¿Alguien recuerda la matanza de La Coruña?

 

Dicen que nunca es tarde para recordar. En diciembre pasado se conmemoró la masacre de la escuela Santa María, y las actividades se sucedieron infatigablemente. Sin embargo, en junio de 1925 tuvo lugar otra matanza en la región, no tan rememorada: la de la oficina “La Coruña”. Esta masacre cobró más de dos mil muertos, sólo en obreros, pero se sabe que la cifra es bastante mayor, ya que los familiares también fueron asesinados. Una vergüenza más para el poder en el almanaque de las luchas sociales de Chile.

La oficina salitrera de La Coruña estaba localizada en el llamado Cantón Alto San Antonio. Hacia 1924 contaba con una población cercana a los mil 800 habitantes, y antes se había llamado “Galicia” y “Cataluña”.

Iniciándose 1925, los obreros de las salitreras de Tarapacá iniciaron una serie de movilizaciones en pos de mejoras salariales. Diversas oficinas se plegaron a las huelgas, que desembocaron en un paro general y en la demanda de la Federación Obrera de Chile (FOCH) de estatizar la industria salitrera.

El intendente, Recaredo Amengual, ofició el envío de escuadrones militares para que ocupasen determinados sitios de la pampa de El Tamarugal, pidiendo además que la Armada estuviese preparada para eventuales represiones. Las negociaciones permitieron que algunos campamentos levantaran las movilizaciones, pero fueron clausurados los periódicos comunistas “El Despertar de los Trabajadores” y “El Surco”. Además, se detuvo a varios dirigentes de la FOCH en la zona entre Pozo Almonte y Huara, que fueron llevados a Pisagua.

La historia nos señala que advertidos de la detención de los dirigentes sindicales, el cuatro de junio la FOCH declaró una huelga general por 24 horas, y convocó a distintas concentraciones de trabajadores en Huara, San Antonio de Zapiga y el pueblo de Alto San Antonio. En esta oficina fue donde hubo enfrentamientos entre los obreros y la policía, debido al ingreso de éstas a la sede de la FOCH: hubo dos uniformados muertos. Luego, los trabajadores se tomaron las oficinas “Galicia” y “La Coruña”, distribuyendo las provisiones de las pulperías entre las familias. También se inició una huelga general, que significó la toma de 124 oficinas salitreras por los trabajadores y la total paralización del puerto de Iquique. Ferroviarios y conductores de carretas se plegaron a la movilización.

“Revolución soviética”

“Estalló la revolución soviética”, fueron las primeras palaras que el intendente Amengual dirigió por telégrafo al ministro de Guerra, coronel Carlos Ibáñez del Campo, para describirle los hechos que tenían lugar. El coronel declaró Estado de Sitio a Tarapacá y Antofagasta, y se enviaron refuerzos militares a la zona.

El tres de junio de 1925 los trabajadores de “La Coruña” decidieron tomarse las instalaciones de la salitrera. Encabezados por el dirigente anarquista Carlos Garrido, tomaron por asalto la oficina de la administración, el polvorín y la pulpería: en ésta se encontraron con la oposición de administrador español Luis Gómez Cervela, que acabó muerto. El contenido de almacenes, bodegas y depósitos, fueron distribuidas entre las familias del campamento.

El intendente tomó conocimiento de la revuelta, y ordenó para la represión la subida inmediata de las tropas de infantería del regimiento Carampangue y de caballería del regimiento Granaderos. Las tropas partieron desde Iquique a “La Coruña” el cuatro de junio; allí encontraron una sólida oposición de los trabajadores, quienes se atrincheraban en las calicheras y las viviendas, desde donde les lanzaban bombas de mano a los uniformados. También había trabajadores armados con granadas artesanales, confeccionadas con tarros de hojalata cargados con pasta de dinamita y remaches, y sellados con discos de latón.

El comandante de las tropas, coronel Acacio Rodríguez, ordenó en un acto desquiciado el bombardeó de las instalaciones de la oficina salitrera, logrando destruir las trincheras de los rebeldes. Parte importante de los obreros se desperdigaron por la pampa, viendo el cariz que tomaban los hechos. El bombardeo se extendió a las canchas de secado de salitre y las rampas de embarque, donde el nitrato empezó a arder, produciendo un enorme incendio que consumió rápidamente viviendas de madera, talleres y bodegas.

Garrido cayó en la cuenta de que estaba teniendo lugar una masacre, y envió un mensaje de cese al fuego al comandante Rodríguez: no lo aceptó.

El bombardeo siguió hasta el cinco de junio, y Garrido debió entregarse voluntariamente, afirmando ser el único responsable. Lo fusilaron esa misma noche en la cancha de fútbol de “La Coruña”.

Las tropas ocuparon la oficina, y los obreros sobrevivientes y sus familias fueron encerrados en los corrales del matadero. A ellos se añadieron trabajadores de otras oficinas. Hubo escaramuzas en otros campamentos pampinos, que también fueron sofocadas por el Ejército, que envió a los que salvaron al velódromo de Iquique.

 

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