26 de junio: El abrazo de Chile

 

Los que ya pasamos de los 70 años, tenemos en el podio de nuestro imaginario a los jugadores chilenos del Mundial de Fútbol del año 1962. Eran los ganadores de esta selección que logró el Tercer lugar, sorpresa para muchos, dirigidos por Fernando Riera, entrenador chileno, en el mencionado evento realizado en Chile con sedes en Arica, Viña del mar, Rancagua y nuestro estadio Nacional en la capital.

Después de aquella máxima gloria de nuestra selección nacional, todo fue a los tropezones, todo era, de alguna manera, culpa de la mala suerte que se aparecía para no alcanzar la gloria y no acompañar en nuestro antiguo podio, a los del Mundial del 62.

Esta mala suerte, o hechos fortuitos, se aparecían siempre, incluso en el mencionado certamen, se dijo que Chile no pasó de la semifinal que jugaba con Brasil, porque un fotógrafo de la prensa, encandiló con su flash a Misael Escuti, nuestro arquero, que además le decían el “ciego Escuti”, y con ese gol empezó la debacle, que permitió que Brasil nos ganara 4 a 2.

Posteriormente en la definición del premio de consuelo; un golazo en el último minuto del centrocampista Eladio Rojas, contra Yugoslavia, nos adjudicó merecidamente el Tercer Lugar.

En consecuencias nuestros héroes eran: Leonel Sánchez, el “Fifo” Eyzaguirre, Jorge Toro, Eladio Rojas, Raúl Sánchez, el “Chita” Cruz, Honorino Landa, Jaime Ramírez, etc… incluso para alimentar nuestro chauvinismo, en esa nómina también hubo un jugador iquiqueño -Manuel Astorga-, era el tercer arquero y no jugó ningún partido, pero fue parte de nuestro equipo de los sueños, con medalla del Tercer Lugar de ese recordado Campeonato Mundial de Fútbol.

Luego, a pesar de que ha habido buenas selecciones, nunca se alcanzó llegar tan alto en un mundial, e incluso la Copa América se ganó después de mucho tiempo, creo que Chile era el único país de América que no la había ganado.

Y en los mundiales, como siempre la culpa la tuvo la mala suerte; el penal de Caszely en el 1982, el de Sierra en el 1993, el palo de Pinilla en el 2014, en fin siempre había una razón ajena a la calidad del juego por lo que no lográbamos destacar.

Y en nuestro imaginario seguían prevaleciendo nuestros jugadores del mundial del 62, con “un sonoro ceachei y bailando rock and roll”, con la voz de Germán Casas y los inolvidables Ramblers.

Eso hasta ahora, que aparecieron los reyes, príncipes, gatos, perros, bravos, y otras maravillas, “una manada de lobos depredadores”, como los calificó un periodista extranjero, que nos han convertido en Campeones de América por cien años. Los más viejos ya podemos subir a nuestro añejo podio, a esta nueva generación, porque como dijo un hincha del rival, “ganarnos a nosotros, che, es ganar la Copa del Mundo”.

Generación llamaba dorada por algunos, soñada por otros, y madura por los más entendidos, mencionando que son hijos de Sulantay, Bielsa, Borghi, Sampaoli y Pizzi.

Yo me quedo con lo comentado por uno de ellos en una entrevista, después del juego; “nosotros somos hijos del rigor”, la mayoría proveniente de familias trabajadoras, de provincias, de barrios marginales, pobres, con trabajos eventuales, y siempre mal pagados. La prensa se ha encargado de dar a conocer la vida familiar de cada uno de ellos, repetirlo en esta columna ya sería farándula. Ellos con ayuda de sus padres se propusieron salir de ese estatus y con tesón y esfuerzos fueron haciendo su carrera gladiadora, mejorando su forma de vida y de paso alegrar los corazones de todo Chile, desde la capital hasta los más apartados rincones de nuestro país.

El 26 de junio de 2016, será inolvidables para nosotros, en un partido emocionante, sin goles en los 90 minutos, por la mala o buena suerte, se ganó la Copa Centenario en Nueva Jersey, Nueva York, Estados Unidos, al mismo rival que se derrotó en casa en la Copa América 2015, y con idéntica fórmula para ambos encuentros; infartante definición a penales; los nuestros estaban más golpeados, ellos más presionados por su propio ego; 4 a 2, fue el marcador final. En ese momento Chile se unió en un solo abrazo.

Abrazo de Chile que nos está haciendo falta en todos los ámbitos, para volver a entendernos, a ponernos de acuerdo, y a querernos, para ser más felices.

 

Guillermo Jorquera M.

Iquique, 1 de julio 2016

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