A 44 años del Golpe de Estado: Terminar la tarea inconclusa de Democratizar Chile

 

 

Este 11 se septiembre se cumplieron 44 años desde ese fatídico Golpe de Estado, que llenó de sufrimiento y muerte el corazón de la patria. Muchos años para algunos, muy pocos para otros, ¿el cruento quiebre de la democracia en Chile es ya un problema del pasado? Los crudos hechos demuestran que no sólo no es un asunto del pasado, sino que sus repercusiones humanas, éticas, políticas, sociales y económicas, están dramáticamente presentes. El tiempo es por tanto un indicador relativo, sólo recordar que el 11 de septiembre es también un día de tragedia para el pueblo catalán, y el pasado 11 más de 500 mil personas salieron a las calles de Barcelona, para recordar la batalla en que se sepultaron sus aspiraciones de independencia en… ¡1716!

La pregunta de los años resulta por tanto irrelevante. La pregunta es cuanto de ése pasado, terrible y heroico, condiciona nuestro presente y por tanto, nuestras proyecciones futuras. Lo cierto es que la afectación se da en múltiples dimensiones, todas dialécticamente relacionadas. Sin duda hay una dimensión ética, de respeto por los Derechos Humanos y la voluntad popular; lo que está condicionado a la demanda de verdad y justicia. El “Nunca Más” sólo puede construirse en la medida que la sociedad chilena sepa de los horrores de la dictadura, que asuma que nada puede justificar aquello; pero también en el castigo a los responsables, un castigo ejemplar, que disuada aventuras sediciones y genocidas en el futuro. Y este punto, sin duda es un debate de presente, lo es por ejemplo, en el debate por el cierre de Punta Peuco o del fin al secreto impuesto en la Comisión Valech I, para proteger a los torturadores.

Hay también una dimensión política, económica y social. No podemos olvidar que el Golpe de Estado buscó romper la voluntad soberana del pueblo de Chile expresado en las urnas, para imponer a sangre y fuego, otro modelo de país, un modelo hecho a la medida de la oligarquía nacional y el imperialismo norteamericano. Ya Joaquín Lavín calificaba en uno de los libros a la dictadura como una “Revolución Silenciosa”, que implicó una profunda transformación del país. Privatizaciones, imposición del sistema de AFPs, Código del Trabajo, Estado Subsidiario, etc, son problemas que aún sufre nuestro pueblo. La justa demanda de No+AFP que hoy congrega las voluntades de millones de chilenos, es precisamente en respuesta una de las expresiones más dramáticas del modelo impuesto por Pinochet. Tiene también hay una dimensión institucional, en la forma como se respeta la democracia, con la imposición de una serie de contrapesos y distorsiones a la voluntad popular, cristalizadas en la constitución aún vigente del dictador.

Hay que ajustar cuentas con el pasado, pero eso no pasa por la imposición del olvido, sino por avanzar decididamente a superar la herencia de la dictadura. Al respecto, no cabe sino reconocer los importantes avances que se han registrado en este primer gobierno de la Nueva Mayoría: fin al sistema electoral binominal, el voto de los chilenos en el exterior, o la elección democrática de autoridades regionales, destacan en el ámbito institucional; la tipificación del delito de tortura, de desaparición forzosa o el posible fin del secreto en la Comisión Valech, van en la dirección correcta a nivel de la búsqueda de verdad y justicia; la gran reforma educacional, la reforma laboral o la tributaria a nivel de derechos sociales. En síntesis, se trata del primer gobierno desde el fin de la dictadura, que ha avanzado efectivamente en desmontar su oscuro legado.

Pero aún queda mucho camino por recorrer. Este importante pero aún débil e insuficiente proceso de reformas estructurales, puede verse rápidamente truncado. Las mismas fuerzas e intereses que fueron artífices y cómplices del Golpe de Estado en ese septiembre terrible, son las que hoy  nuevamente quieren hacer retrotraer la historia. Y hoy, como ayer, esas fuerzas son poderosas. Pero desde El Independiente, desde estas tierras que sufrieron el infame legado de Pisagua, creemos  que no son la mayoría. La mayoría de los chilenos buscan construir una sociedad más justa, democrática y desarrollada, donde se respete la soberanía popular y se aseguren derechos sociales básicos. Hoy, estamos a poco más de 2 meses para que se definan los destinos de la patria, marcados por la contradicción entre transformación o reacción, entre seguir avanzando en las reformas, o terminar anclados a la sociedad que impuso Pinochet. Frente a la posición que cada uno asuma en esta batalla, es como mañana nos juzgará la historia.

 

 

 

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