DE BOLSONARO EN BRASIL A CELEBRACIÓN DEL NO EN IQUIQUE: LA UNIDAD COMO DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

En momentos en que el mundo parece poner en cuestión los más esenciales valores democráticos, con la elección precisamente de liderazgos populistas de ultraderecha que cuestionan abiertamente esos principios, en Chile y nuestra región se celebraba el 30 aniversario del triunfo del NO, en el plebiscito de 1988. En momentos en que en Brasil, el militar retirado que reivindica la última dictadura brasilera, Jair Bolsonaro, obtenía un contundente triunfo en primera vuelta de las elecciones presidenciales; en Chile e Iquique se recordaba la gesta del NO, la que sólo fue posible gracias a la unidad más amplia –desde marxistas a democristianos- bajo el paraguas de los principios democráticos y la defensa de los derechos humanos. En momentos en que el mundo parece caer en la deriva autoritaria reaccionaria, la unidad de todos los demócratas hoy resulta tan urgente como ayer.

En momentos en que en Brasil, el militar retirado que reivindica a la dictadura en su país, Jair Bolsonaro, obtenía un contundente triunfo en primera vuelta de las elecciones presidenciales; en Chile e Iquique se recordaba la gesta del NO, la que sólo fue posible gracias a la unidad más amplia –desde marxistas a democristianos- bajo el paraguas de los principios democráticos y la defensa de los derechos humanos. En momentos en que el mundo parece caer en la deriva autoritaria reaccionaria, la unidad de todos los demócratas hoy resulta tan urgente como ayer.

Ese 5 de octubre de 1988 fue un día tenso… Chile se jugaba su futuro. El dictador pretendía perpetuarse en el poder con un plebiscito pensado a su medida, legitimando su régimen con un baño de urnas. Muchos pensaban que el resultado estaba escrito de antemano a favor de la dictadura cívico-militar de Pinochet y sus “Chicago Boys”. Y no es de extrañar, en todo el siglo XX, se realizaron más de 250 consultas populares por parte de dictaduras o regímenes autoritarios y de esos, sólo en tres casos los gorilas en el poder perdieron, dos de éstas fueron Uruguay y una en Chile. ¿Cómo fue posible esa gesta?, a lo menos tres factores parecen determinantes: la presión internacional para que la contienda fuera limpia; cierto consenso mundial en torno a los valores de la democracia liberal, ya en los estertores de la Guerra Fría; y el más importante de todos, la capacidad de unir a toda la oposición, con sus distintas tácticas para enfrentar la tiranía, en un objetivo común, como lo fue en primer término, ganar la elección, y en segundo, defender ese triunfo.

Oleada ultraderechista que azota al mundo

Hoy, esos valores democráticos parecen en declive cuando parte importante de esa misma ciudadanía, termina eligiendo liderazgos autoritarios de corte fascista, con su despreciable carga xenófoba, misógena y clasista, atacando asimismo las libertades democráticas y los derechos humanos. Un Bolsonaro en Brasil que reivindica a los torturadores y violadores de su dictadura; o una primer ministro italiana como Salvini que prefiere que los inmigrantes norteafricanos mueran en el mediterráneo que permitirles atracar en sus puertos; o un Trump que entre otras barbaridades, ha hecho el estereotipo del inmigrante traficante y violador una de sus mayores banderas. Esos son los dictadores de nuestro tiempo, agrupados en elecciones amañadas donde la izquierda resulta perseguida por un poder judicial y unos medios de comunicación al servicio de las oligarquías locales y el imperialismo norteamericano. Aquí en Tarapacá, la elección de un diputado como Ramón Galleguillos parece expresión del mismo fenómeno, acentuado por los escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelto y que aún no han sido aclarados.

En nuestro país, el asalto de la Derecha resulta menos histriónico, pero no por eso más democrático. No deja de ser elocuente que tras la primera vuelta en las presidenciales brasileñas, el Presidente Piñera señalase que comparte “en gran medida”, el proyecto de Bolsonaro. Los afanes de revisión histórica de La Moneda frente a las violaciones a los derechos humanos en nuestro país, como también los intentos por recortar derechos sociales y políticos, son muestras claras de ello.

En nuestro país, el asalto de la Derecha resulta menos histriónico, pero no por eso más democrático. No deja de ser elocuente que tras la primera vuelta en las presidenciales brasileñas, el Presidente Piñera señalase que comparte “en gran medida”, el proyecto de Bolsonaro. Los afanes de revisión histórica de La Moneda frente a las violaciones a los derechos humanos en nuestro país han sido escandalosos, como también los intentos por recortar derechos sociales y políticos conseguidos durante la administración de la Nueva Mayoría, con sus reformas tributarias, laborales, los intentos por criminalizar al movimiento estudiantil o coartar la ley de aborto en tres causales.

Alianza democrática por un futuro mejor

Hoy, Brasil enfrenta la disyuntiva de seguir avanzando en democracia, o caer en el régimen de odio y miedo que ofrece la ultraderecha de Bolsonaro… ¿la alternativa?, “clara como lámpara y simple como anillo”: la unidad de todos los demócratas tras la candidatura del segundo en la lista, Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) y delfín de Lula. Una lección que sin duda  se proyecta al otro lado del continente, la misma alternativa debemos enfrentar en Chile si queremos impedir que la derecha más retardataria se afiance en el poder. Esa fue la clave para vencer a la dictadura de Pinochet y sigue siéndolo para enfrentar a las dictaduras de nuevo tipo que nos toca enfrentar. El escenario es sombrío, pero la esperanza asoma en el horizonte. Ese 5 de octubre en la sede de los profesores de Iquique, como pocas veces y bajo un salón repleto, vimos a toda la oposición democrática unida, en torno a esa gesta del pasado, cuya proyección a los desafíos de hoy,  es la llave de un mejor futuro para nuestros pueblos.

Compartir:

*

*

Arriba