“Globalización amenazó con hacer desaparecer culturas locales”

Entrevista al Sociólogo Bernardo Guerrero

Por Juan José Podestá

El académico e investigador de la identidad regional, dirige hoy un proyecto denominado “Puesta en valor digital y formación de capital humano para el patrimonio intangible de Tarapacá”, desarrollado por el Instituto de Estudios Andinos Isluga de la Universidad Arturo Prat, y que fue presentado al concurso del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Tarapacá, el año 2014. El portal del proyecto es tarapacaenelmundo.cl.

 

-¿Qué es exactamente el patrimonio cultural intangible?

 

-Es el conjunto de conocimientos y de prácticas socioculturales que todo grupo humano posee. Son saberes que se tienen, producido en la búsqueda de respuestas concretas y no tanto.  Cada uno de ellos tiene una lógica, una racionalidad. Abarca todo aquello que no es tangible como casas y monumentos. Cuestiones tales como la tradición oral, la alimentación, los mitos y leyendas, formas de hacer las cosas, etc, son parte de este amplio mundo. En un sentido general todos somos patrimonio, en tanto, cada uno de nosotros, en base a la cultura en que nos encontramos,  desarrollamos estrategias para embellecer la vida, dar cuenta de la muerte, explicar la vida.

 

-Por alguna razón es un tema que se ha relevado en el último tiempo: ¿A qué se debe?

 

-La globalización nos amenazó con hacer desaparecer las culturales locales, cuestión que no sucedió felizmente. La paradoja de la globalización es que acentuó lo local, a través de la actividad de la comunidad organizada que vio en el patrimonio y en la identidad cultural, una forma de afirmar sus singularidades. Y por otro lado se valoró, desde la cultura popular, el patrimonio. En otras palabras, el patrimonio ya no es monopolio de la elite que pontificaba acerca del buen gusto, la que creó museos, galería de artes, etc. Violeta Parra, es un ejemplo de ello. Los museos del deporte, en Iquique, sobre todo del boxeo en Iquique, escenifica una actividad tan popular como este deporte. Pero el capitalismo también creó una industria del patrimonio: vender el pasado.

 

-¿Qué importancia tiene su visibilización en el ámbito público?

 

-El patrimonio tiene una dimensión política evidente. Su uso, es una estrategia política. Y va de la mano con la memoria. Un museo es un lugar de memoria. Por eso es que se necesita visibilizarlo en el espacio público. Una danza, comer, la comensalidad, dejar constancia en las calles, en las plazas, es un acto político que afirma la identidad a través del patrimonio. Todos los pueblos tienen patrimonio, pero no todos tienen la capacidad de gestionarlo. La religiosidad popular en el Norte Grande es la mejor muestra de lo anterior.

 

 

-¿Cómo evitar la folklorización de este patrimonio?

 

-La memoria tiene un aliado y a la vez un enemigo: la nostalgia. Creer que todo tiempo pasado fue mejor, es un error. Y por otro, la folklorización se logra cuando los fenómenos patrimoniales, se gestionan y muestran en contextos que no son los adecuados.  Esta descontextualización provoca una pérdida de sentido. Las tradiciones no funcionan o dejan de funcionar cuando pierden eficacia simbólica. “Inventar” actos patrimoniales, o tratar de revivirlo, provoca a veces, resultados negativos. El folklore lo que hace es convertir un acto patrimonial en un hecho exótico.

 

 

-En una sociedad cuyas dinámicas son cada vez más rápidas, donde los cambios tienen lugar de forma más acelerada y las identidades menos fijas, ¿cómo justificar la recuperación y estudio de este patrimonio?

 

-En la medida en que entendamos que el patrimonio no es un objeto esencial, fijo y sin historia, evitamos que se nos convierta en una pieza de museo, encerrado y protegido por vidrios.  El patrimonio es dinámico. La arquitectura pos-salitrera en Iquique es ya patrimonial, no sólo la calle Baquedano. Pero para ello necesitamos pensar la cultura y el patrimonio como algo dinámico.  La historia tiene sus ritmos. La patrimonialización es un acto permanente. Pasa con la comida, la música, la literatura, etc.  La gente se apropia de bienes y los patrimonializa. En la comida y en la música es donde mejor se ver como la tradición se va reinventando.

 

Bernardo Guerrero nació el 1 de mayo de 1954 en Iquique. Es sociólogo y tiene estudios en antropología cultural tanto en su maestría como en su doctorado en la Universidad Libre de Amsterdam. Trabaja en la Universidad Arturo Prat. Es Director del Instituto de Estudios Andinos Isluga, que ejecuta este proyecto. Se ha especializado en áreas de la sociología de la cultura, siendo sus centros de interés el deporte, la religiosidad popular, la música, entre otras.

 

 

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