Canallada Irracional

El manido argumento que el “envejecimiento” hace inviable el sistema de reparto y no a la capitalización individual, no sólo es falso porque exagera groseramente la tasa de cotización requerida por aquel. Es un argumento canalla que al afirmar que “en el largo plazo ya que no tendremos una base de trabajadores suficiente para soportar las pensiones de los pensionados” (sic), justificando así la “solución” implícita de las AFP al aumento en la proporción de adultos mayores: ¡empobrecerlos cada vez que detectan un aumento en la esperanza de vida, y más todavía a las mujeres! Es irracional puesto que pasa por alto el hecho evidente que en cualquier época y con cualquier sistema de pensiones, solo los que trabajan pueden y deben mantener a los que no pueden trabajar. Éstos, además de los viejos incluyen a niños, jóvenes e inválidos y la carga total sobre cada activo será inferior a fines de este siglo que lo que era a fines del pasado. Además, la productividad del trabajo se habrá multiplicado muchas veces, por lo cual dicha carga será muchísimo más liviana.
La propaganda de las AFP exagera groseramente el cálculo de la supuesta cotización requerida en el esquema de reparto, suponiendo que sólo en éste todos los adultos mayores se sostienen exclusivamente mediante el sistema contributivo y además permanece sin cambios la edad de jubilación. En realidad los adultos mayores nunca se sostienen sólo con cotizaciones descontadas a los salarios. Ellos mismos y sus familias siempre han contribuido a su sustento y los Estados modernos se hacen cargo de quienes no participaron significativamente en la fuerza laboral a lo largo de su vida activa.
En Chile los adultos mayores aportan muchísimo a su propio sustento y sus familias también. Éstas no son canallas y se ven forzadas a su vez a contribuir un oneroso “copago” al sustento de sus mayores puesto que las pensiones AFP que no les alcanzan para vivir. Éstas son tan bajas que más 800 mil adultos mayores deben continuar trabajando, según estimaciones recientes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Ellos incluyen más de 300 mil no han podido jubilar a pesar de haber cumplido su edad legal de retiro, son casi todas mujeres y representan un 40 por ciento de los actuales jubilados por edad en las AFP. Por este motivo la edad de jubilación efectiva es cercana a los 70 años para hombres y mujeres, como han estimado la OCDE y la Comisión Bravo. De paso, ello comprueba que aumentar la edad de retiro, la otra “solución” de las AFP a las bajas pensiones ¡es una burla!
El Estado chileno, por su parte, paga hoy más del doble de pensiones civiles que las pagadas por las AFP a adultos mayores. Aquellas incluyen a junio del 2016 poco menos de 700 mil pensiones del sistema antiguo y cerca de 600 mil pensiones básicas solidarias (PBS), casi todas a adultos mayores y dos tercios a mujeres, además de otras hasta completar poco menos de 1,4 millones de beneficios, sin contar más de 700 mil Aportes Previsionales Solidarios (APS) que suplementan otras tantas pensiones pagadas por AFP y cías. de seguros pagaron en junio 2016 un total de 763 mil pensiones por edad, a las que se suman pensiones de invalidez, viudez, hijos y otras, hasta completar 1.148.602 beneficios pagados millones ese mes. De este modo, el sistema público no contributivo debe pagar hoy pensiones a dos tercios de los adultos mayores que no reciben nada de las AFP.
En la propuesta C de la Comisión Bravo, preparada por la profesora Leokadia Oręziak, la proporción de adultos mayores en el sistema no contributivo se reduce a sólo un tercio de los adultos mayores y la edad de jubilación se iguala en 66 años para hombres y mujeres en la década de 2040. Ello permite sostener a lo largo de todo el siglo, exclusivamente con las cotizaciones, es decir sin ningún subsidio fiscal, pensiones que equivalen a dos tercios de las remuneraciones imponibles; hoy no llegan ni a la tercera parte. La actual tasa de cotización de 12,5 por ciento de las remuneraciones se mantiene sin cambios hasta mediados de la próxima década y luego sube gradualmente hasta alcanzar 24,6 por ciento al año 2050. Dicha tasa es razonable y muy inferior al 35 o 40 por ciento que estima la propaganda de las AFP. ¡En el año 2050, al sistema de reparto le basta una tasa de cotización de 24,6 por ciento basta para sostener, sin subsidios, pensiones que son más del doble de las actuales en proporción a los salarios!
El espantajo del “envejecimiento” que agita la propaganda de las AFP es irracional, puesto que olvida el hecho evidente que en cualquier sociedad y en cualquier momento de la historia, sólo los que trabajan pueden y deben sostener a los que no trabajan. Si no lo hacen mueren al cabo de pocos días. Ello es independiente de los sistema de pensiones, que sólo son mecanismos de cálculo de la proporción del tiempo de trabajo y los bienes y servicios que los trabajadores activos producen en cada momento, que ellos deben destinar a sostener a sus viejos. Dicho en otras palabras, es irracional suponer que alguien o algo que no sea el trabajo humano puede producir los bienes y servicios que cotidianamente requieren para vivir los que no pueden trabajar. Los jubilados no comen billetes sino pan y el que desayunan cada mañana no lo proporcionan las AFP ni se saca de las bóvedas de un banco ¡lo hornean los panaderos esa misma madrugada! Si hay más adultos mayores, evidentemente hay que darles una proporción mayor del pan que se produce cotidianamente, lo contrario es una canallada.
La propaganda de las AFP olvida asimismo que los trabajadores activos no sólo deben sostener a sus viejos sino también a sus niños, jóvenes y enfermos. La demografía denomina “tasa de dependencia” a la proporción de personas pasivas que debe sostener cada persona en edad activa. Usando la imagen de la mesa de una familia trabajadora, actualmente se sentarían en la misma seis personas en edad activa, tres hombres y tres mujeres, las que con su trabajo deben alimentarse diariamente ellos mismos y a otros tres comensales, su madre en dos tercios de las familias y su padre en el tercio restante, y dos niños. La población trabajadora chilena actual se puede representar como si estuviese compuesta por poco menos de dos millones de familias como ésta, de nueve comensales en promedio.
Si suponemos que lo único que necesitan para vivir es pan —es decir, que este pan representa todos los bienes y servicios que consume una familia trabajadora promedio y que el INE cuantifica en la llamada “canasta de consumo familiar”— y que todos comen la misma cantidad, cada trabajador activo tendría que producir hoy nueve panes, de los cuales él comería seis y entregaría uno a su madre o padre y uno a cada uno de sus dos hijos. De este modo, todos comerían seis panes y se satisface la tasa de dependencia de 0,5 pasivos por cada persona en edad activa vigente en el 2016. Este año dicha tasa ha alcanzado su mínimo secular, es decir, es la más liviana que soportará nuestra sociedad a lo largo de toda su historia pasada y futura, pero no estamos dando ni buenas pensiones ni buena educación. Por algo será, pero no es por la demografía.
Poco después del año 2050, la mesa familiar tendrá solo dos personas en edad activa, una mujer y un hombre, uno de sus padres y solo un niño o niña en la mitad de las familias y ninguno en la mitad restante. La población chilena en ese momento podría representarse por aproximadamente 5,7 millones de familias de 3,5 personas cada una en promedio, como ésta. Se satisface así la tasa de dependencia que según las proyecciones demográficas más conservadoras, en al año 2050 alcanzaría a 0,75 personas pasivas por cada persona activa.
Cada trabajador y trabajadora necesitará producir siete panes, de los cuales se comerá cuatro y dará dos a su vieja o viejo y uno a su niño o niña si lo tiene, o al de su vecino si no ha tenido descendencia. De ese modo todos comerán cuatro panes, que suponemos tienen el mismo contenido nutritivo de los seis que se ha supuesto que cada miembro de la familia trabajadora consume hoy día.
En 1970 la cosa era muchísimo más esforzada. La mesa principal tenía doce sillas para otros tantos trabajadores y trabajadoras, mientras en la cabecera se sentaba su madre o padre. Pero necesitaban además una “mesa del pellejo” para sentar ¡a 14 niños y niñas! La población de ese momento se podía representar por 370 mil familias de 27 miembros en promedio, como ésta. Cada persona activa debía producir 27 panes, dejando 12 para sí y dar uno a cada niño y otro a su vieja o viejo. De ese modo todos comían 12 panes. Así se cumplía la tasa de dependencia que en ese momento era poco más de 1,2 personas pasivas por cada activa, la más elevada de la historia en nuestra sociedad, antes o después. Es decir, cada uno de nuestros activos y esforzados padres o abuelos debía sostener a poco más de 1,2 pasivos, la mayoría de los cuales eran los niños y jóvenes que son los chilenas y chilenos activos de hoy.
Adicionalmente, el tiempo de trabajo que ellos debían dedicar a producir el pan requerido para alimentar a toda la familia trabajadora de entonces, incluidos sus viejos, era mucho mayor que el que requiere hoy en día, puesto que se utilizaban tecnologías de mucho menor productividad. Solo por dar un ejemplo, en ese tiempo todavía en muchos lugares se cosechaba el trigo segando con hoz o hechona como se la llamaba, acarreando las gavillas en carreta de bueyes hasta una máquina trilladora de la cual se sacaba el grano en sacos que se cargaban a hombro en camiones para ser enviados al molino. Trabajaban en esta faena varias decenas de campesinos, de sol a sol y durante semanas. Hoy día hace lo mismo en pocas horas un sólo asalariado agrícola manejando una cosechadora automotriz que siega, trilla, almacena y descarga el trigo en el camión que lo lleva al molino.
Por la misma razón, el tiempo de trabajo que deberán destinar los trabajadores activos del año 2050 para producir los panes requeridos para sostener a toda su familia, incluidos sus viejos, será mucho menor que el que se requiere en la actualidad. Es lo que sucede hoy en los países desarrollados, donde con jornadas más reducidas los trabajadores sostienen muy dignamente una proporción de adultos mayores parecida a la que Chile tendrá a mediados del siglo
La causa de las bajas pensiones no es la demografía presente ni futura, sino las mismas AFP que expropian las cotizaciones que los trabajadores destinan para sostener a sus viejos y no devolverán ese dinero jamás.
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Manuel Riesco

Economista del Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo (Cenda)

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