Día de la Mujer. Avances y retrocesos

Hoy conmemoramos un nuevo 8 de marzo y como hemos señalado en años anteriores no es una fecha para celebrar, sino para reflexionar y pensar cuánto hemos avanzado en equidad de género y en igualdad de oportunidades. Es claro que las mujeres hemos experimentado grandes avances en materia de derechos y participación política, laboral y social durante el siglo XX y entrado el siglo XXI. Creemos que no es aventurado afirmar que se trata de uno de los cambios sociales más fructíferos del siglo pasado y que es un deber ético seguir profundizando. Desde este punto de vista, podemos ser optimistas y alegrarnos de todos los logros, pero las noticias nacionales e internacionales nos alertan y nos devuelven a la realidad. Lamentablemente indicadores como el de femicidios y de violencia contra la mujer, por mencionar los más dramáticos, nos advierten que aún queda mucho por hacer.

 

Los organismos internacionales como CEPAL, Amnistía Internacional y Unicef, entre otros y los distintos observatorios de Derechos Humanos y de Género muestran cómo cada día mueren mujeres en manos de sus parejas o ex parejas, cómo persisten brechas de género en los salarios, en el uso del tiempo, representación política o en el acceso a cargos de decisión. Como advirtió la Directora del Instituto Europeo de Igualdad de Género, Virginija Langbakk el 2011 durante una reunión de la Comisión de Derechos de la Mujer de la Eurocámara, exponiendo más de 100 datos “chocantes” sobre desigualdad de género.

 

Menos del 14% de los embajadores europeos son mujeres, y sólo nueve de cada cien decanos universitarios son de sexo femenino. De cada cien grandes empresas, sólo tres cuentan con una presidenta, y únicamente el 2% de los ministros de la UE son mujeres”.

 

A escala mundial las cifras de los organismos internacionales muestran avances, pero también evidencian la necesidad de profundizar y mejorar la calidad de dichos logros. Por ejemplo en casi todas las regiones desarrolladas se ha alcanzado la paridad de género en la educación primaria, pero en muchos países la disparidad de género aumentó en la educación secundaria y superior. Desde el siglo pasado las mujeres se han incorporado al mercado laboral y hoy casi el 50% tiene un trabajo remunerado, sin embargo las mujeres ganan entre un 10% y un 30% menos que los varones. Un avance importante fue la Declaración de Eliminación de violencia contra la Mujer (1993), sin embargo en la actualidad una de cada tres mujeres sufre algún tipo de violencia física o sexual, especialmente a manos de un compañero sentimental.

 

Estas brechas se trasladan con las mujeres en la medida que ellas migran, puesto que por el sólo hecho de cruzar la frontera se sobreponen a la desigualdad de género otras, como la clase y la etnia agudizando la inequidad. Por tanto, el aumento de las mujeres en las migraciones o feminización de las mismas, son el más claro ejemplo de la reproducción de estas desigualdades. Las feministas de los años 60 acuñaron la expresión “lo personal es político” (Catherine McKinnon), pero hoy circula la expresión “lo personal es global” para aludir a las desigualdades contenidas en las migración y su expresión en todo el mundo. De modo que las migraciones, voluntarias y forzadas, para incluir en ellas al refugio y la trata de personas, muestran cada día nuevos “datos chocantes” como la vulneración de derechos.

 

Nos encontramos frente a un escenario de avances y retrocesos en las demandas de género, este marco nos hace reflexionar abriendo la invitación a evaluar este 8 de marzo sobre las tareas pendientes y los desafíos que implican asentar esos logros. Hemos avanzado, pero todavía es insuficiente y eso se advierte tras la lectura de la noticia más impactante que hemos conocido estas últimas semanas. Dos jóvenes asesinadas en Ecuador, y la policía y los medios de prensa informaron como causal explicativa el “hecho de viajar solas”. Esta realidad ya no es explicable bajo el argumento de la condición de mujer. Ni una más!

 

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Marcela Tapia

Magíster en Historia. Universidad de Concepción. Doctora en Estudios de América Latina Contemporánea. Universidad Complutense de Madrid.

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