De Arsénico, turbiedad y otros males… ¡El agua de Tarapacá en su hora más crítica!

 

Más allá de la parafernalia de los discursos oficiales, de la timorata posición de los centros de investigación científica y del discurso “tranquilizador” que venden los voceros a sueldo de las mineras y la sanitaria… los fríos datos desnudan una realidad de espanto: cada vez hay menos agua en la región y la que queda, tiene más elementos tóxicos. Y por si fuera poco, una paradoja: si para las mineras el agua es gratis, la gente debe pagar la tarifa más cara de Chile. ¿Qué hacer?, por lo pronto, mirar al monstruo de frente.

 

Nuevamente nuestra región hizo noticia por los males resultados de los análisis de su sistema de agua potable. La Superintendencia de Servicios Sanitarios (SISS) reveló recientemente que existen 43 parámetros químicos, físicos y microbiológicos, que afectan la calidad del agua en 14 comunas del país y entre ellas figura Alto Hospicio, destacando por los altos niveles de turbiedad de su agua. En diciembre de 2012, la superintendencia detectó 9 localidades en el país cuyas aguas potables registraban altos niveles de elementos potencialmente tóxicos, triplicando la norma nacional y lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). … y adivinen, Tarapacá estaba entre ellos.

 

Son las cuatro de la tarde en la Pampa del Tamarugal y Mario Challapa mira su cada vez más pequeño peral. Parece un esfuerzo inútil, ya no es sólo que cada vez salen menos peras de pascua, es que ahora no alcanzan a madurar cuando caen del árbol, falta de agua, le dicen. Unos kilómetros al oeste, en la población “Milenio” de Pozo Almonte, María Acevedo se queja del “Prorrateo”, modelo “sui generis” a través del cual la sanitaria concesionada “Aguas del Altiplano”, hace que la gente más pobre tenga que pagar incluso por el agua que no consume. Más al oeste aún, ya cerca del mar, en la zona de “Autoconstrucción”, en Alto Hospicio,  Catalina Concha se armó con esfuerzo un hogar desde las panderetas y la caseta sanitaria que le cedió una vecina, vive de hacer queques, pero debe sumar a sus gastos la compra de cuatro botellones de agua purificada al mes. Le teme al arsénico. Hay quienes creen que exagera, pero lo cierto es que Alto Hospicio ostenta el triste récord de estar entre las 9 comunas con mayor toxicidad en sus aguas del país, tal como consignara la SISS.

 

Quizás la expresión más elocuente del problema del agua en la región, es que sea considerada como un recurso “No Renovable”. El agua en Tarapacá se ha depositado durante miles de años en cuencas cerradas o “endorreicas”, es decir que no están conectadas con otros afluentes, que han subsistido en un ambiente árido gracias a un delicado equilibrio hídrico, con descargas de aguas por evaporación y recargas por lluvias. Ese equilibrio voló en pedazos gracias a la actividad humana y en particular por la sobreexplotación generada desde la minería. Y no es de extrañar, después de todo, la recarga de los salares y afluentes sigue siendo la misma, lluvias escasas, mientras que la descarga se ha multiplicado y el resultado no podía ser otro: hoy, según registros oficiales, todas las cuencas hídricas de la región muestran un balance deficitario, es decir, el agua disminuye porque sale más de lo que entra. ¿Los responsables?, según datos de la propia Dirección General de Aguas (DGA), el sector económico que tiene la mayor cantidad de derechos de agua concedido es… ¡la minería!

 

Agua en Números Rojos

 

Decir que la Región de Ta­rapacá es una zona árida pue­de parecer una obviedad para quienes vivimos en este terri­torio, sin embargo, el enfren­tamiento con la dureza de las cifras permite entender este concepto en toda su dimen­sión. Las lluvias son casi nulas y centradas principalmente en la zona precordillerana y del altiplano, donde estima­ciones oficiales hablan de entre 150 y 180 milímetros de agua al año. Sólo a manera de ilustración, señalar que un día de lluvia importante en las zonas central o sur, puede llegar a acumular hasta 100 milímetros de agua promedio. Frente a esta situación, de suya delicada, las características de la matriz productiva en la región, en determinante en el deterioro de la situación del agua.

 

Cabe mencionar como ejemplo la situación del prin­cipal acuífero de la región, como es el de Pampa del Ta­marugal, que representa más del 65% de los derechos de explotación de aguas. Si bien no existe un dato preciso, di­versos estudios concuerdan en estimar en cerca de 1000 litros por segundo (l/s) la re­carga de dicha cuenca; en tanto que la descarga artificial o el volumen de vaciamien­to por actividad humana fue medida en 2.325 l/s recién en 2008. Por si esto fuera poco, en 2012 los derechos de apro­vechamiento de agua (DAA) aprobados alcanzan los 3.800 l/s, siendo la empresa sani­taria, Aguas del Altiplano, la principal beneficiaria. No es de extrañar entonces que desde la década del ’80, el acuífero presente un crecien­te déficit hídrico.

 

Por otro lado, los especia­listas concuerdan en advertir la relación entre cantidad y calidad del agua. En la me­dida que las cuencas se van vaciando, el agua debe ex­traerse a mayor profundidad, alcanzando zonas donde du­rante milenios se han ido de­positando minerales, sales y otras substancias tóxicas para la salud humana. Mientras más agua se extrae, la que queda tiene más salinidad. Esto se une a la ya de por sí si­tuación de salinidad que exis­te en las aguas regionales por su situación geográfica. La red de monitoreo de la DGA registra altos niveles de Arsénico, Boro y Mangane­so en distintos puntos de la región, principalmente en la zona del Altiplano, además de en las quebra­das de Camiña, Aroma, Chacarilla, Guatacondo y la Colonia de Pintados. De hecho en Camiña se han registrado niveles de Arsénico en las aguas naturales, superiores a 0,6 ppm, lo que su­pera la norma tanto para consumo humano, como para riego.

 

Aguas Tóxicas

 

El problema de la calidad del recurso se vuelve par­ticularmente preocupante en el caso del agua pota­ble de la región. Una verdad como puño golpea la conciencia de la región: los habitantes de Tarapacá no sólo se han visto expuestos históricamente a sus­tancias tóxicas en sus aguas, como el Arsénico, sino que las autoridades del país permiten que en estas tierras la gente consuma más de este metaloide de lo que permite en el resto del país. Cabe recordar que un Decreto Supremo de 2006 rebajó los límites legales de tolerancia arsénica en el agua potable, haciendo que la norma nacional se equiparara al de la OCDE y al que recomienda la Organización Mun­dial de la Salud (OMS), que es de 0,01 ppm. En ese momento, mediante un acuerdo a puertas cerradas, la Seremía de Salud hizo una excepción a la norma y aprobó la resolución No2987, según la cual, en la Región de Tarapacá los límites permitidos serías tres veces superiores, es decir, de 0,03 ppm hasta 2017. Una decisión pensada a partir de la salud de los es­tados de cuenta de Aguas del Altiplano, no de las personas.

 

¿Cuáles son los niveles reales de arsénico en las aguas de la región?, diversos análisis realizados prin­cipalmente en Alto Hospicio, que es la comuna don­de se registran los niveles más altos, varían entre el 0,02 ppm que es el índice más bajo registrado por la universidad Arturo Prat, hasta casi 0,05 que es lo que encontró el Colegio Médico. Es decir, el mejor de los resultados de los análisis… ¡duplica la norma nacional! Hacia la Provincia del Tamarugal los resul­tados son similares, siendo un ejemplo el casi 0,03 ppm encontrados en Pozo Almonte. Iquique, que es el que tiene las muestras “más limpias”, sigue en un 50% por sobre la norma nacional, con un 0,15 ppm, según lo registrado por la universidad. Cabe destacar que, según la propia OMS, el consumo prolongado de arsénico en el agua puede producir: cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, neurotoxicidad y lesiones cutáneas.

 

Pero la industria no afecta la calidad de las aguas de Tarapacá sólo disminuyendo su disponibilidad, sino también a través de la contaminación que ge­neran. Diversos estudios científicos dan cuenta de la existencia de “lluvia ácida” en la región, provocada principalmente por las emisiones que generan las centrales termoeléctricas que usan el carbón como combustible, la forma más contaminante de gene­rar energía que existe en el mundo. Una energía por demás, que no busca satisfacer la demanda de la población, sino del sector minero.

 

Estaciones de recolección de aguas de niebla de la Pontificia Universidad Católica en la región, mues­tran una alta acidez en el agua, la que se atribuye a la contaminación por ácido sulfúrico. Cabe señalar que la quema de carbón e hidrocarburos para la ge­neración de energía, envía a la atmósfera altas can­tidades de óxido y dióxido de azufre, además de ni­trógeno. Considerando 5 de acidez en el pH como punto medio, cualquier nivel inferior es ya definido como “lluvia ácida”, y en la región la niebla y las lluvias presentan un nivel de acidez en torno al 3.1 de pH. Estos contaminantes cubren amplias extensiones de territorio viajando a través de la niebla, el viento o la lluvia, provocando un importante daño al me­dio ambiente.

 

El “Quién Es Quién” en el acaparamiento del agua

 

Según el Catastro Público de Aguas de la DGA, en la Región de Tarapacá, el mayor caudal otorgado lo tiene la empresa sanitaria, Aguas del Altiplano. En segundo lugar están las mineras Doña Inés de Co­llahuasi, Soquimich, quebrada Blanca y Cerro Colo­rado. En conjunto, el sector minero es el que más derechos de agua posee. En total, a 2012 se aprobó la extracción de 7.503 litros de agua por segundo. Cabe señalar que los Derechos de Aprovechamien­to de Aguas están definidos en el Código del Agua de 1981 y son otorgados a todas las personas, natu­rales o jurídicas, que los soliciten, siempre que no afecte a terceros y que permiten el uso de goce de esas aguas, prácticamente a perpetuidad y en for­ma gratuita.

 

La explosión en el otorgamiento de derechos de agua está marcada por el aterrizaje de las grandes compañías mineras y el crecimiento demográfico de la región. En el primer caso, destaca la instalación en la década del ’90, de las explotaciones de las mi­neras Collahuasi, Quebrada Blanca y Cerro Colorado en la zona del Altiplano y la Pre-cordillera, acaparan­do las aguas de los salares de Michincha, Coposa y Lagunilla, en una primera etapa. Otro brazo minero es el desarrollado por Soquimich, que explota prin­cipalmente el yodo en la zona de la Depresión In­termedia, a quien le otorgaron aguas del Salar de Llamara, la Quebrada Amarga y la desembocadura del Loa.

 

¿Qué nos depara el futuro?… la respuesta puede ser cualquiera menos optimista. Si bien hay mucho que seguir investigando sobre la realidad del agua en una de las regiones más desérticas del mundo, como es Tarapacá, el análisis objetivo de la infor­mación disponible sólo nos puede llevar a una con­clusión: cuando los intereses económicos de unos pocos se ponen por encima del derecho al acceso al agua de la población y su entorno natural, la vida como la conocemos, tiene los días contados.

por El Independiente.

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