Tras el golpe a nuevas fuerzas politicas: federación o idiotez

Por Esteban Valenzuela

Peor que la dictadura, ya que en el 1987 la DC, el PR y el PPD pudieron juntar las firmas (0.5 de los inscritos) en la calle y llevárselas al notario, sacar 5% o elegir un diputado para sobrevivir como partido. En cambio, el duopolio Concertación-Alianza (no existe la Nueva mayoría ni una derecha renovada) no quiso adoptar las sugerencias de probidad para sus padrones y elecciones, pero se cargó la “primavera” de fuerzas territoriales, mapuche y “juveniles” que buscan ampliar la representación.

La dureza de los partidos “grandes” de la Nueva Mayoría y la derecha conservadora (UDI y RN) contra las fuerzas emergentes es grotesca y ha tenido como aliado el casi consenso de los analistas del país, incluyendo conspicuos que hablan de calidad de la democracia y hacen gárgaras de participación, pero vieron fantasmas de clientelismos de los eventuales “partidos chicos” sin denunciar el sistema de control y brokers de las superlativas redes de poder de los parlamentarios oficialistas ligados a los grupos que dominan el control de los partidos. Sería pecaminoso que un parlamentario de la Patagonia pida mantener medidas en favor de las zonas extremas o que el norte exija recuperar la coparticipación en la renta minera, pero sí es legítimo que la DC pida la mitad de los directorios de las empresas públicas, el PS las intendencias donde están sus parlamentarios influyentes en la comisión política o el PPD la influencia en el complejo médico-farmacéutico generoso en aportes anónimos.

El descalabro de los partidos nacionales en varios países no tiene que ver con el sistema, sino con el descrédito de dichos partidos (lo ocurrido en España y Grecia, en Perú y Colombia en A. Latina) ante su oligarquización en redes con los negocios e ineficacia para impulsar reformas con pacto social.

La promesa incumplida a las regiones

Hay crueldad cuando seis meses antes los mismos parlamentarios que elevaron las exigencias a nuevos partidos votaron en favor de simplificar para asegurarse un cambio del binominal, aumentando los cupos para sus intereses de perpetuidad. Recordemos que Bachelet prometió en junio del 2013 la existencia en Chile de partidos regionales en el encuentro regionalista en el ex Congreso Nacional. Luego Peñailillo pactó el fin del binominal y el apoyo a otras reformas con los independientes de centroizquierda (Mirosevic, Boric, Jackson, Sepúlveda) y los grupos de centro derecha liberal (Lily Pérez, Godoy), el verde regionalista Horvath y los independientes Araya, Guillier y Bianchi. Punto básico con estos fue evitar barreras de entradas al sistema y se aprobó la ley que permitía partidos en una región con el 0.25 de los votantes en la última elección.

El partido del orden, con el socialista Andrade y la directiva DC como guaripolas, se olvidaron de lo prometido en campaña y votado pocos meses antes y así empujaron que se repusiera el tener que juntar un 0.5 firmado “ante notario y con huella digital”, estar en tres regiones y tener cuatro diputados para existir, además de obtener el 5% de los votos.

El ministro Burgos no veta y deja actuar a la Concertación; la SEGPRES preparó las minutas del holocausto de los partidos si democratizaban la representación, Maldonado de la DC, el subsecretario PS Aleuy hizo las simulaciones de la ingeniería electoral, Pamela Figueroa y Pepe Auth del PPD coincidieron en la grave amenaza que se venía, se afilaron los cuchillos y la guillotina. Los que se remontan a un arcoíris de 17 partidos en la lucha contra la dictadura leyeron diccionarios de politólogos liberales del orden y prepararon el golpe. Los coroneles de la UDI y RN aplaudieron de pie. El “segundo piso” no opinó porque su tiempo es venidero, la consulta constituyente. La Presidenta pareciera que abdica y olvida sus palabras, pero sigue allí y quizás no se lave las manos.

La incongruencia histórica es evidente: la DC no hubiese existido como Falange, que tuvo menos de cuatro diputados, ni el Partido Obrero Socialista de Recabarren, ni el P. Socialista Popular que se negó a apoyar a Ibáñez, ni el PR quizás en la próxima elección, ni Evópoli (menos ahora sin el flujo mayor de recursos de Penta), ni menos el PRI, aunque Piñera sea generoso.

Desde el 2000 en las regiones extremas casi no existen la Concertación y la derecha tradicional, ganando muchos independientes en las municipales y parte de las parlamentarias. Las nuevas fuerzas ya están, con o sin ley, de Mirosevic y Esteban Velásquez en el Norte a Bianchi, Horvath y Boric en el austro.

Facilitar los partidos regionales es clave de las mejores democracias del mundo para ampliar la ciudadanía, crear plataformas como las grandes democracias consociativas (Bélgica), las proporcionales corregidas que tienen normas para evitar la hiperfragmentación nacional pero sí lo permiten a nivel regional (Alemania, México) o las democracias latinoamericanas con tradición federal (Argentina) o de neorregionalismo (Perú).

Se rasgan vestiduras pidiendo terminar con discriminaciones y facilitar leyes de cuotas, pero con estas restricciones se impide que nazca el Partido Walmapuwen en La Araucanía y se alejan los caminos políticos de empoderamiento de “los que habitan el territorio”. Seguirá el clientelismo y el poder de los fácticos.

Los propios grandes partidos son federaciones de grupos regionales, como la propia DC alemana (y su anexo bávaro), los diversos grupos agrarios y ecologistas postmarxistas que crearon Los Verdes, los socialistas federados en Alemania, la experiencia de las fuerzas emergentes Podemos y Ciudadanos.

La hoguera de vanidades y el fraccionalismo:

La historia puede redimir a los opresores por el efecto dialéctico. La historia y la política son siempre presente. Izquierda Autónoma no puede “pasar” en esta municipal con su discurso en favor de la transformación de los territorios (no es muy revolucionario omitirse), RD conoce lo difícil de juntar firmas, el PH y el MAS saben de su poder como partidos y su influencia aislada, el PRO conoce de “casi” elegir y no lograrlo, los ecologistas miran con admiración (y envidia) la capacidad de poder y consecuencia de los verdes alemanes, los partidos regionales van entendiendo que deben aprender de los mapuches, que en sus victorias dejaban lo comunitario y se federaban para dar batalla. Lo saben Sfeir, Max Neef, Arrate… también lo vive Meo en la asimetría de trato y Guillier que vive semiatrapado entre los partidos grandes.

Los federalistas, como lo recordamos con Edison Ortiz en la revista Historia de la U. de Chile, fracasaron en el siglo XIX entre la cooptación que vivió Matta y León Gallo (los revolucionarios constituyentes y exiliados de 1859) y la marginalidad intelectual de José Miguel Infante con la “línea correcta” en Valdiviano Federal, pero reprimido, minorizado por la era portaliana, cansado para crear fuerza política. La dispersión de las fuerzas reconstituyentes es una irresponsabilidad en el siglo XXI.

Hay programa común para hacer la Federación

Si se crea la Federación el ciclo de reformas crecerá en Chile, habrá Asamblea Constituyente y se podrá contar con gestiones municipales/regionales transformadoras y participativas y se obtendrá una verdadera bancada por la Nueva Constitución y no un coro de mentirosos que dicen algo y después traban todo proceso. La plataforma es simple, reconstituyente y posible:

a.- Solidaridad estructural llegando a una carga fiscal del 30% con pago de las grandes empresas, evitar exenciones grotescas, así como privilegios militares y de corporaciones extranjeras.

b.- Reindustrialización con apoyo a un modelo sustentable superando el neoliberalismo extractivista

c.- Austeridad de las élites, rebaja de 50% de salarios ministeriales, directivos de empresas públicas y parlamentarios (Congreso Unicameral de solo 100 miembros, entre otras propuestas).

d.- Recuperación de los recursos nacionales con control social y público.

e.- Transformaciones con impactos en servicios a los ciudadanos y no por la vía de multiplicar instituciones públicas paralelas.

f.- Poder regional e indígena para empoderar a los territorios y crear policentralidad con festejo de la diversidad

g.- Acuerdos de suma positiva con países vecinos, velando por el interés nacional estratégico

h.- Estilo horizontal participativo: fraternidad, debate, colegiatura, rotación de cargos, primarias, sencillez.

La organización es más importante que los liderazgos y las ideas. La historia lo demuestra o, mejor dicho, para que las ideas se hagan con liderazgos consecuentes, se requiere una organización sin dueño. Eso es el Frente Amplio en Uruguay y los Verdes alemanes. Veremos si se impone la marginalidad, el tiempo “venidero” (la antipolítica) o nace lo nuevo que ya está pero no se ha articulado en un instrumento común.

Fuente: ElMostrador

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