZIF, Zonas de Integración Fronteriza, institución dedicada a fortalecer los territorios allende las fronteras, entendidos como espacios dinámicos donde los Estados deben tener un rol protagónico en pos del desarrollo transfronterizo.

 

En tercer lugar, estimo que es urgente mejorar la gestión de los Comités de Integración y frontera de Chile Bolivia y Chile Perú, instancias en que la DIFROL y sus homologas peruanas y bolivianas, coordinan a una serie de actores públicos y de las sociedades civiles, quienes se reúnen a gestionar diversas actividades relacionadas a la convivencia fronteriza. Los que hemos asistido a varios de ellos, podemos constatar que las comisiones dedicadas a cautelar las fronteras funcionan perfectamente (aduanas, policías, servicios fitosanitarios, etc.). En cambio, las dedicadas a la integración cultural y social de las fronteras tienen resultados dispares. El caso de la Subcomisión de Cultura y Género del Comité de Integración Chile-Perú es una excepción notable. Basta googlear los aportes de un centenar de Juntas de Vecinos asociadas de Arica y Tacna, y reunidas al alero de esta subcomisión, y las actividades llevadas a cabo por el Comité Binacional de la Juventud Tacna –Arica; todas ellas, en colaboración con el consulado chileno en Tacna y el peruano en Arica, han tenido un activo rol para reducir el impacto negativo del fallo de la Haya en estas regiones y para promover iniciativas de integración fronteriza.

 

¿Cómo podrían mejorar estas actividades el clima ad portas de un eventual  nuevo fallo adverso que nos obligue a negociar de buena fe una salida al mar a Bolivia?

 

Estas actividades permitirán socializar nuevas normas y pautas de convivencia en el territorio epicentro de la guerra, y de la controversia actual que afecta a Chile y Bolivia (y Perú). Junto con ello, estas actividades permitirían una mejor recepción ciudadana a una posible “solución creativa” al dilema boliviano. Estas soluciones, de suyo variopintas, se pueden resumir en las que siguen:

 

La administración compartida de un territorio entre las tres nacionalidades, el intelectual boliviano Ricardo Anaya lo denominó Arica trinacional hace tres décadas; Antonio Araníbar y Ramiro Orias Ramiro Orias, también bolivianos, plantearon en los noventas la creación de una Zona Especial de Desarrollo Trinacional; el ensayista chileno Benjamín Subercaseaux en 1962, en la misma tendencia,  al fragor del conflicto de Lauca señaló: “Arica, Lluta y Azapa deben ser la Tierra de Nadie y de Todos, es decir un fideicomiso administrado por Chile, Perú y Bolivia”.  Otra opción pasaría por mejorar ostensiblemente el libre tránsito a Bolivia a través de la entrega de un enclave para uso comercial sin soberanía (puerto, aeropuerto, zona franca, etc.)

 

Con todo, afrontar este dilema pasaría por matizar el enfoque que prima en la política exterior hacia las fronteras. Pasar de un enfoque de arriba hacia abajo a uno a la inversa, en ciertas materias, conlleva involucrar a otros actores, a otras subjetividades de ambos países en la implementación de las iniciativas fronterizas chilenas y bolivianas.

 

Finalmente, un eventual fallo adverso que nos obligue a negociar de buena fe con Bolivia, para el Norte Grande sería un estímulo y oportunidad inédita para salir del abandono que padece y para fortalecer su alicaído desarrollo regional.

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