Iquique según Charles Darwin

 

Alguna vez, allá por un 12 de julio de 1835, el importante naturalista inglés Charles Darwin pasó por estas tierras, a bordo del barco H.M.S Beagle, capitaneado por el legendario Robert Fitz Roy (que más adelante se llevó un indígena selknam para Gran Bretaña, para tratar de “adoctrinarlo” y “civilizarlo”, pero aquello es otra historia).

Luego de pernoctar junto a otros ingleses circunspectos pero buenos para el whisky en el barco, Darwin efectuó un detallado análisis y descripción de la región en su libro Journal of research of H.M.S. Beagle. En este sentido, son famosas sus impresiones sobre nuestra ciudad. Se refiere como “pueblo” a este puerto que hoy se jacta de ser casi una megalópolis. Sin duda tenía razón, y hace pensar que a veces tenemos que recuperar la humildad.

Señala el científico: “La costa está formada por una gran muralla de rocas, de más o menos 2.000 pies de altura; el pueblo tiene alrededor de1.000 habitantes, y está en un pequeño plano de arena, a los pies de los cerros… En este clima, una lluvia ligera cae una vez en años… En esta estación del año, un espeso banco de nubes, paralelo al océano, raramente sobrepasa la muralla de rocas en la costa. El aspecto del lugar es desolador; el pequeño puerto, con sus pocos veleros y pequeño grupo de casuchas, se ve sobrepasado y fuera de proporción con el resto del paisaje”.

Llama mucho la atención este pasaje: “Los habitantes viven como en un barco. Todo es traído de otra parte. El agua es traída desde Pisagua, que está a una distancia de 40 millas, y se vende a 9 reales (cuatro chelines y 6 peniques) el barril de 18 galones. Una botella de vino cuesta 3 peniques. De la misma manera se importa todo tipo de alimentos, principalmente de Arica donde hay agua y un fértil valle”.

Quién iría a pensar que Iquique era casi un villorrio: “Por supuesto muy pocos animales pueden mantenerse en tal lugar; yo con dificultad, contraté en la mañana dos mulas y un guía para ir a la pampa salitrera. Pagué libras esterlinas. El salitre es al presente lo que mantiene a Iquique; durante un año se exportó a Francia e Inglaterra, el equivalente a 100.000 libras esterlinas. Este es sin embargo, de mucho menor valor que el verdadero salitre, que es el Nitrato de Soda, mezclado con sal común. Anteriormente habían dos minas riquísimas de plata, pero en la actualidad producen muy poco”. La mina de plata a la que se refiere es el mineral de Huantajaya.

Un día después de su llegada, Darwin viaja a las salitreras, que están, más o menos a 14 leguas del puerto. El grupo de investigadores llega a oficina “La Noria” a través de un camino zigzagueante, duro y aburrido para los viajeros. Junto a Darwin viaja otro británico ahora muy conocido: George Smith.

Un detalle pormenorizado de anotaciones y descripciones de investigadores y viajeros por Tarapacá -como la de Charles Darwin-, aparece en el libro Iquique y la Pampa: relaciones de corsarios, Viajeros e Investigadores (1500-1930) de Pedro Bravo Elizondo y Sergio González Miranda.

Hoy, frente a la ex aduana, puede verse un busto de acero de Darwin, que recuerda su llegada y paso por estas tierras, a las que no veía precisamente un futuro muy promisorio.

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Un Comentario;

  1. Dante R. dijo:

    Interesante artículo sobre las impresiones que le causó a Darwin nuestra ciudad , y que muestra la gran evolución demográfica que ha tenido Iquique desde la primera mitad del siglo 19.

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