¿Cuál es el mal que aqueja a la izquierda?

“…El mal que aqueja a la izquierda no es el “corbynismo”, sino la idea de que para ser de izquierda hay que renunciar a todo lo que define a la izquierda…”.

Es simple el mundo de Genaro Arriagada. “El mal que amenaza a la izquierda”, según él (columna publicada el martes 8 de noviembre), consistiría en que mediante manipulación de las reglas un grupo de “rabiosos” de izquierda, que se consideran a sí mismos “los puros, los revolucionarios” y que “odian a la democracia representativa y los cambios graduales”, logra hacerse del control de la organización.

“La última delirante expresión de esta receta es Jeremy Corbyn”, y ese mal sería tan contagioso como el mal de las vacas locas (en el mundo de Arriagada la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob es contagiosa). Estaría de hecho “incluso” llegando hasta nuestras costas.

Puede ser útil repasar algunos hechos ocurridos en el mundo real, no en el de Arriagada. Después de sufrir una derrota en las elecciones generales de 2015, el Partido Laborista debía elegir su nuevo líder. Corbyn logró inscribir su candidatura con firmas parlamentarias conseguidas el mismo día que se cerraban las postulaciones. Contra todas las expectativas, obtuvo el 60% de los votos en una elección con cuatro participantes, gracias principalmente al voto de adherentes, ciudadanos que pagando cuatro libras esterlinas tenían derecho a sufragio. En sus primeros nueve meses de gestión (iniciada en septiembre), el PL incorporó a 300.000 militantes.

Dada su postura errática frente al referéndum sobre el Brexit, los parlamentarios laboristas (la mayoría todavía New Labour) presentaron un voto de censura en contra de Corbyn, y forzaron una nueva elección. Solo en una semana 60.000 nuevos militantes se inscribieron para votar por Corbyn. La institucionalidad del partido intentó impedir que los nuevos militantes pudieran votar, y aumentar de cuatro a 25 libras el valor del voto de los adherentes, con el objetivo de desincentivar su intromisión en la lucha interna. Pero estos intentos fracasaron. Recibiendo el apoyo de todos los grandes sindicatos (bastión histórico del laborismo), llenando plazas, auditorios y calles en las localidades que visitó durante su campaña, Corbyn ganó con una votación mayor a la anterior.

Como se ve, hay efectivamente puntos comunes entre esta historia y la política chilena. Uno nada de despreciable es que el proyecto de Tony Blair, lo que Margaret Thatcher pudo decir que había sido “su mayor éxito” y que terminó apoyando la invasión norteamericana en Irak, había salido del poder en medio de un descrédito completo. Pero el Nuevo Laborismo, que estaba desacreditado en la sociedad, todavía tenía poder dentro de la organización e intentó usarlo. Tal como ocurre en Chile, en que el partido del orden, que ya está desacreditado en la sociedad, todavía tiene poder en las organizaciones políticas de las que surgió. El mundo de Arriagada escomo una cámara obscura: una representación invertida de las cosas.

En ese mundo invertido, lo más importante de la elección municipal fue un “giro a la derecha”, no el hecho de que tanto la derecha como la Nueva Mayoría bajaron sus votaciones, y que la diferencia está en que la derecha bajó menos. Decidora mente, para Arriagada y el “partido del orden” esto significa lo mismo que para la derecha: que la ciudadanía rechaza las transformaciones que el gobierno actual prometió Si uno corrige la inversión, observa lo contrario: por ejemplo, que el partido que sufrió más “desangramiento” fue el que más claramente se ha opuesto a esas transformaciones. En el mundo de Arriagada, que la Democracia Cristiana haya sido la que más se oponía a las transformaciones y que haya sido la que sufrió el castigo más severo quiere decir que los volantes rechazan las transformaciones.

 

FERNANDO ATRIA

MU HELI I- PEUTAT

Izquierda Socialista

fuente:ElMercurio

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