La bohemia perdida de Iquique (primera parte)

 

Así como lo hicimos con los barrios iquiqueños, haremos una cartografía de los locales que dotaron de vida nocturna a este puerto, que siempre ha tenido fama de noctámbulo y bohemio.

No es para nadie un secreto que en esta ciudad se consumía mucha cocaína por los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Iquiqueños viejos relatan cómo en las boites y otros locales nocturnos, los mozos llevaban una bandeja repleta de “líneas” del polvo blanco, que entusiasmaba a más no poder a los contertulios.

Sin embargo, se trata de excepciones, puesto que la gran cantidad de los locales bohemios de la ciudad, ofrecían una entretención basada en la música, el vino tinto y la piscola. Ahora bien, antes de efectuar un muestrario de estos locales, hay que decir que fue la dictadura y sus toques de queda los que apagaron la noche chilena e iquiqueña, y aún hoy está la sensación de que algo se robó a los noctámbulos.

Un local que aún es recordado por tíos, abuelos e incluso padres de los jóvenes de hoy, es “El Ludimar”, que fue inaugurado el año sesenta por el propio intendente de la época, Esteban Sacco Pertini, como consta en diversos libros de memorabilia iquiqueña. Ludimar resume tres nombres: Luis Acuña, Dianira Villalobos -su esposa- y Mario Acuña. Su propietario, Luis Acuña Acuña, tuvo en Arica un restaurante que se llamó “Iquique”, y que vendió en plena época del Puerto Libre, a lo menos 300 platos diarios. Sin embargo, era tal su apego por Iquique, que en calle Ramírez entre Serrano y Tarapacá instaló el local, que fue espacio de baile y salón de té exclusivo para la época. Tocaban música en vivo y destacados cantantes se presentaron.

Según consta en el portal “tarapacaenelmundo.cl”, “El Murex” estaba “ubicado en la calle Tarapacá al llegar a Patricio Lynch, tenía como carta de presentación un inmenso wurlitzer que el humor popular tradujo como Chancha. Los nuevaoleros de los 60′ encontraron en ese local su razón de vivir. La voz de Paul Anka con su ‘Diana’ inundaba la calle Tarapacá, mientras que en su interior los enamorados soñaban con alguna mujer de idéntico nombre. Los 60′ fueron su época de oro que coincide con la llegada del twist a Iquique, de la mano de cantantes como Chuby Checker. Juan Bravos Lineros fue su dueño y administrador. Era además, una boite donde el negro Carmelo Dávila descargaba su talento caribeño”.

Un clásico que aún perdura es el “Splendid”, en Vivar entre Thompson y Sargento Aldea. Aún tienen wurlitzer, que no es el mismo, claro está, que el que entretuvo a los jóvenes de los sesenta. Sin embargo, aún se puede disfrutar una cerveza helada, escuchar música y “servirse” un sándwich. Además, tiene un patio interior ideal para “seguirla” un sábado por la mañana, cuando la reseca nos torna lentos y algo malhumorados. Los viernes en la noche puede constatarse que tiene asiduos parroquianos. Un poco más arriba por Sargento Aldea, estaba “El Refugio”, que también tocaba música de la época.

Según consta en el libro Iquique de antaño: sus barrios y su gente, “En los 60′, la frontera sur del placer en Iquique se llamaba “El Ragú”. Sus dueños fueron Ramón Montoya y Gustavo Yong. Las primeras letras de los dos primeros nombres produjo el engendro con el que fue bautizado este local. En Primeras Piedras -por entonces algo así ‘donde el diablo perdió el poncho’, por su lejanía- los calduchos empezaron a arraigarse en la zona. Cantantes como Osvaldo Díaz o músicos de la talla de Charles Thomas acompañaban la música que las olas al reventar, hacían estallan en acordes que Los New Demonds habrían de replicar años más tarde. El Go-Go, un baile de la época, empezaba a ensoñorearse. Las hermanas Naranjo, crearon a su estilo una especie de ‘Música Libre’. Lo de ellas era un Coro a ‘Go-Go’. Cuando los jóvenes guardaban la secreta esperanza de ser tocados por el éxito, bailaban o cantaban en ‘El Ragú’”.

Muchos hippies de los sesenta y setenta, recuerdan la discoteca “Don Sata”, ubicada donde hoy está el hotel Terrado Prat. Si uno ha visto “Fiebre de sábado por la noche”, “Carlitos way” o recuerda las discos del film “Caracortada”, tendrá una idea más o menos cercana de lo que era este sitio, donde las luces generaban un efecto medio alucinatorio. “Era una mezcla entre hipismo, psicodelia y estilo disco”, dice Mono Tito, conocido músico iquiqueño. También se veía mucho pantalón “pata de elefante” y camisas floreadas, y se escuchaba a Jimmy Hendrix y “Cream”.

“El Democrático” -Obispo Labbé entre Serrano y San Martín- ha tenido una singular deriva. A fines de los setenta era un lugar para pescadores y burócratas, donde podían jugar “cacho” y “dominó”. Hoy está convertido en un local que acoge a los mismos pescadores y burócratas, pero también a comerciantes, estudiantes universitarios, cargadores de Zofri, periodistas y a casi toda la fauna bohemia de esta ciudad. Es, literalmente, un espacio donde todos caben, un espacio democrático. Se sigue jugando “cacho” y “dominó”, y los fines de semana tocan bandas rocanroleras, punks, de bronce y el que se anime.

 

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