Un mal día para el villano

ALLANAN LA MANSION DEL JEFE DE DIPUTADOS EDUARDO CUNHA EN BRASIL

El poderoso político opositor es blanco de investigaciones del Ministerio Público y de la Corte Suprema, acusado de recibir coimas en el escándalo de corrupción en Petrobras, de lavado de dinero, evasión fiscal y otros delitos.

En Brasilia, poco antes de las seis de la mañana de ayer, un grupo de agentes de la Policía Federal (que en Brasil tiene la función de combatir crímenes contra el Estado) llegó al portón de la mansión oficial que, en su condición de presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha ocupa desde febrero. Uno de los encargados de la seguridad avisó al mayordomo que, a su vez, informó al noble diputado que, frente a la residencia, un comisario pedía permiso para ingresar. Una medida educada, pero dispensable: el comisario tenía una autorización de la Corte Suprema para entrar, revisar todo y requisar lo que fuera necesario. Cunha pidió cinco minutos para vestirse apropiadamente –al fin y al cabo, estar en pijamas delante de un comisario federal no es lo más apropiado– y los recibió.

Exactamente a la misma hora, otros dos grupos de la Policía Federal se presentaban en la lujosa residencia de Cunha en Barra da Tijuca, un barrio más bien cursi, de nuevos ricos, en Río de Janeiro, y en el despacho de la Presidencia de la Cámara, en Brasilia. Fueron secuestrados celulares, computadoras, notebooks, joyas, dinero, papeles, muchos papeles. Sorprendió la cantidad de documentos que los agentes cargaban cuando salían de las casas y de las instalaciones de la Presidencia de la Cámara.

Cunha es blanco de investigaciones del Ministerio Público y de la Corte Suprema, acusado de recibir coimas en el escándalo de corrupción en la Petrobras, de lavado de dinero, evasión fiscal y otros delitos más. En la misma Corte corre una investigación sigilosa sobre el uso de las prerrogativas de su puesto para impedir el avance de investigaciones en el Consejo de Etica de la misma Cámara que él preside.

La segunda mala noticia del día le llegó poco antes de la una de la tarde, cuando ese mismo Consejo de Etica aprobó que se le promueva, en el Pleno de la Cámara, un juicio por quiebra de decoro parlamentar. La acusación, amparada en un arsenal de pruebas, se refiere a que Cunha mintió, en una Comisión Parlamentar de Investigaciones, al afirmar que no tenía ninguna cuenta en el exterior (tenía cinco: cuatro en Suiza, una en Estados Unidos; en dos de las cuentas suizas las autoridades de aquel país le bloquearon dos millones y medio de dólares clandestinos).

La reacción de Cunha fue inmediata. Dijo que la acción de la Policía Federal era una venganza del gobierno por haber, en su condición de presidente de la Cámara, decidido abrir un juicio para destituir a Dilma Rousseff. En relación con la derrota sufrida en el Consejo de Ética, dijo que la mesa directora de la Cámara anulará todas las decisiones, para que su juicio vuelva a empezar de nuevo. Y para finalizar, afirmó, con la frialdad de los cínicos y de los verdugos, que no presentará su renuncia.

La verdad es que desde hace días, cuando sintió que sería derrotado en el Consejo de Etica, pese a todas las escandalosas maniobras llevadas a cabo, Cunha empezó a negociar con el PSDB de Fernando Henrique Cardoso, mayor partido de la oposición. Su propuesta: él renuncia a la presidencia de la Cámara, siempre que le aseguren, cuando su juicio llegue al Pleno, los votos suficientes para que no pierda su mandato. Es que, sin los privilegios de inmunidad a que tiene derecho Cunha sabe que tan pronto salga del Congreso, las posibilidades de que vaya directo a la cárcel son altísimas.

Ha sido la acción más ruidosa del día, pero Cunha no fue el único a recibir incómodas visitas: ayer mismo hubo idénticos operativos de la Policía Federal contra dos ministros de Dilma, el de Ciencia y Tecnología, Celso Pensera, y el de Turismo, Henrique Alves, además de un senador de la República y ex ministro, Edison Lobao. También ex altos ejecutivos de Petrobras tuvieron sus residencias y oficinas allanadas.

Hay un detalle importante a ser observado: todos son del PMDB, principal aliado (y mayor traidor) del gobierno. Alves, además, es muy cercano al presidente del Senado, Renan Calheiros. A propósito, se supo que la Corte Suprema negó un pedido del Ministerio Público para también visitar tanto la residencia oficial de Calheiros como su despacho, su casa particular en su provincia, sus haciendas.

En un momento especialmente delicado que vive Dilma Rousseff, a raíz del juicio que Cunha facilitó en el Congreso y que podrá costarle el mandato presidencial, las acciones de la Policía Federal poniendo foco en el PMDB es preocupante. El partido está muy dividido entre los que defienden a la presidenta y los que quieren derrocarla por la vía de un golpe institucional. Los votos del PMDB serán decisivos. Hasta ayer, Dilma y sus estrategas creían poder contar con al menos 40 por ciento de ellos, pese a la acostumbrada y tradicional deslealtad del partido (que, a propósito, ocupa 7 de los 31 ministerios y secretarías de Estado con rango ministerial).

El vicepresidente de la República, Michel Temer, que además preside el PMDB, conspira a la luz del día contra Dilma. Podrá utilizar las acciones y presiones del Ministerio Público y de la policía contra el partido como argumento para obtener más adhesiones a sus maniobras conspirativas.

Cunha es un hombre malvado y vengativo. Todavía tiene mucho poder en la Cámara. Mucha razón tiene Dilma (y sus estrategas) para temerle.

La tensión persiste en Brasilia, tan densa como una nube de temporal momentos antes de explotar.

 

Por Eric Nepomuceno. Pagina/12 en Brasil

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