Daniel Rojas Pacha: Algunos apuntes sobre la maleabilidad tras la idea de contrabando y frontera.

 

 

Hace unos años en un encuentro editorial en el centro del país, los organizadores me preguntaron en una entrevista qué diferenciaba a la escena del norte, qué hacía única a la industria editorial y a las nuevas voces que habitan de Arica a Copiapó. En el acto pensé en un prólogo que Lihn realizó para una colección de cuentos titulada Diez cuentos de Bandidos, publicada por Quimantú. Allí Lihn propone una evaluación del término bandido a lo largo de cada época y cómo ese concepto y la mirada sobre el sujeto en cuestión variaba en cada autor acorde a las leyes del momento y la idea de transgresión. Pensé en ello y en el acto se me vino a la mente la noción de contrabando y frontera. El norte es un desierto y hay largas extensiones que son una invitación a vivir en medio de la nada o en el mejor de los casos optar por moverte en busca de la otredad, salir al camino y vagar en busca de lo desconocido. Ir a la caza de eso que te han enseñado es diferente y que muchas veces debe ser temido o rechazado pues así lo ordenan las ideas centrales, el buen juicio y quienes dictan dichas enseñanzas que por lo general, predican con severidad desde el núcleo mismo de nuestra sociedad, de espaldas a todo margen o extra muro. Por tanto Arica que es dónde me tocó crecer, siempre pesó la idea de que Perú y Bolivia, lo Latinoamericano inmediato, debía resultarnos extraño, pues ellos no estaban interesados en nosotros, en muchos casos sigue siendo la consigna dominante, se hace mofa de su cultura, se usan apodos y cada instancia que proponga una pugna, sea el fútbol, los límites o los nombres de los tragos y las comidas, dará píe a resaltar las odiosas diferencias. También te enseñan que las fronteras son lugares peligrosos, en el cual se trafican sustancias ilícitas, productos que no deben ingresar a nuestro territorio y corromper la soberanía, por último te das cuenta que esas fronteras son sólo un bluff, cientos las cruzan a diario o de plano las ignoran pues uno es un habitante de ese mestizaje perpetuo, por eso cuando respondí a los organizadores del encuentro dije con seguridad: Somos híbridos y tenemos libertad no para salir de los moldes como un turista, sino vivir parados sobre ellos, habitando la diferencia y el cambio constante. En el caso de la escritura, a ustedes se la impusieron de un modo correcto y canónico como un salmo, nosotros somos herejes y por eso traficamos contenidos, del mismo modo los libros viajan de Cochabamba a Iquique o de Desaguadero a Lima y luego otros libros retornan por esa vía a Arica y siguen camino a Antofagasta, es un constante tráfico de ideas, piénsenlo así, el libro más importante del siglo XX, El Ulises de Joyce, entró a América en forma de contrabando, camuflado con tapas de la biblia pues había sido declarado pornográfico por los censores del centro.

Por Daniel Rojas Pachas.

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