Nulidad Ley de Pesca, la oportunidad de restaurar el Estado de Derecho

Si el Congreso Nacional carece de la honradez o del coraje para legislar en favor de los intereses de la patria, que sea el pueblo el que se pronuncie, el verdadero soberano, mediante plebiscito. 

Este martes 19 de enero fue un día histórico. Después de tres postergaciones por parte de la Mesa de la Cámara de Diputados, finalmente se resolvió la admisibilidad de la moción presentada por la bancada PC-IC para votar la anulación de la Ley de Pesca, por los graves vicios de legitimidad que hubo en su aprobación en 2012, incluyendo el que es uno de los peores delitos para una democracia como es el cohecho, en otras palabras, la compra de voluntades parlamentarias por parte del oligopolio de la pesca industrial en Chile. El desafuero del Senador Orpis es el ejemplo más dramático, pero no el único.

Este hito es un gran paso para empezar a restaurar en Estado de Derecho en Chile, pero sólo es un primer paso. Aún queda la batalla más dura, como es el que finalmente la nulidad sea aprobada efectivamente por la Cámara. Demasiados escollos quedan por superar.

En primer término, la moción deberá ser discutida por las comisiones unidas de Constitución y Pesca, que deberán emitir un informe a favor o en contra de la “idea de legislar”, es decir, para que efectivamente sea vista o no en Sala. En caso de que la conclusión sea favorable, el Ejecutivo puede hacer indicaciones al texto, que es de articulado único (anulación de la ley). Y recién en ese momento es que de definiría el asunto en la Cámara, todo lo cual nunca será antes de marzo, dado que quedan menos de dos semanas de trabajo legislativo y el Congreso aún debe despachar siete proyectos emblemáticos del Gobierno, que tienen urgencia.

Ese caluroso martes de enero tiene vocación de hito no por lo formalmente conseguido, sino por la enorme carga simbólica que implica la oportunidad real de desmontar un sistema institucional armado a la medida de los poderosos de siempre. Algo que estos mismo poderosos tienen muy claro, eso es lo que explica el escándalo que están armando desde El Mercurio, Sonapesca –la gremial de los pesqueros industriales- la Derecha Política o el sector reaccionario de la élite DC, capitaneada hoy por el clan Walker. Alegan que la nulidad destruye el Estado de Derecho y que su sola discusión convierta a Chile en una suerte de caricatura “bananera”…. ¡Mienten para preservar sus privilegios!

Sin democracia no hay Estado de Derecho

El Estado de Derecho sólo puede ser fruto de un Pacto Social, en el que como sociedad definimos caminos e instrumentos para determinar reglas comunes y aceptadas. Lo que diferencia las democracias de las dictaduras, las tiranías o los regímenes totalitarios, no es la existencia de un cuerpo de normas y de autoridades, sino la legitimidad de éstas. En otras palabras, no puede haber Estado de Derecho sin legitimidad y la legitimidad de la norma no puede entenderse sin democracia y sin probidad. En este caso, en la Ley de Pesca estamos frente a un sistema oligárquico, dónde un grupo de poderosos erige normas en beneficio de sí mismos, saltándose incluso su propia legalidad, como el deber del legislador de velar por el bien público y no el privado.

Muy por el contrario, la anulación de la Ley de Pesca en un paso indispensable para restaurar el Estado de Derecho en nuestro país, al dejar sin efecto una norma ilegítima de origen y abrir el espacio para iniciar un debate democrático sobre el destino de los recursos marinos de la patria.

Si el proceso quedara trunco, sería la reafirmación de lo que muchos piensan hoy, que nuestro país es hace mucho tiempo una “República Bananera”, que no alcanza siquiera para capitalismo, en donde la oligarquía local ostenta dicha posición de privilegio por la captura que ha hecho del Estado y a través de él -ya sea a manu militare o mediante chapuzas legales- se ha apropiado de las riquezas que son patrimonio de todos los chilenos, como el mar, el cobre, los bosques y nuestros ahorros previsionales, entre otros.

Pero quienes hoy reclaman a favor de las “seguridades jurídicas” que requiere la inversión para sustentar leyes espurias como la “Longueira”, deben saber que la historia muestra que las normas o regímenes ilegítimos, por mucha fuerza que ostenten, al final siempre terminan cayendo. Chile requiere una ley aceptada por la sociedad, sólo así habrá seguridades para la inversión. Mantener este adefesio jurídico es apostar por un gigante con pies de barro.

Que el pueblo decida

Finalmente, este episodio nos lleva a una reflexión mayor: avanzar más decididamente en la democratización de unas instituciones moldeadas por la dictadura cívico-militar de Pinochet. El que se aprobara una ley en 2012 que regala a 7 familias el mar de Chile, sólo es posible en los estrechos marcos de nuestra “democracia protegida”. Llegó el tiempo que los pueblos de Chile tengan mayor protagonismo en la definición de las normas que van a regirles. El fin al sistema binominal fue un gran paso, pero es necesario ser más audaz. ¿Cómo es posible que Tarapacá no pueda destituir a un senador que trabajó al servicio de los intereses de las pesqueras como Orpis?; ¿cómo es posible que un 89% de los ciudadanos piense que la Ley de Pesca es ilegítima y que debe ser derogada y sin embargo se mantenga en pie?

Es necesario plantearnos medidas que restrinjan la discrecionalidad con que actúan las autoridades representativas. El pueblo debe ser siempre un actor vigilante en los destinos del país. Son necesarias medidas como la revocabilidad de los mandatos –que existe en muchos países del mundo- o las iniciativas populares de ley. En este caso en particular, si el Congreso carece de la honradez o del coraje para legislar en favor de los intereses de la patria, que sea el pueblo el que se pronuncie, el verdadero soberano, mediante plebiscito. Llegó el momento de abrir las puertas de la democracia para Chile, lo que no es sólo un mandato ético, es también un requisito de supervivencia. Si permitimos que estas tierras sigan capturadas por un puñado de oligarcas rapaces, ya no habrá nada con que construir un futuro para nosotros y nuestros hijos.

 

 

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