Chile-Bolivia: la prosperidad fracasada

Cuando las relaciones fracasan, rápidamente florecen las ideas inútiles. Los últimos años de la relación chileno-boliviana da cuenta de esto. Aquellas relaciones que se vuelven de suma cero, donde nadie gana y donde ambas partes desaprovechan oportunidades de prosperidad común.

Luego de mucho tiempo de recibir hostigamiento por parte del presidente Evo Morales, el gobierno de Chile decidió recurrir a la CIJ en La Haya. Tengo mis dudas sobre si caer en la cancha de Morales, un presidente populista, pueda ser un logro para Chile. Mantengo mi distancia con aquellos que celebran esta demanda. El Silala no merece demanda ni menos contrademanda. Ambas son un error, un fracaso para ambos países. Así no se dialoga, sobre todo considerando que este tema pudo haber sido resuelto en forma bilateral, tal como se frustró en el 2009.

Sostengo dichas prevenciones a pesar de que comprendo plenamente que Chile tiene razón en cuanto a su argumentación jurídica. El río Silala es un caudal de agua internacional, tal como lo reconoció siempre Bolivia hasta 1997. Cabe recordar –a modo de ejemplo– las declaraciones de prensa del ex canciller boliviano Antonio Araníbar, donde reconoce explícitamente en 1996 que Bolivia es dueña del curso superior de las aguas y Chile del curso inferior. De esta declaración, siguiendo el derecho internacional, se desprende que el Estado que tiene el curso superior de las aguas no puede apropiarse del total de estas, debiendo considerar un uso equitativo. Aquí el reconocimiento fue expreso, no cabe espacio para interpretaciones.

Dicho esto, algo no tiene sentido en la forma en que estamos llevando esta relación.

Las oportunidades de integración económica entre ambos países son muchísimas, la prosperidad común podría estar a la vuelta de la esquina. Sin embargo, la discusión está lejos de iluminar esas oportunidades. Por el contrario, la animosidad de la disputa y la opinión pública de ambos países nos empujan al ring, a la pelea chica. En medio de ese clima, las oportunidades de integración siguen pasándonos frente a nuestras narices.

Ejemplo paradigmático de la prosperidad fracasada fue el intento de exportación de gas boliviano por puertos chilenos durante los gobiernos de Ricardo Lagos y Hugo Banzer. Intento que fracasó luego de la precipitada muerte del general y los inestables gobiernos que le sucedieron. La inestabilidad, el nacionalismo y la revancha impidieron la prosperidad común.

Caso inverso es la relación chileno-argentina, en donde luego de la frustración y el daño que se produjo en la relación por el corte de gas en el primer gobierno de Bachelet, hoy es Chile el que le envía gas al país trasandino, para que en el futuro vuelva a ser Argentina la que lo haga hacia Chile. Un giro que pocos podían proyectar hace una década. He ahí un ejemplo de que el buen clima produce oportunidades comunes.

En el hostigamiento de Morales y la reacción chilena pareciera no vislumbrarse una amenaza brutal para el futuro de ambas partes: luego de esta judicialización el daño en la confianza nos acompañará durante mucho tiempo. Pasarán los gobiernos de Morales y Bachelet, pero ambos Estados continuarán con una relación judicializada en La Haya. Sabemos que la Corte se toma un tiempo extenso para conocer y fallar en estos casos, por lo que no se vislumbran buenos tiempos en la relación chileno-boliviana, dando paso nuevamente a que las oportunidades comunes vayan al congelador.

 

Vlado Mirosevic

Diputado Partido Liberal de Chile

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