Los agujeros de Alto Hospicio

La mayoría de sus viviendas se construyeron sin considerar el suelo salino que se extiende bajo la comuna y que al contacto con el agua ha generado enormes socavones, capaces de partir en dos una casa. Hoy, sus habitantes viven rogando no ser las próximas víctimas.

Hace cuatro años, Nancy Hernández vio aparecer de la nada un enorme socavón en el antejardín de su casa, en Alto Hospicio. Ante sus ojos, 12 metros de profundidad y un metro y medio de ancho, formados por el contacto del suelo salino con el agua, aparecían como una herida abierta en su vivienda. En 2014 se vio obligada a abandonarla, luego que fuera declarada inhabitable por la municipalidad.

El hogar que José Hernández recibió en 2008 en el sector de La Pampa, no había presentado problemas hasta agosto pasado, cuando en el antejardín de su casa apareció un hoyo de tres metros de profundidad y dos metros de ancho, que se expandía hasta el patio de su vecina.

En mayo de 2015, Alberto Terrazas (70) se precipitó a un agujero de cinco metros de profundidad, en el block 4 del conjunto habitacional La Tortuga I. Solo una tubería a la que pudo aferrarse mientras caía impidió una fatalidad, pero llevó a que el 45% de las familias que vivían en la torre decidiera irse a otro lugar. El resto se quedó simplemente porque no tenían adónde ir.

Hay 2.807 casas afectadas, sobre todo en los sectores La Pampa, el Centro y El Boro. Un hoyo en la población Santa Teresa mide 30 metros de profundidad y 216 metros de ancho.

-Cualquier filtración en la red de agua potable o en el alcantarillado provoca que el suelo pierda fuerza, se hunda y surja un hoyo.

 

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Según un estudio del Servicio Nacional de Geología y Minería, el suelo de cualquier sector de la ciudad que posea más de 2% de sal será considerado como un terreno que puede colapsar y hundirse, en caso de contacto con el agua. Para el director de Obras del municipio, Daniel Gajardo, el problema es que el 100% del suelo de la comuna es salino, en un rango que fluctúa entre el 4% y 70%.

No hay quién se salve.

Boom de hoyos

En los 80, en Alto Hospicio vivían menos de 2 mil personas, en su mayoría aimaras dedicados a la horticultura. En los primeros años de los 90, la población empezó a aumentar de manera explosiva, con la toma ilegal de terrenos por personas, iquiqueños y provenientes del sur, que buscaban tener una casa propia que de otro modo nunca lograrían. Según el censo de 2002, en el lapso de una década la población creció de 5.520 a 50.190 habitantes.

En 2008, los hoyos comenzaron a proliferar en calles y casas. Antes se había detectado la presencia de algunos, pero fueron vistos como casos aislados por las autoridades.

Ahora son mirados como un problema por la municipalidad y el Gobierno, por el impacto que están teniendo en la calidad de vida de los hospicianos. Ya son miles las viviendas y un centenar las calles que presentan daños por socavones.

Aguas del Altiplano y el Serviu iniciaron estudios para conocer las condiciones del suelo salino que cubre la ciudad y realizar acciones tendientes a solucionar el problema. La información recopilada sirvió para crear un itemizado técnico regional que comenzó a operar en 2012, con la finalidad de que las nuevas viviendas se construyeran sin esta amenaza.

Esta nueva manera de construir exige que el material de las tuberías sea acorde con las condiciones del suelo salino, que se utilice termofusión en las uniones de las cañerías y que cada vivienda cuente con su propia cámara de alcantarillado.

En caso de una edificación en altura, s e debe realizar un zócalo para inspeccionar bajo el subsuelo las instalaciones de manera periódica. Además, debe desarrollarse un estudio de mecánica de suelo y aspectos sanitarios respecto de las cañerías de la red de agua potable y del alcantarillado.

Desde 2012, de las 25 mil viviendas que existen en Alto Hospicio, 274 casas se han edificado con estas exigencias. Otras 812 se entregarán hasta marzo de 2017.

La espera se agota

El Serviu entregará este año un subsidio de hasta 400 UFpara reparar daños, producto de los socavones. Pero solo 200 de las 2.807 familias damnificadas obtendrán el beneficio.

La de Jessica Mostacero (37) es una de las que no lo recibirá y seguirá en su casa, declarada no habitable. Según dice, el Serviu ha ido tres veces a ver el socavón que lleva 10 meses en su patio, pero no han vuelto para reparar los daños. Como muchos otros, ha decidido hacerlo ella misma, consciente de que es una solución temporal, por lo que vive con el miedo de que su casa se desplome cuando sus tres hijos, uno de ellos discapacitado, se encuentren en ella.

Serviu, gobierno regional y Aguas del Altiplano saben que los agujeros seguirán apareciendo si no construyen de nuevo toda la red de agua potable y el alcantarillado. El problema son los $125 mil millones que costaría eso y el plazo de 25 años para cumplirlo en sus siete etapas, una por sector.

La población Santa Teresa será la primera zona beneficiada. Serviu ya inició la reparación de las cañerías que pasan por debajo de las 450 viviendas del lugar. Después será el turno de Aguas del Altiplano, que se hará cargo de la red pública.

Las familias de los otros seis sectores, que suman 24.500 viviendas, de las cuales 2.357 presentan daños por socavones, deberán esperar su turno. Son los casos de Jessica, José y el conjunto habitacional que cuida Alberto seis días a la semana.

Fuente: El Mercurio/Por Carlos Luz Aguilera.

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