Iquique: una ciudad biblioteca

 

Iquique ha sido una tierra que ha visto nacer y dado refugio a diversos escritores. Es una ciudad puerto, pero también una ciudad biblioteca, en el entendido que las calles y los libros son el hábitat natural de los creadores literarios.

El escritor Eduardo Barrios, nació en Valparaíso en 1884, pero Iquique fue su ciudad adoptiva. En el sitio memorianortina.cl, se nos relata que llegó a Iquique bastante joven todavía, en busca de sus primeros derroteros de trabajo, cuando este puerto nortino vivía su esplendor salitrero. En 1907 publicó su primer libro, Del Natural (Iquique, Imprenta de Rafael Bini e Hijos, calle Esmeralda 124), cuyo contenido son cuatro cuentos muy cercanos al naturalismo francés, pero ajenos por completo al torbellino iquiqueño de aquellos años. Estos cuentos son: “Amistad de Solteras”, “Tirana Ley”, “Los que ellos creen y lo que ellas son” y “Celos Bienhechores”.

Trabajó en el puerto y en alguna oficina salitrera, en la pampa de Tarapacá, y en estos años de vida le sirvieron de material para sus futuras novelas: Un Perdido y Tamarugal.

Dos de sus cuentos, “Santo Remedio” y “Camanchaca” alcanzan a mostrar, en cierto modo, la vida pampina en su medida de terrible violencia humana, tal como fue en la primera década de este siglo. Fue esposo de la destacada poeta iquiqueña María Monvel.

Por su parte, el Sistema de Información Bio-Bibliográfico de Escritores Chilenos de la Sociedad de Escritores de Chile, señala sobre el poeta, Homero Arce: “El virtuoso sonetista Homero Arce, de un siempre pulcro vestir y hablar, el 2 de febrero de 1977 salía de su hogar a las diez y media de la mañana. Iba a cobrar su jubilación. A la salida de la Caja, varios sujetos lo apresaron y lo metieron a un automóvil, alejándose con él a toda velocidad. A las dieciséis horas lo devolvieron a su casa, moribundo, ensangrentado, con graves heridas en la cabeza. Moriría a las dieciocho horas del 6 de Febrero en el Hospital Barros Luco de Santiago, a causa de los golpes recibidos. Considerando la represiva y oscura atmósfera política de esos años en Chile, se conjetura que su asesinato podría haber constituido un castigo a su condición de ex-secretario y, sobre todo, amigo íntimo de Pablo Neruda”.

El también poeta iquiqueño Juvenal Ayala, escribió una breve biografía de Arce. En ella puede leerse que nació en este puerto el siete de abril de 1900. En 1925, junto a su hermano Fenelón Arce, Juan Florit y Germán Moraga Bustamante conformarán una verdadera familia poética. Fundarán el grupo y luego la revista “Ariel”, que dirigirá el destacado escritor Rosamel del Valle, otro ilustre miembro de este clan literario. Aunque la revista alcanzó  sólo dos números, luego, por 1927, aparecería otra de nombre “Andarivel”, que tendría el mismo fin. Estos años tendrán la fuerza de la juventud y de la amistad, literaria y personal, de Pablo Neruda y otros poetas. Se desempeñó en el Servicio Internacional de la Dirección de Correos y Telégrafos por su conocimiento del francés; fue secretario de la Dirección General de Correos y Telégrafos y, antes, secretario del Correo Central.

Ercilia Brito Letelier, conocida en la literatura como María Monvel, nació en Iquique en 1899 y falleció en Santiago, el 25 de septiembre de 1936, está considerada considerada uno de los talentos literarios de América Latina a comienzos del siglo XX.

 

Sus primeros poemas aparecieron en revistas y folletines de provincia, y en 1917 fue antologada con su nombre real en la famosa recopilación de poesía chilena Selva Lírica.

En Santiago, adonde se mudó después de su adolescencia, dirigió la revista “Para Todos”, publicada por la Editorial Zig-Zag, y contrajo matrimonio con el crítico literario y periodista Armando Donoso, con quien tuvo una hija.

Tradujo a Goethe y los sonetos de Shakespeare: 16 de ellos fueron incluidos en Últimos poemas (1937). Sobre este libro póstumo publicado por su esposo, Eduardo Barrios, escribiría: “Estaba ya enferma cuando escribió estos versos, seguramente. Hay en todos ellos un mirarse y revisarse […] Luego en todo se confirma el crepúsculo del alma disponiéndose a marchar. En las formas, hay una vuelta a lo clásico, al deseo de perdurar en sencillez, en melodía de significado y vehículo puros. La poetisa se entregó también a los grandes permanentes, a Shakespeare y Goethe: los traduce en la línea eterna, que ahora le interesa por sobre todas las cosas”.

Gabriela Mistral, refiriéndose a ella y a su obra, dijo: “La mejor poetisa de Chile, pero más que eso: una de las grandes poetisas de América, próxima a Alfonsina Storni por la riqueza del temperamento, a Juana de Ibarbourou por su espontaneidad”.

Viajó por Europa y América. Falleció a los 37 años de edad después de una larga enfermedad.

Luis González Zenteno nació en esta ciudad en 1909. Su novela Caliche fue en su momento un clásico de la novela social chilena. También poeta y escribió para diversas revistas. Bohemio contumaz, conocidas eran sus juergas en el bar Buenos Aires, en calle Esmeralda, donde compartió con la destacada poeta santiaguina Teresa Wilms Montt, que en esta ciudad empezó a consumir drogas, y a volverse, en palabras burdas, una “perdida”. A Zenteno se le adosa cierta filiación anarquista.

Hoy por hoy, esta ciudad ha dado un Premio Nacional de Literatura: Oscar Hahn, heredero acaso de la mejor tradición poética chilena. Otros narradores y poetas de estas tierras: Cecilia Castillo, Juvenal Ayala, Alberto Carrizo, Patricio Riveros Olavarría, Jonathan Guillén, Marcelo Ramos, Juan Malebrán, Roberto Bustamante, Jaime Ceballos, entre bastantes otros.

 

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