Paro Nacional convocado por la CUT: Justo y Necesario

Es este entonces el desafío de Chile: mantenerse anclado a las reglas del juego institucionales, económicas y sociales heredadas de la dictadura; o darle fuelle a un proceso de cambios que ya ha dado importantes resultados –como el fin al Binominal, Reforma Tributaria o Gratuidad- y que no puede estacarse si quiere efectivamente abrir las puertas del desarrollo para nuestro país.

Este 22 de marzo fue una jornada memorable. Cientos de miles coparon las calles de las principales ciudades del país, en demanda de un Chile más justo, democrático y desarrollado. Momento que también se vivió en Iquique, que unido al paro total o parcial de decenas de empresas y reparticiones públicas, congregó a casi un millar de asistentes en la céntrica Plaza Condell. Fue el momento en que el mundo social marcó un contrapunto frente a quienes pretenden detener el proceso de cambios.

En este caso, la movilización convocada por la CUT se enmarca en la discusión sobre la Reforma Laboral, en el que un puñado de senadores de la DC, aliados con la Derecha, busca limitar el derecho a huelga, reducir la acción de los sindicatos y criminalizar la protesta social. Pero se trató de una convocatoria mucho mayor, que incluyó la demanda histórica por una Nueva Constitución y el fin de las AFPs.

Chile se encuentra en una encrucijada histórica: o aprovecha el impulso transformador que impuso la calle durante la administración Piñera, o termina permitiendo que impere la vieja argucia del “gatopardismo”, haciendo que las élites hagan una pantomima de cambios, para que nada cambie realmente.

La necesidad de la movilización

Y es en torno a esta encrucijada, que el deber de todo demócrata no podía ser otro que apoyar el “Paro Nacional”, convocado por la mayor organización social del país: la Central Unitaria de Trabajadores. Después de todo, hoy resulta absolutamente claro que el gobierno de la Presidenta Bachelet es un gobierno en disputa, entre sectores de avanzada y los rancios reaccionarios que sueñan con la vuelta de la Vieja Concertación y su política de compadrazgo con la Derecha. El destino entonces del proceso de transformaciones, dependerá de la correlación de fuerzas antes señalada.

Los sectores populares no tienen los grandes medios de comunicación de su lado, ni dinero, ni policías o militares, como tampoco gozan del apoyo de potencias extranjeras. Los sectores populares sólo pueden recurrir a sus propias fuerzas, su propia inteligencia, su pasión y capacidad organizativa. El éxito de sus legítimas reivindicaciones dependerá entonces de sus capacidades de movilización y de generación de propuestas.

Hoy resulta indispensable que no sólo los sectores sociales más organizados logren crecientes cotas de movilización, sino desarrollar la capacidad de convocar a todo el país en torno a una agenda de desarrollo en beneficio de todos. Democratizar el país, empoderar la organización de los trabajadores o avanzar en una institucionalidad que garantice mínimos derechos sociales, no sólo es éticamente incuestionable, es un requisito para salir del empantanamiento económico, político y social de un sistema impuesto en dictadura y que recién estamos cambiando.

Construir un nuevo modelo de crecimiento

Frente a lo anterior y sólo como ejemplo, ¿necesitamos una Reforma Laboral que asegure el derecho a huelga, la negociación colectiva y la titularidad sindical?, ¡si, la necesitamos! Y no sólo como un necesario instrumento de justicia, considerando que la dictadura eliminó de un plumazo todo las leyes laborales que fueron construyendo en décadas de lucha popular en Chile, sino que además es indispensable para avanzar en la reactivación económica y la superación de un modelo económico rentista minero, hoy fracasado.

El hecho es que ante la caída estructural en los precios de las materias primas, nuestro país debe buscar nuevas formas de crecimiento y una de ellas, sin duda, es potenciar el mercado interno. Equilibrar la relación de poder entre capital y trabajo, en beneficio de este último, sólo puede traducirse en más dinero en el bolsillo de los trabajadores y más seguridades a la hora de enfrentar su futuro, lo que necesariamente impactará en un aumento de la demanda interna, proyectando el crecimiento. En otras palabras, potenciar el mercado interno frente a la caída del mercado externo, es una medida justa, pero también necesaria en este momento de contracción económica.

Es este entonces el desafío de Chile: mantenerse anclado a las reglas del juego institucionales, económicas y sociales heredadas de la dictadura; o darle fuelle a un proceso de cambios que ya ha dado importantes resultados –como el fin al Binominal, Reforma Tributaria o Gratuidad- y que no puede estacarse si quiere efectivamente abrir las puertas del desarrollo para nuestro país. Un proceso que ha demostrado no resultar fácil.

Poderosos intereses se oponen a que Chile cambie, porque no quieren perder sus privilegios. Avanzar entonces hacia el Chile que merecen nuestros hijos, no será regalado por nadie, habrá que conquistarlo. ¿Y cómo hacerlo?, como ya nos enseñara Recabarren en estas mismas tierras iquiqueñas: con la organización, con el estudio y con la lucha del mundo social y popular.

EL INDEPENDIENTE

 

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