Chiloé: diagnóstico y realidad

Hoy pretendía subir una columna sobre el drama invisibilizado de la comuna de Paine, particularmente al sector de Paine y Rangue, respecto al agotamiento del recurso hídrico más importante zonal: la laguna de Aculeo. Agotamiento que responde a un modelo igualmente agotado: el extraccionismo y la vulneración de la imagen del campesino como guardián del paisaje.

Sin embargo, dejaré esa reflexión para otro día, puesto que la contingencia nacional nos llama a mirar el drama de la “marea roja” enfocado en el sector de Chiloé, situación que por lógica seguirá extendiéndose por nuestro borde costero y que nos debe obligar a pensar en soluciones; soluciones a un problema social de gran impacto que ha escalado en la agenda pública: cuya solución debe ser transversal conforme a la naturaleza del mismo.

El punto gravitante de la situación de Chiloé no es precisamente el origen de la situación fenomenológica que les ha impedido la actividad económica; el problema es el modelo económico extraccionista en una sociedad cada vez más expuesta a los factores de la innovación y desarrollo tecnológico; no podemos aspirar a una ciudadanía full conectada y que no se informe; le agrade o no a la clase política, están sufriendo de miopía al atacar la solución inmediata y no el problema raíz; sabemos que inclusive con alternancia, se reiteran los mismos sectores a gobierno, por cuanto indiscutiblemente el problema volvería a surgir y rebotar en alguno de sus futuros gobiernos; indistinto si es izquierda, derecha o centro.

El centro del problema, es la desincronización entre el desarrollo tecnológico local para impulsar y mejorar procesos económicos asociados a las comunidades sociales de base; innovar no implica sólo incorporar maquinaria; eso es un proceso histórico que se llamó revolución industrial; hoy apostamos a la interconectividad total de todas las partes involucradas a fin de generar valor agregado a nuestras cadenas productivas; ello implicaría la protección del trabajador, puesto que no sólo extrae, sino que innova por medio de procesos sistematizados complejos. De tal forma, que esa persona no se restringe a la mera explotación de recursos naturales, que para un país como Chile es un factor de vulnerabilidad toda vez que la alta tasa de incidencias de la categoría “desastres naturales“, harán que más temprano que tarde no se pueda acceder a los recursos estratégicos a extraer, por falla de la estructura que lo sostiene, tal como en el caso de una marea roja, contaminación de aguas, terremotos, erupción volcánica, etc.

Para éste tipo de desarrollo estratégico, es necesario tanto voluntad política; una visión coherente de futuro, aunque sea amparado en la visión egoísta que es el futuro que ustedes gobernarán, como también el uso de la tecnología apropiada. Si hemos detectado que la principal amenaza a la actividad económica nacional, fuertemente basada en el modelo extraccionista, se encuentra en la incurrencia de desastres naturales, es imperante poder establecer el monitoreo satelital; incrementar en número y calidad los dispositivos que monitorean nuestro territorio, a fin de contar con datos de elaboración propia que permitan que instancias como ONEMI funcionen en la gestión de crisis de manera efectiva; ello a partir de proporcionar el insumo pertinente a la naturaleza de su problema.

El segundo gran punto, se relaciona al flujo comunicativo a nivel nacional: no poseemos un sistema de telecomunicaciones satelitales autónomo; nuestras principales redes de comunicación se mantienen en la fibra óptica; por tanto frente a un escenario de desastre natural que afecte la estructura física terrestre de las comunicaciones, no contamos con capacidad de autonomía y mantener la actividad económica (por ejemplo: ¿Cómo sabría usted si sus camiones con barras de acero pueden llegar a la terminal, si no cuenta con comunicación y depende de servidores  colapsados por millones de usuarios?). Dos actividades que se enmarcan en el desarrollo de una industria espacial nacional, cuyos productos sean pensando en la complejidad del escenario chileno; sus necesidades y alcance monetario , porque recordemos que para temas estratégicos y de impacto social, este gobierno “no tiene la billetera fácil”.

Me sabrán disculpar mis lectores, si en esta columna me he alejado de lo docto de mis investigaciones, pero estoy particularmente cansada de populismo y demagogia frente a la planificación de factores críticos del desarrollo país: deben comprender que mientras el mundo nos vende satélites por sobre los 175 millones de dólares + costos de lanzamiento, nuestros jóvenes científicos han desarrollado dispositivos cuyo costo final sería de 75 millones de dólares; al ser producto nacional fomenta la generación de una industria que necesariamente vincula a los sectores sociales como estatales; genera valor agregado en la cadena productiva y es tecnología al servicio de la comunidad : como whatsapp pero útil para la producción económica. El correcto monitoreo no es un lujo, es una necesidad muy real tanto como los terremotos y la gente de nuestro país, nuestros ciudadanos, que se ven privados de alimento porque se ha entorpecido un eslabón en la cadena productiva, uno que hace 80 años no tenía solución, pero que conforme avanzó la tecnología debió irse solucionando progresivamente; eso en el deber ser, porque en éste país se conforman con bonos; una solución temporal y agresiva a la dignidad humana, en vez de dirigir las acciones para el futuro; probablemente no el nuestro, sino el de nuestros nietos.

Y así como pasa en economía, pasa en educación; creemos estar a la vanguardia del mercado, pero lo cierto que la mentalidad cortoplacista y autocomplaciente no inserta a nuestro país, esta copia feliz del Edén, ni siquiera en la lógica del minimarket.

Lo siento mucho por la gente del borde costero nacional cuya economía se sustenta en la extracción de recursos marinos; la mala gestión y nula capacidad de proyección puesto que no hay herramientas para la planificación estratégica y eso por falta de voluntad y flojera lisa y llana de los que gobiernan sin conocimiento, impedirá que lleven la comida a sus casas. Lo siento por la miseria de bonos que les dan; no es culpa de ustedes que ya no haya presupuesto para bonos en serio, ni mucho menos que se repitan las estructuras que mantienen a la población en situación de vulnerabilidad, confiados en un futuro que no progresa, abanderados bajo el lema del “progresismo” que en Chile significa conservadurismo a nivel de recreacionismo histórico.

Y finalmente lo siento por Chile, a mi también me duele; me duele porque no tengo esperanzas en un mañana para este trozo de tierra de infinitas posibilidades e hijos del rigor.

fuente: Elquintopoder.cl | por: Victoria Valdivia

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