¿Qué haremos con la destrucción de barrio El Morro?

 

Calle Pedro Lagos 875 -pleno barrio El Morro- tiene muchas historias y en ella vivieron personajes notables. En 1920, cuando aún no cumplía doce años, residió en ella junto a su padre (notario y político), Salvador Allende. No hay mucha información al respecto, pero se sabe que el padre del que sería Presidente de la República, llegó a este puerto vía Tacna, donde cumplió labores gubernamentales. La familia Allende Gossens sólo vivió unos meses en Iquique.

Otro notable que vivió en esta ciudad es el ya fallecido poeta Gonzalo Rojas, quien llegó a Iquique desde Lebu en 1935, y está considerado uno de los más grandes vates en lengua española del siglo 20. Estudió en el legendario Liceo de Hombres el quinto de humanidades. Rojas era sobrino de las hermanas Rojas Villalón.  Una de ellas, Josefina, era la inspectora general del Liceo de Niñas de Iquique, y Berta, profesora del kindergarten del Liceo de Niñas. Gonzalo vivió en Iquique con estas tías, quienes en su residencia mantenían un internado femenino. ¿Dónde era la casona? Pedro Lagos 875.

Entendiendo esto, resulta incomprensible que en enero del año pasado, esta casona haya sido demolida para convertirla en estacionamiento. Pero el asunto ha sido peor. Ni siquiera hay estacionamiento -el municipio prohibió su construcción-, sólo un portón que mantiene el signo de “No estacionar”, y un poco más allá las dependencias están transformadas en peligrosos conventillos sin seguridad. Más hacia el sur está el Teatro Veteranos del ’79, en cuya parte trasera se erigió un terreno baldío cerrado, que en su interior es un basural. Lo más penoso de todo es que estos terrenos no están bajo protección patrimonial alguna. Simplemente, acabarán por desaparecer.

En este contexto, resulta interesante contar la historia de barrio El Morro.

 

El origen de una ciudad

         En El Morro tiene su origen la ciudad de Iquique. Así lo señala el libro “Iquique de antaño: su barrio y su gente”, de Manuel Álvarez Font y la Junta Vecinal N° 14 “Playa Brava”. De hecho, la población más antigua de la ciudad se extendió entre calles Thompson por el norte, Zeggers por el sur, el borde costero por el este y Aníbal Pinto por el sur.

Se tiene certeza histórica que los primeros habitantes de esta zona fueron pescadores changos, que como sabemos pescaban en balsas de cuero de lobo marino. Se radicaban exactamente en las orillas del sector norte, zona que hoy es el conocido barrio El Morro. Con el tiempo estos asentamientos se extendieron a la península de Cavancha.

Las primeras casas de El Morro se levantaron sobre un montículo redondo y aislado que sobresalía en el borde costero. Se trataba de la primera caleta de pescadores, que funcionó en la bahía donde se inicia calle Thompson. Para embarcarse en la caleta, los pescadores entraban a los terrenos en que posteriormente la sala de máquinas de la compañía de gas y alumbrado. Dos caletas operaban en la zona: la llamada “Molino Flores” y la “Bargman. También el barrio se levantó una de las primeras fábricas de medias y calcetines del país.

Con los años diversas empresas y comercios empezaron a operar allí, debido a la alta concentración poblacional.

Hoy por hoy, el municipio de Iquique tiene su sede, y una cantidad no menor de restoranes y pubs se han instalado. Un tradicional local es el bar grill “Curupucho”, cuyo nombre recuerda el vocablo quechua que designaba la parte más alta de un montículo; es decir, designaba un morro, el barrio El Morro.

Hoy este sector es uno de los barrios más populares de Iquique, y así como por una parte se emplazan proyectos para preservar su patrimonio, por otra el mercado y la negligencia hacen de las suyas.

 

Proteger lo nuestro

         El arquitecto René Mancilla, que conoce de cerca la experiencia patrimonial de México, pues tiene estudios allá, afirma enfáticamente que la realidad es que en Chile en general e Iquique en particular, la protección al patrimonio deja mucho que desear. Señala que “lo único que está protegido por ley es la Zona Típica de calle Baquedano y Plaza Prat, y los monumentos nacionales. A pesar de ello, de igual forma no se respetan ni se protegen. Por ejemplo, la Plaza Prat fue destruida y transformada en estacionamiento. En calle Baquedano no existe ninguna red de agua para los incendios, no existe ninguna inspección al sistema eléctrico de los pub y restaurante instalados, ni tampoco a la forma en que se construye respecto al respecto por estilo arquitectónico”.

Enfatiza sobre algunos puntos que necesarios para proteger el patrimonio. Apuesta por educar a la población, y abrir cátedras universitarias sobre patrimonio. Además, explica que se deben hacer respetar los instrumentos de protección, como la declaratoria de Zona Típica y Monumento Histórico, y cambiar el plano regulador de hace 25 años, donde prácticamente, “se puede hacer cualquier cosa”. Finalmente, cree en un gran acuerdo para salvaguardar el patrimonio.

El arquitecto Francisco Martínez, que vivió muchos años en El Morro, expresa que “la conservación del patrimonio implica que éste no tiene que estar modificado, estático bajo preceptos intocables de preservación. El patrimonio debe ser enfocado en una estrategia que involucra uso, y es el uso el que lo mantiene activo y participante de un encuentro social y ciudadano”. Añade que “por tanto, las políticas construidas por las instituciones deben enfocarse en apropiarse y destinar  programas y equipamientos a la comunidad”.

Sobre la casona de Pedro Lagos y la parte trasera del teatro citado, explica que “nada se puede hacer. El dueño quiere ganar dinero, y la autoridad se desentiende”.

El Independiente.

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