La impactante realidad de las cárceles chilenas: un relato desde Tarapacá

 

Juan Luis tiene 55 años, y hace sólo cinco meses obtuvo su libertad de la cárcel de Alto Hospicio, luego de diez años de presidio. Este hombre, que no se llama Juan Luis, enfatiza: “dicen que concesionan las cárceles para que así no haya hacinamiento, porque los empresarios hacen mejor las cosas, pero la cosa es que estamos peor: hay más presos por celdas, patios sin utilizar, más violencia en el trato al preso”. Juan Luis habla con la propiedad de quien ha pasado parte importante de su vida en prisión, por motivos que él prefiere eludir. “En otras ciudades como Valparaíso o Concepción, la situación es aún peor. Yo estuve en la cárcel del puerto, y te digo que para salir vivo de ahí, o te haces de un grupo de ‘choros’, o te armas hasta los dientes. En las cárceles de acá está pasando lo mismo. Si las cosas no van a cambiar, al Estado no le preocupamos, menos a los empresarios”.

Advierte que si las condiciones no cambian, todo puede reventar, como una olla a presión. “En la cárcel de Alto Hospicio se trafica droga, puedes conseguir lo que quieras, y los gendarmes lo saben. Uno se la pasa metiéndose cosas. Además, cada vez se llena más esta cárcel, porque todos los días llegan nuevos presos por narcotráfico, que para algunos es la única forma de mantener a sus familias. Se empiezan a armar los bandos, y así, hasta que la violencia no da para más”, explica.

Otro ex preso entrevistado que pidió anonimato absoluto, señaló de forma muy escueta que “las cárceles acá no rehabilitan. Son para salir más violento, y con más datos para cometer delitos. Todos viven apretados”.

 

Rehabilitación y reinserción

El presidente de la Asociación Nacional de Funcionarios de Gendarmería, Juan Carlos Orellana, conoce muy bien la realidad regional, puesto que su carrera funcionaria la ha desarrollado en esta zona, y su opinión no difiere de la de los entrevistados anteriormente. Señala que “el sistema carcelario no varía mucho en las prisiones del país, por lo que si hablamos de una, hablamos de todas. Por supuesto, la cárcel de Iquique no es la excepción. En Iquique no deja de ser como las demás cárceles, no existen talleres y menos rehabilitación, hay módulos que están colapsados con el aumento de la delincuencia y también se produce hacinamiento, tanto en los dormitorios de los internos como en el de los funcionarios”. Afirma que “en primer lugar hay que preguntarse, cuál es el sistema penitenciario que queremos en nuestro país. ¿Queremos tener una bodega de seres humanos? ¿No es mejor tener un sistema con medidas de reinserción efectivo, en que se respeten los derechos humanos de todos los internos? Tienen que haber cárceles disciplinarias, para los refractarios al sistema, y solución a la falta de personal, con la tecno vigilancia, y por supuesto éstas tienen que estar alejadas de las ciudades”.

El dirigente explica que “hay problemas de salud mental de los funcionarios, y se da por el encierro por los turnos inhumanos extenuantes, por la agresión permanente de los internos hacia los funcionarios, que reaccionan para que no los maten a ellos o maten a otro interno. No todos los gobiernos han tenido una mirada para cooperar con la reinserción social efectiva. En el gobierno de Piñera no se construyó ningún metro cuadrado, aun cuando se comprometieron a construir cárceles modulares. Si los niveles de reincidencia son del orden del 70%, según estudios de nuestra asociación”.

 

Hacinamiento y metros cuadrados

Orellana precisa que en Santiago existe un hacinamiento por sobre el 200% de población penal -que en regiones se reduce pero no deja de darse- y “en recorrido por algunas unidades nos percatamos también del hacinamiento en que están los funcionarios, durmiendo en dormitorio que fueron adaptados como dormitorios, ya que estas dependencias antes eran pasillos y hoy se pernocta en dormitorios que están hechos para cuatro personas, y en los cuales duerme el doble de sujetos”.

Las denuncias no paran: “Los baños y duchas están colapsados y tapados. Tanto los baños de los internos como los de los funcionarios.  Esa es la realidad de gran parte de las cárceles en nuestro país, además de eso no hay una fiscalización y control por parte de las autoridades de Gendarmería como ministeriales.

Para Orellana, la solución pasa por construir más metros cuadrados de cárceles, y así descongestionarlas, y terminar con el hacinamiento. Además, afirma que “se debe tener una mejor segregación y segmentación, y programas de reinserción efectivos, dado que no existen talleres en las cárceles tradicionales como concesionadas. Talleres tales como de electricidad, computación, mecánica, mueblería, sastrería, entre otros, donde el interno aprenda un oficio y se reinserte en la sociedad dado que del 100% que sale en libertad, regresa el 70%. Para llevar a efecto lo anterior, hay que contratar más personal que desarrolle las funciones de custodia y de reinserción.

Para el dirigente, los responsables de toda esta falta de mejoras al sistema penitenciario, son los gobiernos de turno y el Estado, quienes han tenido en un abandono al sistema, no les ha interesado crear políticas públicas efectivas para terminar con el hacinamiento y la violencia en las cárceles.

Finalmente, aduce que “hemos estado denunciando estos hechos durante muchos años. Además estamos contribuyendo a crear un centro de estudio y trabajo, colaborando en presentar un proyecto de ampliación de plantas y reestructuración de la carrera funcionaria, y un aumento de personal civil para el tema de la reinserción de los internos”. Añade que  “hemos denunciado la falta de construcción de cárceles en nuestro país a las autoridades de gobierno, como también hemos dicho que la reinserción de los internos está en manos del Estado y no del privado, dado que el privado tiene un punto de vista empresarial y lo que le interesa son los pesos; mientras más presos hayan en las cárceles, es mucho mejor para ellos desde el punto económico monetario, por lo tanto no le interesa rehabilitar a los privados de libertad”.

 

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