Tribunal Constitucional y aborto en tres causales: otra gran deuda democrática

 

Este martes 8 de agosto el Tribunal Constitucional acogió a trámite el recurso presentado por la Derecha, para invalidar la ley recientemente aprobada en el Parlamento, de despenalización del aborto en tres causales: inviabilidad del feto, peligro de vida de la madre y violación. Su sola revisión ya supone una dura afrenta contra la democracia. El que una decena de personas, designadas a dedo, tenga la capacidad inapelable de torcer la voluntad soberana del pueblo, es uno de los grandes lastres que aún carga Chile, como herencia negra de la dictadura militar.

Fueron más de 2 años de arduo debate parlamentario, en el que participaron cientos de especialistas, científicos y representantes de la sociedad civil, que terminaron en un resultado que acerca un poco más a nuestro país a la órbita del mundo civilizado. No resulta humano y  sensato, que una mujer que debe abortar, a lo menos por las terribles causales antes señaladas, tenga además que soportar penas de cárcel. No es casual que en el mundo sólo 7 países, incluyendo Chile, tengan prohibición absoluta frente al aborto. No es casual tampoco que desde 1936 y hasta 1989, el aborto terapéutico haya estado permitido en el país.

Por demás, no deja de ser indignante que aquellos que se declaran “pro vida” hoy, sean los mismos que fueron cómplices de las más brutales violaciones a los derechos humanos que ha vivido nuestra historia, con miles y miles de asesinados por sus ideas políticas, entre ellos, muchas mujeres embarazadas y niños.

Quien impuso el brutal sinsentido de la prohibición total del aborto, fueron los mismos que impusieron un Tribunal Constitucional -entre otros amarres institucionales- para salvaguardar una constitución ilegítima como la de 1980. La dictadura cívico-militar armó todo un sofisticado andamiaje, para preservar un orden institucional impuesto a Chile por la fuerza, orden destinado a cristalizar las granjerías que le habían dado a un puñado de escogidos. El fin al sistema binominal, sin duda será recordado como un enorme triunfo de la democracia frente a la herencia de la dictadura, y uno de los mayores legados de la administración de la Presidenta Bachelet. Pero la tarea aún no está concluida.

En la batalla por la aprobación de la ley de aborto en las tres causales, no sólo está en juego un derecho inalienable de las mujeres a decidir en momentos críticos y extraordinarios de sus vidas, está en juego la salud democrática y las propias perspectivas de desarrollo de nuestro país. No es posible ni aceptable, que una minoría fundamentalista le imponga su cínico criterio sobre la vida, a todo el país. Ellos ya impusieron su mirada con otras temáticas claves, como las reformas laboral o educacional. Avanzar hacia un país más justo, democrático y desarrollado pasa necesariamente por superar la herencia maldita de la dictadura, como lo es hoy el Tribunal Constitucional. Avanzar entonces en la generación de una gran convergencia política y social, en pos de la democratización de la patria, es hoy la madre de todas las batallas.

 

 

Compartir:
Etiquetas

*

*

Arriba