Poesía en la frontera norte

 

 

Supongamos a un grupo de forajidos quiénes, en lugar de cadáveres, arrastran féretros cargados de libros levantando polvo en la frontera. Sus barbas y chaquetas disparan las alarmas. La punta de una solapa asomando en el estuche.

La brutalidad del sheriff y la torpeza de sus secuaces despierta entonces bajo la premisa de evitar, a toda costa, que la pólvora de la escritura se esparza tras los límites del condado. Que la palabra alborote las normas de los buenos samaritanos negociando con su puñado de alpiste la seguridad de sus comarcas. Y, por supuesto, que el costo del papel impreso no se pase por alto.

Así, la cota del territorio convierte a la literatura en el forastero. En el agente patógeno. En el blanco sobre el cual ajustar la mira. Y de este modo, se gatilla el disparate en los salvaguardas del contrabando. Porque, como bien sabemos, para los representantes de la ley y el orden nada bueno puede provenir de un libro. Y, mucho menos, de la pandilla de salvajes que resueltos los portan.

Ficción aparte, este cuento se repite cada vez que vamos o venimos de uno y otro lado de los puestos fronterizos, quienes hemos hecho de esta macro zona nuestro campo de operaciones. Sin ir más lejos, hace menos de una semana nos vimos enfrentados -cada quien avanzando por sus flancos- con la miopía de los tuertos que protegen las cercas divisorias.

Se nos ha hecho costumbre, es cierto. Hemos aprendido un par de trucos para que el conteo no les cuadre. Para que se cabeceen entre ellos mientras los miramos con más o menos sorna. O para, simplemente, aprovecharnos de la afrenta y contemplar las bondades del paisaje.

Y es que la literatura puede muchas cosas y, entre una de esas tantas nos permite sortear o, al menos, poner en duda el absurdo de ciertos imperativos. Y enfrentar la brutalidad del sheriff y la torpeza de sus secuaces con las balas pasadas, sin temor alguno, ya sea, en lo alto de la montaña o allá abajo, arrastrando nuestros féretros a nivel del mar.

Autor: Juan Malebrán, Poeta Iquiqueño, coordinador del área de letras proyecto mARTadero, radicado en Cochabamba, Bolivia.

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