El borde costero en pie de guerra

 

Hace sólo unos días, el eterno problema del agua en las caletas del sur de la ciudad, acabó por desesperar a sus habitantes, que se mantienen movilizados desde el martes. Ya no desean más excusas de las autoridades: lo que piden es que se les dé solución a sus exigencias, que van más mucho más allá de la entrega del vital elemento regularmente.

Susana Valdés debe ser hoy por hoy la dirigente social más entrevistada de la ciudad. Es recolectora de algas de la caleta de Caramucho -a media hora de Iquique-, y ostenta dos cargos: el de presidenta de la Junta de Vecinos de la zona costera citada y de la Unión Comunal Costa Sur, organización que agrupa a las diez caletas del litoral de la Primera Región, donde viven cerca de tres mil personas.

costero

Decimos la más entrevistada porque desde el martes encabeza la serie de protestas que han tenido lugar en la zona, y que han paralizado en más de una ocasión la movilización vehicular. De hecho, en la madrugada del jueves las acciones acabaron con un adulto mayor con muletas preso, y una adolescente de catorce años con contusiones leves por los golpes propinados por Carabineros -entre otros ocho detenidos-, que hoy tiene a un pequeño grupo de punto fijo a la salida de Caramucho, con un carro lanza-agua dispuesto a reprimir las acciones de los “caletinos”, o “caleteños”, como les dicen en Iquique.

“Empezamos las protestas porque el municipio no nos envió el camión con agua, y se retrasó dos días. El tema del agua siempre ha sido problemático, pero ahora se agudizó”, señala la dirigente con una voz que acusa decisión y claridad en su casa, que comparte con su pareja, el pescador artesanal y también dirigente Luis Muñoz

Si bien es el municipio el que envía el agua en camiones, son los habitantes de las caletas los que deben comprar los vales en la empresa Aguas del Altiplano, que después se canjea en el departamento de Aseo y Ornato de la casa edilicia. Sólo a Caramucho, y obviando los retrasos, debería llegar un camión con 120 mil litros de agua cada quince días, para las 160 personas que viven allí. Es lo óptimo, pero desde hace cuatro años los retrasos se han hecho comunes. “Nadie sabe por qué pasa, nadie da explicaciones, y nosotros debemos esperar, pero ya estamos cansados. Si hasta los carabineros de Chanavayita están sin agua”. Explica Valdés

Abandonados por las autoridades

Sin embargo, lo sucedido con el retraso del agua dejó en evidencia una serie de graves problemas que todas las caletas del sur de Iquique deben experimentar diariamente.

Albert Olivares es dirigente de la Unión Sindical de Buzos de las caletas, que agrupa a cerca de mil hombres que ejercen el sacrificado oficio. Explica detalladamente que los problemas de las localidades del borde costero son varias: salud, vivienda, educación, conectividad y de comunicación.

En relación al primer punto, tanto Olivares como Valdés realizan una detallada radiografía al tema. Explican que sólo dos caletas -Chanavayita y San Marcos- tienen postas, pero que dejan mucho que desear en cuanto a la atención. “Los paramédicos que hay nunca están facultados para hacer algo, y siempre derivan a Iquique, aunque sea un accidente grave. No hay doctor”.

Además, Olivares es claro al señalar que las rondas médicas que tienen lugar una vez al mes, se realizan prácticamente al aire libre, o en su defecto en unos conteiner que ni siquiera entregó el gobierno, sino una empresa privada.

“Sólo hay comodatos, el terreno es fiscal pero las inversiones las realizamos nosotros” enfatiza Olivares, quien alega que el gobierno sólo se preocupa de aquellos que pueden pagar por terrenos. Para ellos hay agua, seguridad, y todo lo necesario”. Y se pregunta: “¿Por qué el aeropuerto tiene agua, y Chanavayita que está a siete kilómetros no. Por qué es tan difícil extender la red?”.

Finalmente, exige explicaciones en relación a por qué, habiendo cerca de mil buzos, las autoridades no han comprado una cámara hiperbárica para los accidentes. “Y creo que la que hay en Iquique no pueden usarla porque nadie sabe”, remata.

 

caramucho

Vivienda

Sobre el ámbito de la vivienda, Valdés aclara: “Desde 1990 no hay voluntad política para una solución habitacional para las caletas. Las casas en las que vivimos fueron hechas por los propios pescadores. Muchos niños, hijos de la gente de acá, decidió quedarse siguiendo el oficio de sus padres, están en su derecho, sin embargo, hay terrenos para todos, las Fuerzas Armadas, empresas, menos para los hijos de los habitantes de las caletas”.

Por su parte, Olivares explica que el hacinamiento es preocupante. Dice que muchos niños, una vez ya grandes, deciden quedarse en las caletas, “pero como no hay viviendas, se quedan en la de sus padres. Luego vienen los nietos, y viven todos hacinados”, acota.

Agrega que “las autoridades nos dicen que no se pueden hacer viviendas acá, porque hay peligro de tsunami, sin embargo, hay áreas que están fuera del rango de peligro, y perfectamente podrían hacer una población del borde costero ahí. Como en Alto Ñajo”.

Y Susana Valdés, incluso va más allá: “Se están vulnerando los derechos de los niños, que no pueden vivir en condiciones como en las que los hace vivir el gobierno”. Y agrega: “Nos demoramos quince años en que Vialidad llegara a vernos”.

 

Educación

“La cosa es bien simple. En San Marcos y Chanavayita hay dos escuelas básicas. Los niños que desean seguir estudiando deben irse a Iquique. Para ellos hay una micro de acercamiento a Iquique que sale veinte para las siete de la mañana, y regresa a las cinco” detalla Olivares. Empero, afirma que en diversos liceos los niños salen horas antes de las cinco, y deben estar deambulando por Iquique. “Muchos tenemos hijas, y no sabemos qué puede pasar. Si es que un desconocido las ataca, o si conocen a alguien que las lleve por el mal camino. Pasan horas solas. También muchos desertan por esta situación, no aguantan. En otras ocasiones, no los podemos enviar al colegio” dice.

Añade que los habitantes de Chipana están tres veces más lejos de Iquique que los de Caramucho, “por lo que el problema debe ser mayor allá”. El tema, expresa el buzo, pasa por generar una mayor conectividad, que facilite el traslado de personas entre las caletas e Iquique.

“A veces pensamos que el gobierno quiere que desaparezcamos, siendo que nosotros somos los que los proveemos de recursos marítimos a los ciudadanos de Iquique” aduce, mientras Valdés lo apoya y añade que “la intendenta tiene una carpeta con los temas que nos afectan, pero no se ha acercado”.

“Irrisorio”

Un tema no menor que aqueja a las caletas, es el de las comunicaciones. Los dirigentes se explayan en cuanto a que internet es muy inestable, en circunstancias que el sistema no sólo les sirve como pasatiempo. Olivares argumenta que como buzo -y al igual que los pescadores artesanales- debe enviar regularmente una serie de datos a las autoridades, pero simplemente no pueden, o les cuesta demasiado conectarse. “Si no pedimos grandes cosas, sino cuestiones básicas” dice.

Valdés agrega que “es irrisorio la gran cantidad de autoridades que han venido, o candidatos. Llegan, anotan las peticiones y se van. Además, en el municipio y en menos de dos años ha habido cuatro encargados de caletas. Sólo queremos que el Estado gobierne aunque sea un poquito para nosotros, nada más, un poquito”.

“Ojalá nos sentemos con el gobierno para dialogar, y no que esperen que peleemos, es ridículo que así sea”, critica Olivares, mientras a lo lejos un perro ladra al viento debajo de una bandera de Chile situada atrás de una maltrecha multicancha

El Independiente

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