Los discapacitados y su ciudad

Por Juan José Podestá

Edda Barnao tiene 62 años, y hace más de dos décadas sufrió un grave accidente: se electrocuto con una lavadora. Las secuelas fueron múltiples, pero las más severas dicen relación con daños neurológicos que le impiden caminar con normalidad por la calle, así como también problemas de visión que dificultan enormemente un normal tránsito por la ciudad. “Subir escaleras, las veredas malas, son para mí obstáculos muy grandes”, señala la mujer.

Edda es sólo una de las 33.406 personas con algún grado de discapacidad en la región, que representan el 7,9 por ciento de la población total. Esta cifra debiese poner a pensarnos de cómo idear una ciudad cercana con aquellos que tienen dificultades de algún tipo para trasladarse, o para realizar actividades cotidianas en la urbe. Hay que recordar que la Asamblea General de la ONU, desarrolló en 1994 un texto relativo a las normas uniformes sobre la igualdad de oportunidades para personas con discapacidad, en el que se puede leer: “En todas partes del mundo y en todos los niveles de cada sociedad hay personas con discapacidad.  El número total de personas con discapacidad en el mundo es grande y va en aumento”. Sólo en Chile el 12,9 por ciento de la población tiene algún grado de discapacidad.

 

PREOCUPACIÓN

Lo anterior debe ser un dato a tomar en cuenta, puesto que los porcentajes citados arriba fueron consignados en 2004 por la Encuesta Nacional de la Discapacidad, es decir, hace ya más de diez años, con lo que podemos suponer que probablemente la cifra aumentó, a nivel nacional y regional. Esto es preocupante, por cuanto los mismos dirigentes de agrupaciones de personas con discapacidad, saben que Iquique aún deja mucho que desear en torno al tema. Carlos Ulloa, presidente de la Agrupación de No Videntes y Limitados Visuales “Domingo Oyanadel Varas”, señala que “nuestra ciudad está muy por detrás de otras en relación a los discapacitados. Las veredas están malas y llenas de autos, las señaléticas no están en braille, no hay sonoridad en los semáforos, como en Santiago y Punta Arenas”. Y agrega: “Es muy difícil trasladarse por las calles. Es un tema que se viene tratando hace ya bastante tiempo, pero las soluciones son lentas”.

 

TOMA DE CONCIENCIA

Lo señalado por el dirigente no es menor, tomando en cuenta que en más de 47 mil hogares de la región -el 42, 4 de las casas de Tarapacá- hay alguna persona con un tipo de minusvalía, lo que lleva a pensar que esas mismas familias debiesen apoyar las demandas exigidas para que Iquique avance en el tema. Ulloa confirma que “hace falta más apoyo y toma de conciencia a todo nivel”. En este sentido, lo afirmado por el dirigente no es más que la corroboración del documento de la ONU, en cuanto a que en el primer lugar de los requisitos para la igualdad de participación, está justamente el ítem “toma de conciencia”.

Ahora bien, el texto de la ONU también señala que “Los Estados deben alentar a las empresas del sector privado a que incluyan en todos los aspectos de sus actividades las cuestiones relativas a la discapacidad”. La pregunta es: ¿El Estado chileno es lo suficientemente exigente con el mundo privado en cuanto a  exigirle un compromiso con las personas con discapacidad? La respuesta difícilmente pueda responderse, puesto que no hay datos ni cifras al respecto, pero a todas luces debería ser un aliciente para que la sociedad civil exija por su parte al Estado mayor fiscalización en torno al tema. Una breve mirada a la ciudad de Iquique deja de manifiesto que no siempre hay rampas, entradas independientes, puertas adecuadas u otras facilidades para personas en situación de discapacidad.

Datos, opiniones y documentos, confirman que el tema de la discapacidad es un tema que ha relevado que aún no están dadas las condiciones en Chile y en Iquique en particular, para que las personas con dificultades como las descritas puedan integrase plenamente a la ciudad.

 

 

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