Coronel Ernesto Galaz Guzmán: La ética del oficio de las armas

 

                 Siempre hemos sabido que la vida es un viaje de ida, a veces corto, a veces más largo. Entonces, si la vida existe bajo al arbitrio del tiempo, su valor no depende en cuánto se vive sino en cómo aprovechamos cada respiro y acción de voluntad en el mundo. Así, la vida se vuelve una chupada de mate, ya sea larga o corta, lo que importa es cuánta vitalidad, pasión y satisfacción ponemos en cada sorbo, a veces dulce, a veces amargo. Ernesto Galaz Guzmán, el Coronel de Aviación, sabía muy bien esto.

Desde el momento en que un hombre o mujer se hace soldado consciente y conscientemente, sabe que una vez bajo el uniforme la vida ya no le pertenece, la vida está prometida y entregada a los valores, a la institución y a la patria. Pero, ¿da igual cualquier catálogo de valores? ¿Da igual el comportamiento de la institución? ¿Da lo mismo cualquier forma de hacer patria? No. Galaz Guzmán, el Coronel de Aviación, también sabía muy bien esto.

Comandante de grupo, miembro del Estado Mayor de la Fuerza Área de Chile al momento del golpe de Estado y docente de la Academia de Guerra, se opuso a la dictadura cívico militar por lo que fue condenado a muerte en 1973 por un inmoral Consejo de Guerra. Su pena finalmente fue conmutada por el exilio, el que aprovechó para realizar tareas políticas tanto en Europa como en la ex Unión Soviética. Su trabajo político se concentró en la solidaridad internacional con Chile, bregó por verdad, justicia y reparación para sus camaradas de armas y, hasta hace muy poco tiempo, se empeñaba en que Chile diera un debate serio respecto al carácter de las FF.AA.

Defensor a ultranza de una mirada ciudadana de la seguridad nacional y la defensa, para el Coronel, la seguridad nacional debía tener tres finalidades: asegurar el libre ejercicio de la soberanía, prevención del orden público jurídico institucional y asegurar el desarrollo socio-económico del país. A su vez, estas tres finalidades debían ser orientadas por los principios de neutralidad, obediencia al poder civil, respeto y solidaridad. Fue un apasionado defensor de una política de Defensa Nacional en la que el resguardo de la soberanía no fuera una competencia exclusiva de las FF.AA, sino que fuera competencia de la sociedad en su conjunto ya que, la seguridad colectiva obliga tener una naturaleza democrática. Detractor de la anquilosada noción de la “obediencia ciega”, para él, la obediencia debía ser reflexiva y ponderada permanentemente por valores morales positivos.

Al Coronel (r) Ernesto Galaz Guzmán, la vida y el rol de los militares para con la democracia no le daba lo mismo. Vivió su vida con plena consecuencia y fue hasta el último de sus días un militar democrático. Al igual que Alejandro Magno, al Coronel no le disgustaba un “ejército de leones guiado por ovejas sino uno de ovejas guiado por un león”. Siempre lo recordare en uniforme azul, ese que con el que nunca lo vi, pero que por dentro nunca dejó de llevar, al igual que sus convicciones y su ética del oficio de las armas, cuan raudo hacia las estrellas.

Ricardo Balladares

Sociólogo.

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