“Es difícil sostener la idea de la democratización de Twitter”

El investigador Ernesto Calvo explica como opera la batalla política en las redes sociales.

Twitter intensifica y moviliza. Refleja aunque también exacerba la actual polarización política que se vive en la Argentina, a nivel político y socio-cultural. Una grieta que tiene su correlato –y es promovida– en las coberturas de los medios masivos de comunicación. Este comportamiento de la red Twitter es analizado por Ernesto Calvo, politólogo argentino y profesor en la Universidad de Maryland, en su reciente libro Anatomía política de Twitter en Argentina, tuiteando #Nisman (Capital Intelectual).

–¿Es posible echar por tierra el mito de la democratización del flujo de información promovido por las redes sociales, fundamentalmente en el caso de Twitter?

–El motivo por el cual es tan difícil sostener la idea de la democratización de Twitter es que, mientras la mayoría de la gente piensa que los diálogos que se producen en este tipo de redes sociales están en permanente cambio y que siempre hay nuevas redes con nuevos actores que entran y otros que salen, vemos que el grupo que está en diálogo es muy estable y permanente. Lo que hacemos es simplemente dejar que los diálogos en red activen zonas; ciertos diálogos y ciertas palabras clave activan determinadas zonas de la red, pero como ésta también es muy estable está más conectada por ciertos actores que tienen un peso mayor.

–¿Cómo logra consolidarse esa estabilidad en una red definida como una “entidad jerárquica dominada por pocos actores”, según afirma en su libro Anatomía política de Twitter en Argentina?

–En las redes sociales, los amigos de mis amigos tienen más amigos que yo. En todas las redes que son jerárquicas, hay ciertos individuos que son muy activos, por ello todos los demás están conectados a esos individuos. Dado que esos individuos están siempre conectados, esa red se mantiene muy estable. Las comunicaciones que se producen están permanentemente rebotando por esos actores y allí se concentra la información.

–¿Cómo es posible medir esa jerarquía en Twitter?

–El nivel de concentración de la red se observa al medir en qué medida los amigos que yo tengo tienen más amigos sciolistas que los amigos sciolistas que yo tengo. Al mismo tiempo, los amigos macristas tienen más amigos macristas que yo, porque todo el tiempo la red está subiendo los actores políticos que están más conectados, que son además actores socialmente de peso.

–Es decir que la red, más allá de volverlos importantes, reproduce un peso social que ya tienen.

–Claro. Sobre esa red que le da voz a gente que ya es importante empiezan a aparecer algunos actores de ocasión, como blogueros o gente que de pronto queda montada sobre esas redes y que son retuiteadas y que, por lo tanto, empiezan a crecer como si fueran medios propios, como si fuera un diario o una radio. Son actores que empiezan a ascender pero una vez que ascienden, las conexiones que ellos generan también son estables. Al crecer, la red va incorporando a personas que empiezan a repetir ciertas áreas de información y quedan ubicadas en la red cerca de otras personas de manera que vuelve a estabilizarse. Al principio, la red de Twitter mutaba más rápidamente; la red que yo veía hace un año, cuando irrumpió el caso #Nisman, era muy parecida a la que veo hoy.

–¿En qué medida la red #Nisman, que usted ha estudiado, evidencia la polarización político-social que existe en la Argentina?

–Nisman permitió que esta red, que ya estaba conformada y era bastante activa, llegara a la madurez. La explosión de información que hubo allí consolidó vínculos, polarizó y estabilizó justo antes de que empezara la televisión. Por un lado, la red mostraba muy bien la polarización que se estaba estructurando a nivel mediático. Por otro lado, era como la hoguera de las vanidades: un caso que ejemplificaba cómo se operaba en Twitter y qué tipo de actores empezaban a ganar relevancia.

–Unas de las conclusiones a las que llega en el libro es que, al fin de cuentas, todas las redes son #Nisman.

–Cuando uno ve la red del caso #Nisman y va viendo todas las redes durante el proceso electoral, hasta el final de la campaña, los actores y sus posiciones permanecen muy estables. Se producen algunos cambios, como el caso de @elkaiser63 que pasó de estar más cerca del gobierno y se movió hacia el lado de la oposición.

–¿Por qué?

–Porque siempre está rotando en la periferia de la red política y va tomando distintas posiciones. A diferencia de algunos actores que estaban en un campo u otro, hay ciertos blogueros que cortan transversalmente y que activan partes de toda la red.

–¿Esos casos son los que en el libro usted define como “operadores”?

–No, los operadores serían los trolls. Son actores que, en lugar de intentar ser más importantes, populares y transmitir contenido, producen reacciones políticas, galvanizan la política, transmiten información falsa, expulsan a ciertos actores de una parte de la red… “prenden fuego” la red.

–¿Estos operadores están conectados con actores políticos?

–Algunos sí, otros no. En el caso de la red de Nisman había algunos actores como el “falso fiscal Nisman”, una identidad falsa creada en alguna intersección entre la derecha venezolana y la derecha argentina, que tenía objetivos de intervención política bastante claras. Mucho de ese sector lo estamos viendo en el caso de Dilma, en Brasil.

–¿Qué han observado, concretamente, en el caso de la presidenta Dilma Rousseff?

–En el caso de Dilma, hay una parte de la derecha venezolana que la habíamos detectado en el caso de Bachelet y en Argentina. Hay un grupo de operadores profesionales que están operando regionalmente y eso se observa. También hay muchos que son locales, donde la red crece rápidamente y los discursos se propagan bien. Estos operadores, identidades falsas, tienen impacto pero están por fuera del nudo duro de la red opositora del caso Nisman, donde uno tiene cuentas como Lilita Carrió, como La Nación, Clarín, actores políticos que tiene peso a nivel local. Esas identidades falsas que conectan varios países tienen intervenciones que son llamativas; de pronto algunas cosas se propagan, algunos tuits, pero no diría que pueden estar todo el tiempo adentro y participar. Suelen entrar ocasionalmente; no son seguidas por mucha gente, pero de pronto se vuelven importantes y gente de adentro los retuitea.

–¿La función de estos actores es prender fuego la red?

–La función es polarizar, galvanizar y construir operaciones que son intervenciones políticas. En Dilma hay muchas diferencias, estamos midiendo los hashtags para ver cómo se propagan.

–¿En qué se traducen esas diferencias?

–Son distintos grupos que están tratando de promover esos hashtag y uno ve que se propagan de modo diferente; los que vienen de afuera no logran crecer mucho. Esto también lo habíamos notado aquí, cuando vinieron las inundaciones hubo una crítica muy fuerte al sciolismo. En realidad, la crítica en Twitter se mantuvo en el circuito vinculado con la oposición, no logró pasar al otro grupo. Este tipo de operaciones que tratan de galvanizar las redes, como en el caso de la identidad falsa de Nisman, no duran mucho, no logran penetrar salvo que alguien de adentro de la red, que provenga de la zona más central, lo tome a su cuenta y ahí sí se disemina.

–En términos políticos, ¿qué papel juega el armado de estas comunidades que no son permeables?

–Como la información no circula de una parte de la red hacia la otra, movilizan a los actores pero no convencen…

–No producen conversiones en las opiniones, digamos.

–Exactamente. No generan conversiones porque no van al otro grupo, entonces lo que hacen es intensificar y movilizar a la red propia. La gente dice: “es una cámara de eco”, porque el mensaje que yo tiro a la red es un mensaje muy similar al que regresa. Lo interesante es que la gente piense que es una cámara de eco porque viene un mensaje, pero en realidad te vienen veinte razones por las cuales tenés razón, no una. No es que es una cámara de eco que repite exactamente lo que yo tiré; repite con distintas argumentaciones por qué tenés razón, por lo cual valida de muchas formas el que haya mucha información que demuestra que estás en lo correcto. Eso hace que uno se vuelva más intenso en su percepción de amenaza y más dispuesto a movilizarse, entonces el efecto movilizador de las redes es mucho mayor que el del conocimiento.

–Frente a esta función de consolidación de ideas previas, ¿cree que la red posee mayor capacidad de movilización que la información que circula en medios masivos?

–Sí. No tanto por cómo se distribuye la información, sino por cómo alcanza al grupo. Los medios masivos, en general, no pueden producir el mismo tipo de respuesta afectiva. Los mensajes no son una comunicación denotada, sin segundos mensajes, sin un intento de contactar afectivamente. Los mensajes que logran ser exitosos en Twitter son los que producen respuestas irónicas, indignación, humor, enojo, y le permite a un tuit propagarse rápidamente. Es raro que una nota de La Nación, de Clarín, de Página/12, de cualquier diario, produzca ese tipo de efecto. Rudy & Paz propone ese tipo de contenido. Algunos de los chistes políticos tienen la capacidad de producir este tipo de reacción afectiva, que forma comunidades. En el espacio de Twitter no hay argumentos deductivos que convencen por la solidez que tienen al expresarse, en general lo hacen porque tienen capital emotivo que les permite reproducirse. Los medios tradicionales no pueden lograr eso.

–¿Qué tipo de relación observa entre la información que circula en los medios tradicionales y las redes sociales? Más precisamente, ¿el hecho de que en una cuenta de Twitter se cite información de un medio masivo significa necesariamente que uno asuma un efecto de agenda por parte de dicho medio masivo?

–Twitter permite distinguir si uno está retuiteando o si está cambiando, es decir, si lo agrega como un mensaje interno a otro. Lo que se retuitea, en general, no es modificado. Por otro lado, aun cuando uno tiene una fracción de retuiteos irónicos, como las redes son estables, el grueso de la transmisión está dado por el retuiteo de información de pares con los que uno acuerda. En algún sentido, importa menos la información trasmitida que las redes estables que la transmiten. Siempre se ve a la misma gente y por eso las redes son estables, sino estaría cambiando cada vez que uno transmite información y es opositor de un modo irónico. De pronto pareciera como si hubiera otra red, pero las redes siempre se parecen a sí mismas.

–Nuevamente, ¿cómo se da la relación entre la información que circula en los medios masivos y la que se transmite en la red?

–Hay mucha identidad.

–Identidad, ¿en qué sentido?

–Identidad en el sentido de que se trasmite información consistente con la brindada por los medios tradicionales. Lo que está ocurriendo ahora –en Nisman ya lo vimos, pero cada vez es más claro– es que los medios tradicionales están dejando de usar el Twitter y las redes sociales como una forma simple de depositar sus noticias y están generando eventos de redes sociales.

–¿Podría dar un ejemplo?

–Uno de los tuits más retuiteados fue el de La Nación, en el que se muestra que mientras todos los diarios están transmitiendo sobre la muerte de Nisman hay un programa de comida en la televisión pública. Ese tuit es irónico y está hecho como un evento de Twitter. Muchos medios de comunicación están integrando sus plataformas web, sus periodistas, y están empezando a producir la data no para un diario sino directamente como herramientas comunicacionales integradas.

–Las encuestas en Twitter, ¿responden a este tipo de comportamiento? ¿Qué función cumplen?

–Ahora se cambió ese dispositivo en Twitter. Una de las opciones es que se pueden agregar imágenes, ubicación y encuesta. Pero hay una diferencia con lo que se hacía antes, y entonces no está sesgada desde el origen.

–¿En qué consistía ese sesgo?

–Antes, una encuesta decía: “si la respuesta es ‘sí’ retuiteá; si la respuesta es no, pone ‘fav’/’me gusta’”. Entonces, la información se propagaba por el retuit. Ahora están las opciones relativas a una encuesta, pero el resultado no es distinto. Lo vimos en el debate presidencial (entre Mauricio Macri y Daniel Scioli). En el debate, ya habían puesto la nueva modalidad de encuesta pero las que hacían los distintos medios estaban muy sesgadas, porque se comunicaban por las mismas redes.

–¿Qué elementos del debate le parecieron demostrativos?

–Infobae, Clarín y La Nación, todos pusieron sus propios tuits. ¿Quién ganó? En lugar de poner: “si te gusta retuiteá y si no te gusta poné ‘fav’”, tenías las dos opciones, lo cual era simétrico y no debía generar sesgo hacia uno u otro. Pero el porcentaje que decía que ganó Macri o Scioli estaba totalmente torcido por la gente que estaba comunicada con las cuentas de los diarios.

–¿Entonces?

–En Infobae, el 90 por ciento de la gente decía que ganó Macri, de manera que el sesgo no se produce mecánicamente como antes, cuando se podía hacer RT y eso se propagaba mientras que FAV no se propagaba, sino que una vez que uno elimina eso de todas formas se produce el efecto de la comunidad. La gente que recibe la encuesta es muy distinta. Ahora que Twitter adaptó eso para evitar que sea usado como encuesta trucha, de todas formas el efecto más importante es el efecto depositario, quién accede a esa encuesta. Twitter muestra la democracia directa como ideal cuando lo que hay son comunidades masivas, entonces es muy difícil alcanzar esa tal democratización porque es difícil escuchar todas las voces, esas voces automáticamente empiezan a ser jerarquizadas y se producen aristocracias en las redes sociales como también en la competencia democrática.

–Si partimos de la hipótesis de que en la Argentina hay una polarización política, en el poder político, en los medios y en la población, ¿en qué medida esa identidad que usted encuentra entre las agendas tradicionales y las redes sociales responde a un efecto de agenda generalizado o a una percepción selectiva de las cuentas de los usuarios que dialogan con los medios tradicionales?

–Sí, absolutamente. La gente no sigue aleatoriamente a La Nación, Clarín o Página/12. Con lo cual, el problema de la disonancia cognitiva aparece inmediatamente cuando uno queda conectado a la web (N. de la R.: Los individuos intentan reducir el exceso de disonancia que genera la yuxtaposición de información contradictoria, eluden los mensajes que ponen en cuestión sus valores y se orientan hacia aquellos que refuerzan conocimientos existentes). Uno puede aceptar uno, dos o tres mensajes con los que no está de acuerdo, pero en el cuarto mensaje uno se desconecta. En las comunidades quedan ubicados los diarios que ya tienen reputación y cuyos mensajes son consistentes con el público, por lo cual hay elementos de efecto de agenda ante la capacidad selectiva de articular esos medios.

–¿Ese comportamiento se da en Argentina o alcanza a otros ámbitos?

–En otros lugares ocurre lo mismo. La diferencia es que, en algunos lugares, hay ciertos medios que están polarizados. Estados Unidos es un lugar donde los medios están muy polarizados, pero hay algunos medios –como el New York Times– que tienden a aparecer en el medio porque sus mensajes circulan para más comunidades. La reputación importa, el mensaje selectivo tiene una parte en la cual hay una afinidad conceptual, ideológica, pero después hay otra que es un efecto reputacional, donde la información que viene de ciertos actores es muy creíble. El efecto reputacional es muy alto y esos actores quedan en el medio de las redes polarizadas.

–¿Por qué?

–Porque es información creíble que es enviada por todas las comunidades, siempre y cuando no produzca inconsistencia con los medios que están en cada uno de los centros. Hay países en los cuales los medios no están polarizados y entonces quedan todos “clavados” en el medio de la red. Lo que observamos en las elecciones de Argentina, cerca de la segunda vuelta, es que ciertos medios, como La Nación, se ubicaron del lado de la oposición, y otros, como Página/12, estaban más cerca del anterior gobierno. Pero también hay ciertos periodistas ubicados donde uno vería “la grieta”, en la parte del centro-abajo.

–¿Qué ocurre con esos periodistas?

–Que si bien son más asiduamente retuiteados por un grupo que por otro, no son absorbidos por una comunidad dado que la otra comunidad todavía esta retuiteando parte de la información que ellos producen. Ese es un efecto de la reputación. Cuando un diario queda muy pegado dentro de una de las redes, también está diciendo que su reputación en la otra comunidad está por el piso.

–Al comienzo de la entrevista, usted dijo que con Twitter se puso de manifiesto una polarización que ya existía en los medios. ¿Cree que la polarización de los medios masivos es causante de la polarización en la red o corren de manera independiente?

–Twitter hace todo más extremo. Si una red que tiene un solo modo, por ejemplo #NiUnaMenos, todo apunta jerárquicamente hacia el centro y queda un grupo mucho más unido de lo que es realmente y menos polarizado de lo que uno vería de otro modo. Como mis amigos tienen más amigos que yo, va subiendo por la red hacia el centro de la red de #NiUnaMenos y la polarización disminuye. En otros casos, si uno tiene dos polos –por ejemplo, en los medios– Clarín y La Nación, por un lado, y Página/12, por otro, los amigos de mis amigos van más cerca de cada uno de los grupos, entonces se va apilando y polarizando más intensamente. Si hay una polarización tenue entre los medios, en Twitter se va a exacerbar.

–En su libro menciona casos de otros países, como la red #Ferguson. ¿Qué encontró en ese estudio?

–El caso Ferguson tenía una red muy dominante de activistas donde se conectaba la mayor parte de la gente y un pequeño grupo muy recalcitrante ligado a la policía. En Dilma, hay cinco redes que estamos viendo bastante bien definidas, los medios que se distribuyen de ellas están más cerca de la oposición y van empujando las redes hacia esos distintos modos. En el caso Nisman, la dirección que había en los medios se exacerba en Twitter, porque va subiendo jerárquicamente hacia uno de los centros de cada una de esas redes. En una carga afectiva, Twitter consolida las comunidades.

–¿La polarización mediática y de las redes es un fenómeno local o lo observa a nivel regional?

–En algunos lugares, sí. En Brasil definitivamente sí, como en Argentina. En Chile, un poco. Vimos algo parecido cuando fue la crisis del gabinete de Bachelet, en el cual los medios ayudaron a la polarización y el grupo que apoyaba, ligado al socialismo, era más chico aunque muy activo y empujó a las comunidades. En estos momentos, hay una comunidad muy recalcitrante de la derecha que estamos viendo en Brasil, en Chile, en Argentina; allí, la derecha venezolana es muy activa.

–¿Cómo logra observar esa actividad de la derecha venezolana?

–Frente a la propagación de varios tuits del caso #Nisman, si uno sigue el hashtag de Irán nota que la comunidad de Venezuela aparece muy definida –ya que fue la que usó el hashtag de Irán– y se evidencia exactamente dónde entra en el debate sobre Nisman. En otros lugares no se observa lo mismo.

–¿En cuáles?

–En México, con Ayotzinapa. La red no se polarizaba. Era una red muy levemente opositora a (Enrique) Peña Nieto, donde el sector más ligado al gobierno no pudo generar una contrared y competir. Frente a eso, intentó enturbiar la red, agregando mucha información para ensuciarla. Hace un par de años, la gente se preguntaba cómo controlar la red, limitando la participación de la red o viendo si había formas de intervenir en Internet para disminuir la circulación. Tanto con Ayotzinapa como con la crisis generada por la designación de su sobrina, Peña Nieto intentó agregar información trivial con el hashtag de Ayotzinapa y de su sobrina y saturar Twitter con ese tipo de información, para que la gente que hacía las búsquedas terminara en información trivial. Si uno recaba los tuits de esa red a partir del tercero o cuarto mes, se encuentra con información trivial, irrelevante que dice: “música, música, música, #Ayotzinapa”.

–¿Qué logros tuvo esa saturación?

–Muy poco, porque como no está conectado a la red, si alguien hace una búsqueda general puede levantar eso pero las comunidades reciben la información de sus comunidades, y éstas no retuiteaban estos hashtag. Ensuciaron la red pero en el lugar donde ensuciaron no había gente.

Fuente: Pag12/ por Natalia Aruguete

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