Iquique: la ciudad donde se perdió y se encontró Teresa Wilms Montt

 

Como todo puerto, Iquique puede ser un espacio donde hombres y mujeres con tendencia a la bohemia contumaz acaben por perderse en la noche, o iniciar una caída libre al alcoholismo, la drogadicción o la locura.

Particularmente, esta urbe está encerrada entre el mar y el cerro, y por más que dé una idea de libertad, puede antojarse a veces asfixiante y viciosa. Fue en este puerto donde la legendaria poeta Teresa Wilms Montt acabó por desesperar y enloquecer, y su vida nunca volvió a ser la misma. Sin embargo, fue acá donde también forjó amistades con líderes sindicales y adquirió conciencia social.

María Teresa de las Mercedes Wilms Montt nació en Viña del mar en 1893 y murió en 1921. Contraria a las convenciones burguesas de su ámbito social, fue internada a la fuerza en un convento; sin embargo, con la ayuda de su amigo Vicente Huidobro, huyó a Buenos Aires, donde se rumoreaba que el célebre poeta chileno la pretendía. Intentó ser enfermera en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, pero es confundida y apresada como espía alemana. Fue amiga de escritores Gómez de la Serna y Ramón María del Valle-Inclán.

Se casó a los 17 años con Gustavo Balmaceda, y tuvieron dos hijas: Elisa y Sylvia Luz. En 1912 la familia llega a Iquique, donde vivirán hasta 1915. En los tres años, Teresa y su familia alojó en el hotel Phoenix, en calle Aníbal Pinto, al lado de lo que hoy es el café Ciocolatta.

Se sabe que Teresa se movía entre el hotel, el salón de arte Chalet Suisse, la casa de su amiga Clementina de Bolton, el Club Inglés, el paseo de playa Cavancha, las salas de redacción de los periódicos de la época, el Teatro Municipal y reuniones anarco-sindicalistas. Se empapó de la sensibilidad social de los obreros conscientes, y vio de cerca la pobreza. En su diario escribió: “Conocí lo que es para las mujeres de mi clase un misterio: la verdadera miseria material y moral; los corazones y las pasiones bajas, mezquinas y grandes, los vicios… y todo lo que conoce el hombre”.

Belén de Zárraga, la conocida líder anarquista y feminista de principios del siglo 20, visitó el norte de Chile, y su presencia fue un aliciente para los movimientos de obreros urbanos y pampinos. Wilms Montt no fue ajena a ese fervor. Lo cierto es que Teresa mezclaba de forma sui generis los valores del anarquismo y la masonería. Por cierto, su marido estaba horrorizado.

Sin embargo, y casi como un doble opuesto, por las calles de la ciudad la poeta se dedicó con fascinación al alcohol, la morfina, la cocaína y cuanta sustancia existía. Compañero de juerga fue el poeta y activista social Víctor Domingo Silva, con quien compartía borracheras y lectura. Había admiración mutua y pasaban las madrugadas en el bar Buenos Aires, en calle Esmeralda. Fue un verdadero viaje a los infiernos de la adicción.

A lo anterior, sumaba sensuales conciertos de canto acompaña por un piano, y escribe en la prensa con el seudónimo de “Tebal”. Un noche, en un festejó de redactores y escritores, y acicateada por el excesivo consumo de alcohol, se sube a una mesa y canta “Madamme Butterfly”. En palabras de la propia Teresa: “La noche era para charlar, el día para dormir, la tarde para escribir”, Y añade en su diario: “Ha sido el tiempo en que yo he gozado de mayor libertad… allí aprendí la verdadera vida”. A pesar de lo licenciosa de su vida, queda embarazada nuevamente de Gustavo (la niña sería Sylvia Luz), que a la zaga la maltrataba brutalmente, de forma física y psicológica.

La intensa bohemia de Teresa se mantiene, y ello afectó el parto y la salud de la hija. Se escapaba de la casa, se perdía por días y no pocos la vieron vagabundear ebrio y drogada.

Iquique fue un hermoso y terrible aprendizaje para la poeta, que ya nunca volvió a ser la misma. En 1915 la familia retorna a Santiago. La depresión, su vocación libertaria y la bohemia hicieron que su esposo la separa de él y sus hijas, lo que la llevó a irse de la capital, y vagar por Buenos Aires y Europa. El dolor por la pérdida de sus hijas destrozó su corazón. En 1920 se estableció en Paris, donde estaban sus hijas y su ex esposo. Las vio un par de veces, pero las volvió a perder cuando ellas regresaron a Chile. El corazón de Teresa no soportó más: se suicidó por una sobredosis de veronal. Tenía 28 años, y está enterrada en el cementerio del Père-Lachaise, el mismo panteón donde moran Oscar Wilde, Verlaine, Sartre, Jim Morrison y otros genios.

Como triste y ridículo recuerdo, una calle del sector sur de Iquique lleva por nombre: Teresa Wilmont.

 

por El Independiente

 

 

 

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