Palabreando en Los Verdes

 

Si Los Verdes era un sitio reseñado en las notas turísticas que se destinaban a la región, hoy está más cerca de asociarse a una comparación con el Comala de Pedro Páramo. Porque, si bien la caleta está lejos de convertirse en un pueblo fantasma, se siente en quienes habitan y trabajan en Los Verdes la trasposición de ausencias y presencias de visitantes, y la espera cada vez menos calma por el retorno de los buenos tiempos.

Lo anterior queda claro al contrastar las expectativas en un fin de semana cualquiera de verano. Como por ejemplo, un sábado 30 de enero a la hora de almuerzo, donde en los restoranes del lugar se preparan hace rato para recibir a los comensales que nunca llegan. O llegan en bajo número: una familia acá, otra allá. Espacio sobra en todas partes.

Hablando ingenuamente con los viejos del lugar, esos que conocieron Los Verdes como un terreno virginal al sur de Iquique similar al pioneer gringo que buscó asentarse cerca de la west coast, la conversación evoluciona al abandono que advierten en la caleta. Los dueños de los restoranes emblemáticos ya no tienen espíritu de aventura, ahora muestran semblantes propios de la piedad católica y manos buscando asistencialismo municipal.

Ahora la unidad económica que era Los Verdes está en cuestión. Porque también los pescadores que vendían los productos del mar a los restoranes simulan ser dueños de restoranes, intensificando la competencia por los pocos turistas y veraneantes que llegan. Claro que su aventura se hace sin el permiso de los burócratas sanitarios de Iquique y desobedeciendo a los pacos del lugar. ¿Ha habido roces con ellos?, le pregunto al viejo microburgués, orgullo de la zona. ‘No’, me dice haciendo un rictus, ‘sólo palabreo’.

Palabreando yo con los pescadores-cocineros, me explican sus motivos: El nivel de ventas ya no alcanza para llegar a fin de mes. Hay que echar mano a la cocina hechiza.

Las cosas están revueltas en la caleta, pero no se nota. Porque pasamos más rápido para el aeropuerto, la modernidad al estilo Ricardo Lagos con vías concesionadas, tocó las puertas de Iquique y hay testimonio de esos damnificados. Quizás el cuadro de Los Verdes no se acerca al relato exacto del Comala mexicano, aunque argumentos no le faltan. Tal vez mejor palabreo.

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