OCTUBRE EN TARAPACÁ: DE LA MEMORIA AL PODER

Tarapacá se volvió protagónica en el debate sobre cómo enfrentar el avance de los movimientos y liderazgos neofascistas en Chile y Latinoamérica; como asimismo, en la reflexión necesaria sobre el papel de las izquierdas en la construcción de una alternativa de poder para nuestros pueblos, que ponga en el centro el respeto y promoción de los derechos humanos. Es en dicha clave, que la región fue escenario de dos importantes eventos: el seminario internacional sobre la vigencia del pensamiento marxista; y la romería a Pisagua, la que tuvo además un carácter especial, tanto por el lanzamiento de las cenizas de la madre de Michel Nash a la rada de la localidad, como por la entrega de medallas a los familiares de 4 militantes comunistas asesinados por la dictadura en dicho lugar.

No deja de ser elocuente sobre los desafíos que le toca enfrentar a la humanidad en el actual momento histórico, el hecho de que en los mismos momentos en que Leyla Nash depositaba las cenizas de su madre en el mar frente a Pisagua, se conocían los primeros resultados de las elecciones presidenciales en Brasil, confirmando el triunfo del militar neofascista, Jair Bolsonaro, en el mayor país de Latinoamérica. Es el triunfo de un liderazgo que tiene como sello distintivo, su defensa de las violaciones a los derechos humanos en la dictadura brasileña – como su admiración por Pinochet-, lo que proyecta al momento actual con sus derivas xenófobas, racistas y homofóbicas.

Es en este marco que adquieren especial sentido las palabras pronunciadas por el diputado comunista Hugo Gutiérrez a los pies de la Fosa de Pisagua, el pasado 28 de octubre: reivindicar con más fuerza la necesidad de verdad, justicia y reparación; no sólo como un gesto para reconciliarnos con nuestro pasado, sino como un sello de identidad y bandera de lucha para nuestro presente y futuro. En momentos en que principios civilizatorios como la defensa de los DD.HH. se ven cada vez más amenazados en el mundo y nuestro país, reconstruir esa comunidad ética que permitió la derrota de Pinochet, ese verdadero frente antifascista que unió desde marxistas a socialcristianos en defensa de la democracia, se vuelve más necesario que nunca.

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