Chilenas de importación

Tres pequeñas deportistas cuentan los días para ponerse la camiseta nacional. Tenían un problema: no nacieron en Chile, pero ahora, tras años de espera, tendrán sus documentos gracias a la nueva ley de nacionalización.

 

El reloj no marca aún las 7 de la mañana en la comuna de Peñalolén. Un tímido sol asoma tras las nubes en la capital de Chile. Dos hermanas caminan junto a su padre al paradero para dirigirse a una nueva jornada de entrenamiento. Luego de un viaje en micro por avenida Grecia, la familia llega a su destino. Frente a ellos, un gran edificio azul se levanta al costado del Estadio Nacional. Un enorme letrero con las siglas CAR (Centro de Alto Rendimiento) los saluda en su llegada. Son las 8.30, las pequeñas Zoe (12) y Britanny (13) Quiñones, con sus trajes para el judo, ya comienzan la práctica. La primera del día.

Mientras estas dos hermanas de origen venezolano entrenan su deporte, a casi 10 kilómetros de distancia, en San Miguel, Stephania Guessi (13) comienza a practicar tenis de mesa en el Gimnasio Olímpico de la comuna. Al igual que las hermanas Quiñones, la tenismesista es entrenada por su padre.

Stephania nació en Paraguay y llegó a Chile a los cuatro años. Motivada por su hermano, comenzó a practicar tenis de mesa en San Miguel y rápidamente consiguió un gran nivel como jugadora. Desde muy pequeña logró adjudicarse medallas. Vive hace nueve años en nuestro país y se siente tan chilena como sus compañeros de entrenamiento. Sin embargo, lleva una gran pena: no puede representar a la Selección por una traba en la ley de nacionalización.

Estas tres pequeñas deportistas viven con el mismo sentimiento de tristeza, sin embargo, con el cambio de la ley (ver Para Entender) podrán ser chilenas y así representar la camiseta que durante tantos años han soñado con vestir. “Me dio emoción el día que me dijeron que podría representar a Chile”, dice Stephania.

El sueño de los papeles

Son las 16.30 y las hermanas Quiñones afrontan el segundo entrenamiento del día. Bajan las escaleras, se cambian, se calzan sus judogis y comienza la preparación.

Dos salas más a la derecha, después de la que utilizan para esgrima, está Stephania Guessi junto a otros 19 jugadores de tenis de mesa, preparándose para convertirse en los representantes de Chile en los Juegos Olímpicos de la Juventud. La emoción la embarga. Ella quiere ser chilena, defender a la Selección, pero el 29 de mayo se acabará esta larga espera. Cuando cumpla 14 años, de paraguaya pasará a ser chilena y podrá representar al país que, según explica ella, la formó deportivamente.

Britanny Quiñones, la mayor de las hermanas, también está a la espera de sus papeles. Visiblemente emocionada cuenta los días para que llegue mayo. “Mi sueño como deportistas es competir por Chile”, dice la judoca.

Entre colegios y medallas

Esteban Araya, sensei de judo, estaba viendo cómo entrenaban distintos judocas en Santiago. Un día se encontró con dos hermanas que lo deslumbraron por sus habilidades. Ya van dos años de desarrollo en el CEO, con Araya a la cabeza.

En un deporte donde la disciplina es esencial, ambas hermanas compatibilizan sus horas de estudio y de entrenamientos para lograr llegar a lo más alto en ambos frentes.

Durante sus vacaciones, Stephania entrena en doble turno, mañana y tarde. En la época de clases, sus padres la invitan a terminar sus tareas primero, para luego partir a entrenar. Esta es una rutina que se da a diario, ahí comienzan las complicaciones de los deportistas, la dificultad para compatibilizar sus estudios y el deporte que tantas alegrías les entrega.

El apoyo de la familia en esta etapa es esencial para el padre de Stephania. En los colegios les entregan facilidades para rendir exámenes o pruebas. La reprogramación de fechas es pan de cada día.

Las campeonas del futuro

Aunque son muy jóvenes, apuntan alto. Las tres no dudan en lo que esperan lograr en el futuro. Ser las mejores y volver al país con medallas, coronas y copas.

Stephania quiere competir en los JJ.OO., los Juegos Latinos y vencer en ambos. Zoe, la más pequeña de las judocas, es categórica, quiere continuar en el deporte y no rendirse jamás. Muchas diferencias no existen entre las hermanas, ambas quieren llegar a la excelencia. Britanny sonríe y se sonroja al responder: “Quiero seguir compitiendo, entrenando y ser la mejor”.

 

Fuente: La Tercera

 

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