Los palacios de Iquique (parte dos)

 

En febrero de 2008, el legendario Palacio Mujica, ubicado en las esquinas de Zegers con Baquedano, fue destruido completamente por un incendio. La consternación de los iquiqueños fue total, y las autoridades salieron al paso afirmando que rápidamente se tomarían medidas. Sin embargo, aún el terreno sólo está cercado, y no hay antecedentes de que pronto se edifiquen las dependencias que funcionarán como oficinas para los consejeros regionales.

Antes del siniestro, operaba en Palacio Mujica el Casino “Aguilas del norte” de Suboficiales de la Primera Brigada Aérea. Pero su historia es más larga: la inmensa casona Mujica tenía aproximadamente cien años de historia al momento de su destrucción. Fue construida a principios del siglo XX, en medio del auge salitrero.

La historia nos indica que la casona -de estilo georgiano- pertenecía a Horacio Mujica, quien era abogado y trabajaba para las oficinas salitreras, a quienes cobraba en libras esterlinas. La mansión fue ocupada como casa-habitación hasta la década del 50, hasta que la dejó de ocupar la familia Provoste Fernández. Con el auge de la economía regional y la creación de Zofri, el empresario Eduardo Cabezas instaló un  liceo técnico-profesional.

El sociólogo Bernardo Guerrero recuerda: “Sin embargo, el aura de ese palacio creó las condiciones para que un grupo de profesores y estudiantes, además de gente de la comunidad local conscientes de que la ciudad carecía de espacios para el arte, organizó una serie de actividades culturales. Fue así como los poetas de la época, entre otros Juvenal Ayala, Guillermo Ross-Murray, Jaime Ceballos, Jorge Aracena, entre otros y otras, crearon una noche poética con lectura de sus obras como para expulsar a los demonios autoritarios que invadían la ciudad. A una de esas reuniones llegó Hernán Rivera Letelier antes que la reina Isabel lo conquistara para la novela. Un libro del fotógrafo Carlos González recoge esa foto que ya es histórica”.

Guerreo también relata en una crónica que “en ese mismo colegio con la ayuda de estudiantes que querían saber otras cosas más que de balanzas de pagos, creamos un micro-medio que se llamó ‘Abrelatas’ que tenía unas fotografías de Hernán Pereira. Todo en papel roneo y a mimeógrafo (se agradece a Matus Lizardi, por la valentía). No había recursos para fotocopias”.

En algún momento, un sábado por la tarde, un grupo de opositores a la dictadura organizaron un café, “que no era concert”. Guerrero rememora que “La idea era hablar de Silvio Rodríguez. Un texto escrito y luego publicado en Amsterdam que pretenciosamente se titulaba ‘Para escuchar a Silvio Rodríguez’ pretendía dar las claves para dar con esa poética que circulaba en casete mal grabados. La voz y la guitarra del Pato Canales, una leyenda urbana, interpretaba ‘Te doy una canción’ y ‘El papelote entre otras rebeldía como ‘La canción del elegido’. Afuera la ciudad vivía el sueño de Taiwán y los autos japoneses invadían el asfalto acostumbrado a los coches Victoria”.

El arquitecto Francisco Martínez señala que jamás podrá recuperarse una obra patrimonial como la del Palacio Mujica, y que la pérdida es irreparable. “Simplemente se fue parte de la historia”, comenta.

por El Independiente

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