Firma del TPP: Ante la reafirmación de un modelo fracasado… La urgencia de más y mejor autonomía regional

 

Chile se apronta a la ratificación del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, más conocido como TPP (por sus siglas en inglés). A diferencia de lo que alegan muchos de sus detractores, no implica un cambio significativo en la situación actual del país, dado que los compromisos que supone dicho acuerdo, Chile ya los viene cumpliendo hace tiempo. Todo lo cual quedó cristalizado en el verdadero rosario de TLC´s que nuestro país ha firmado desde la década del ´90, siendo el TLC con EE.UU. y el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, los más significativos. Después de todo, el TPP no es otra cosa que un TLC multilateral y Chile ya tiene TLCs con 7 de los 11 signatarios del grupo. ¿Por qué deberíamos oponernos entonces?, porque reafirma la aplicación de un modelo fracasado, lo que afecta especialmente a regiones mineras como Tarapacá.

Tienen razón quienes alegan que el TPP implica la imposición de los intereses del capital por sobre todo lo demás, no sólo los intereses del trabajo, sino también sobre derechos sociales y culturales, sobre el respeto del medio ambiente, e incluso el derecho a la vida o la privacidad de las personas. Pero el TPP no viene a cambiar nada, sino a reafirmar la estrategia política-económica impuesta por la dictadura en nuestro país a partir de la segunda mitad de la década del ´70, cuando se impone la lógica neoliberal de crecimiento impulsada por los tristemente célebres “Chicago Boys”, proceso que fuera relatado por Joaquín Lavín en un libro de título elocuente: “La Revolución Silenciosa”. Este modelo se tradujo en la renuncia a toda estrategia de desarrollo, el repliegue del Estado, recorte o supresión de derechos sociales, un modelo de democracia restringida, la entrega de las riquezas de Chile a oligarcas locales o al capital transnacional, y una libertad casi absoluta al capital financiero especulativo, que ha sido culpable de las mayores crisis económicas del presente siglo.

Más de lo mismo

Este tipo de acuerdos son denominados “OMC Plus”, porque van más allá incluso que los mandatos liberalizadores que realiza la Organización Mundial de Comercio, abarcando prácticamente todas las áreas económico-institucionales del país. Es así como estos tratados abarcan no sólo el comercio (generalmente con medidas como rebajas arancelarias y eliminación de trabas no arancelarias, como la reglamentación sanitaria, por ejemplo); abracando también las compras públicas (generalmente impidiendo limitando la posibilidad de que el Estado haga política pública con sus compras, con medidas como apoyar a la Pyme, por ejemplo); Propiedad Intelectual y Patentes (un tema sensible son los medicamentos, que no se podrán copiar para producir en forma más barata por los derechos de las farmacéuticas); Derechos de Propiedad (en las que se impide, dificulta o encarece las posibilidades expropiatorias del Estado), y un largo etc. Bueno, todos estos puntos Chile ya los tiene incorporados en su ordenamiento institucional, por lo que el TPP no es más que una reafirmación de lo existente.

En términos productivos, este modelo neoliberal se expresó en el potenciamiento del sector extractivo rentista por sobre el industrial, y en la concentración económica en sectores específicos de materias primas por sobre la diversificación. Hoy, en momentos en que los precios de las materias primas están por los suelos y, peor aún, no se espera que vuelvan a crecer, reafirmar la estrategia primario exportadora por la vía de seguir firmando Tratados de Libre Comercio, bilaterales o multilaterales, resulta en un trágico despropósito. Esto, porque los duros hechos demuestran que los acuerdos de tipo “Norte –Sur” que ha suscrito Chile con las principales potencias industrializadas, tienden a la re-primarización de nuestras economías, por la vía tanto de potenciar la demanda externa por materias primas, como por la vía de abaratar los costos para su explotación, con contratos absolutamente ventajosos para el capital transnacional.

Si Santiago no quiere dar el salto… que deje a Tarapacá hacerlo

Hoy nuestro país se encuentra en la encrucijada: o se sigue hundiendo en la ciénaga del modelo neoliberal primario-exportador o asume el desafío de construir una senda de desarrollo, que supone sofisticación y diversificación productiva, control del capital financiero, creación de una sociedad de derechos y del conocimiento, y expansión y densificación de la democracia. Esto último, exige romper, entre otras estructuras, con los compromisos de los tratados “OMC Plus” contraídos por Chile. Avanzar hacia una “segunda fase exportadora”, caracterizada por la generación de “valor agregado”, requiere abrir nuevos mercados, no ya en las grandes economías industrializadas, sino en los propios mercados de los países vecinos, los únicos en donde existe demanda real por nuestros productos manufacturados. Aquí la clave está en Mercosur, no en el TPP.

Si la crisis de las materias primas, en particular el cobre, está golpeando a Chile entero, es en las regiones mineras, como Tarapacá, donde este impacto se está presentando más agudo. Es aquí donde las regiones resultan víctimas de un doble cepo: el de una política estatal inadecuada, junto a la imposibilidad de rectificarla en función de las realidades locales. A partir de esto surge una reflexión complementaria: la urgencia de la descentralización, que para que sea efectiva debe implicar tanto elección democrática de autoridades, como delegación de competencias y capacidades presupuestarias. Y en este caso en particular, debe implicar mayores facultades de proyección exterior de la región, que puedan traducirse por ejemplo, en acuerdos de integración económica subnacional. Uniones aduaneras regionales, rutas turísticas transfronterizas, acuerdos de complementación industrial, etc. Llegó el tiempo de innovar y  ser audaces, en el actual escenario es preferible equivocarse y rectificar; que quedarse de brazos cruzados y condenarse por la inercia neoliberal de Santiago.

 

 

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