El Teatro Municipal de Iquique: Un Gran Tesoro

 

Se ha discutido mucho sobre la restauración, rehabilitación y refacción del Teatro Municipal de Iquique, pero nada o casi nada se sabe sobre su historia, que ha sido muda testigo sobre los devenires de este puerto.

Los textos que han referido la historia de este teatro son bastantes, sin embargo pocos han sido rigurosos. Sin duda, el más pormenorizado es el de la historiadora Orietta Ojeda, que con su Teatro Municipal de Iquique: un encuentro con su historia, ha marcado el punto más alto a la hora de conocer la “biografía” de la elegante e inmensa dependencia cultural y artística.

Hay unos cuantos textos que hablan que antes de ubicarse en Plaza Prat, el Teatro Municipal estaba emplazado donde ahora está Correos de Chile, pero es imposible recabar antecedentes más precisos al respecto. Lo que sí es claro, es que en las postrimerías del siglo 19 el Teatro Municipal estaba ubicado en la esquina sur-poniente de la Plaza Prat, en la antigua iglesia parroquial. Dos incendios destruyeron las dependencias: en 1873 y 1875.

Hacia 1886, las autoridades -ya chilenas- querían un Teatro Municipal, fieles al espíritu de la época, dado a los grandes espectáculos “a la europea”. Un año después, se publicaron las “Bases jenerales para la construcción de un Teatro Municipal de Iquique”. En estas bases, se definieron, entre otras cosas, que la platea daría cabida a 300 personas (el total de espectadores podía llegar a más de dos mil personas), y que las tarifas de entrada variarían según la ubicación.

El contrato de construcción se firma el 29 de noviembre de 1888. Los encargados de la construcción fueron los hermanos Sebastián y Cristóbal Soler; los planos los elaboraron los hermanos Bliederhausen, de Valparaíso.

Finalmente el teatro fue inaugurado el sábado 21 de diciembre de 1889. La jornada contemplaba la inauguración misma y la presentación de la compañía lírica italiana Grani. Durante décadas las presentaciones se iniciaban a las 20:30 horas.

Siglo 20

El libro de Ojeda señala que a inicios del siglo 20, se consignaba que la afluencia de espectadores era escasa, y que la prensa señalaba que “el público de Iquique no es público para drama”.

Por esas fechas también se usaban las dependencias del teatro con fines comunitarios, como reuniones políticas y asambleas. Y fue también en estas fechas cuando se exhiben imágenes a través del cineoptígrafo, antecedente del cinematógrafo.

Lo anterior no es baladí, puesto que hacia 1924, el teatro es también cine; tanto así que en 1925 al teatro se le llama además, cine. De hecho, se exhibió con éxito “El regreso triunfal del Presidente Alessandri”.

Desde la década del treinta en adelante, el Teatro Municipal de Iquique conoce diversos momentos: desde la casi nula actividad debido a la crisis salitrera, hasta la profusa presentación de sainetes, operas, artistas de diversos orden, films, visitas ilustres y reuniones políticas. Se presentó Silvia Piñeiro y otras actrices y actores de renombre de la escena nacional. Fue una buena época del teatro.

En 1971, en pleno apogeo de la UP, hubo un festival de cine realizado en colaboración con el cine Délfico, y apoyado por Chile Films. También hubo un espectáculo de danza realizado por el Ballet de Cámara de la Universidad del Norte, y la presentación del Coro de Iquique. También empezaron a efectuar graduaciones de colegios y liceos.

Desde fines de la década de los ochenta, empezó una franca decadencia, debido a los procesos de restauración (aunque en estricto rigor la primera intervención técnica fue en 1970). En 1988 hubo un incendió, que consumió parte del costado de la calle Baquedano. La sala se cerró en 2005, y de ahí en adelante, sólo se habla de cifras, supervisiones técnicas y fondos gubernamentales. Nada de arte, en circunstancias que se considera que este teatro tiene una de las mejores acústicas de las salas nacionales.

La primavera desaparecida

Cualquier persona que haya subido la vista desde la entrada del teatro, podrá ver que falta una de las figuras que representan las cuatro estaciones: falta la primavera. Un día desapareció, simplemente, y en su lugar quedó el espacio donde estaba, vacío. Se extravió o fue robado en algún momento entre el año dos mil y el dos mil cinco. Nadie sabe nada. Se dice que algunas de las cientos de personas que trabajaron en la restauración podrían ser las responsables, o algún desquiciado con ínfulas de artistas. Lo único cierto es que a la fecha aún está la primavera desaparecida. La pregunta que se hace todo el mundo es en qué lugar estará, o en qué casa, y en qué condiciones. Es difícil imaginársela en un living, o una habitación de Iquique, porque esto es, al parecer, lo único seguro: está en Iquique, porque, ¿cómo la podría haber sacado de la ciudad el ladrón? Puede que la hayan sacado de la zona, pero no debe haber sido poco trabajo. Habría que echar a volar la imaginación.

Por : El Independiente

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