La extensa historia de los chinos en Tarapacá

 

Nuestra región siempre ha sido un importante polo para migraciones de diversas repúblicas, y ello mismo ha forjado una identidad diversa, multirracial y cosmopolita. Por tanto, los ocasionales brotes chauvinistas son completamente extemporáneos y malsanos.

Una de las comunidades que ha permanecido en Tarapacá durante más tiempo es la china, y ha marcado con sus sello la vida cotidiana de la ciudad y la región. Se debe consignar sí, que la inmensa mayoría de los chinos que han residido en Tarapacá después de la revolución encabezada por Mao- Se Tung, son de la llamada China Taipei, o Taiwan, es decir, de la china nacionalista, que se alojó en la citada isla luego de la guerra con los comunistas, que triunfaron. En todo caso, hoy por hoy suman un par de miles de ciudadanos chinos en Iquique, completamente integrados, con diversos restoranes e inversiones en Zona Franca. Son parte de la región. Qué duda cabe.

En su libro Presencia china en Tarapacá salitrero: 1860 1960, del articulista histórico con más trayectoria de la región, Mario Zolezzi, se efectúa un exhaustivo recorrido por la deriva de la comunidad citada.

Desde que Tarapacá quedó bajo la égida de Perú luego de la batalla de Ayacucho en 1824, la región se fue transformando en un atractivo polo de atracción para inmigrantes, y entre ellos llegaron muchos orientales, que se dedicaron a faenas agrícolas y guaneras, y posteriormente comerciales. Los chinos eran llamados “culíes”, y en el censo peruano de 1876 se contaron 791 chinos.

Sin embargo, y a pesar del aporte de la cada vez más grande comunidad, en Perú había profundos prejuicios raciales contra los “culíes”, a quienes trataban de portadores de una “ante-diluviana grandeza”, que supuestamente iba a contrapelo del ansia de progreso que las autoridades peruanas querían promover.

En cualquier caso, los chinos no dejaron sus prácticas religiosas, basadas en los ideales de Confucio, y se sabe que había un templo para su adoración en Pabellón de Pica, donde trabajaban como ayudantes en las guaneras. Por las intensas labores en el sector les pagaban una miseria, se les entregaba una frazada para dormir y ellos mismo debían instalara carpas.

Durante la Guerra del Pacífico, los chinos vieron con alegría cómo la armada chilena atacaba los sectores peruanos en los que ellos trabajaban, e incluso ayudaban a los militares a saquear los depósitos de armas de sus patrones en Pabellón de Pica y los alrededores.

En 1880 Chile ocupa Tarapacá, y empieza un nuevo capítulo en la historia de la comunidad china.

 

 

Chilenos y chinos: tensa relación

En 1885 Chile efectuó un censo, el que  arrojó que en Tarapacá había 540 chinos (534 hombres y seis mujeres). En 1895 hubo otro censo, que consignó que en la zona había 714 chinos (710 hombres y cuatro mujeres). La comunidad oriental era mayor que la alemana (417), que la austro-húngara (444), española (652), mas era superada por la italiana (854) y la inglesa (1.151).

Debido a los diversos comercios y locales que manejaba la comunidad, y la aparente prosperidad china, la prensa regional inició una virulenta campaña contra ellos. El diario “La Patria” los trató de “cucarachas”, y de “naturaleza malsana”. En otra oportunidad señaló: (los chinos) “han caído sobre la provincia en forma de flagelo… El aire que respiran impregnada de la esencia  que destilan los poros del compale nos hace sentir con más intensidad esa suprema náusea que el mundo siente en presencia del cuadro salvaje que ofrece Pekín en estos días”. El periódico “El Nacional” publicó en 1900: “Son seres inferiores que nada traen, ni adelanto ni dinero, que para nada sirven, a no ser para uso doméstico…que nada gastan, pues se alimentan como escarabajo, con su propia porquería, esos desgraciados no pueden compararse con la raza europea, hermana de la chilena, en nobleza, en pureza, en altivez”.

La comunidad china soportó con estoicismo los insultos y provocaciones, e incluso continuó aportando a la región. Siempre trataron de forjar vínculos y hasta realizaron aportes materiales para el desarrollo de Tarapacá.

En otras cosas, la mala fama de los chinos se originó por el puritanismo que se respiraba en esa época en Tarapacá, que veían con escándalo la instalación de cafés chinos en las oficinas salitreras, que siempre han estado asociadas a la prostitución.

Por supuesto, las cosas han cambiado, y el otrora prejuicio ha dado paso a la completa vinculación entre chilenos y chinos. Es difícil imaginar esta ciudad sin la presencia de la comunidad oriental.

El opio: un anecdotario

No es secreto para nadie que el consumo de opio ha constituido en China una larga tradición, y que los miembros de la comunidad oriental han llevado consigo esa práctica a los países a los que han arribado.

El libro de Zolezzi nos entrega sabrosos detalles sobre esta ancestral práctica de los chinos, que replicaron en Tarapacá. El consumo de la sustancia fue disminuyendo a medida que los años pasaron y la ciudad de Iquique fue creciendo. Acá, los fumadores de la planta se abastecían vía contrabando marítimo o terrestre.

En 1930 -y según consignó el diario “El Tarapacá”- en la oficina salitrera Alto San Antonio, fueron detenidos seis chinos en un fumadero, bajados a Iquique y puestos en libertad bajo fianza.

En el mismo año citado, tres tripulantes chinos de un vapor inglés fueron sorprendidos intentando internar cinco kilos de opio en el interior de tres zapallos.

En los fumadores, que abundaban en el centro de Iquique, los consumidores encontraban todo lo necesario: droga, pipa, tarimas y banquetas para tenderse, y almohadilla para apoyar la cabeza.

Uno de los fumaderos más conocidos que tuvo Iquique fue el Palacio de Cristal, que se incendio en 1950 producto justamente por la cantidad de fumadores que se encontraban al interior.

Se sabe a través del diario “El Tarapaca” de 1956, que un ciudadano chino adicto contumaz al opio, debió ser abastecido de la droga por la Dirección General del Servicio de Salud.

 

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