IMPACTO DE REDUCCIÓN PARLAMENTARIA DE PIÑERA: VUELTA AL BINOMINAL EN TARAPACÁ

Uno de los anuncios más llamativos realizados por el Presidente Piñera en su última Cuenta Pública, fue la reducción de diputados de sus actuales 155 a 120; en tanto que anunció también reducción de senadores de los actuales 50, a 40. La justificación dada fue la de perfeccionar el desarrollo de la política en las instituciones del Estado, restituir la confianza de los ciudadanos y, sobre todo, ahorrar dineros públicos. Lo cierto es que las justificaciones esgrimidas no resisten análisis y no logran ocultar el verdadero objetivo del Gobierno: volver a un parlamento más controlable, donde no estén presentes fuerzas alternativas a los grandes bloques de centro izquierda y derecha… en otras palabras, volver al viejo esquema del sistema binominal. Algo que se hace evidente en regiones pequeñas como Tarapacá, donde pasaremos de tener 3 a 2 diputados.

Las justificaciones dadas por Piñera no resisten análisis a lo menos por las siguientes cuestiones: 1) No se entiende cómo la rebaja en el número de parlamentarios puede tener relación con el trabajo legislativo realizado, siendo que lo anterior depende -entre otros factores- de las características de los candidatos electos, de sus equipos de trabajo y de las discusiones político-legislativas puntuales que se realicen; 2) Tampoco se entiende cómo dicha reducción pueda incidir en la confianza ciudadana en las instituciones del Estado, por el contrario, se tendería a pensar que un parlamento más plural, donde exista una mejor representación territorial, como asimismo una mejor expresión de la diversidad política e ideológica del país, puede hacer que más personas se sientan representadas por su quehacer.

Por último y como tercer punto, resulta a lo menos demagógico argumentar razones presupuestarias para dicha rebaja, en primer lugar porque el presupuesto del Parlmento representa una ínfima parte del Presupuesto de la Nación, y que si realmente se quiere mejorar el balance de las arcas fiscales, resulta mucho más eficaz mirar otras opciones, como por ejemplo, el cobro de un royalty efectivo a las grandes empresas que explotan gratuitamente nuestros recursos naturales. Pero más allá de eso, resulta aún más demagógico, cuando un amplio arco de la oposición está proponiendo la rebaja de la dieta parlamentaria, a lo que tanto el gobierno como el oficialismo se han opuesto sistemáticamente, con argumentos tan clasistas y lamentables como los dados por la senadora y presidenta de la UDI, Jaqueline Van Rysselberghe, en cuanto a que si ello ocurre, no va a haber gente “buena”, o que sea “un aporte”, dispuesta a dedicarse a los asuntos públicos.

No es un secreto que la propuesta de reducción de parlamentarios provino de la UDI, un partido claramente nostálgico de un sistema binominal que tanto beneficio a la Derecha, y que por cierto, fue diseñado precisamente para ello. Recordar que la Derecha, representando sólo a un tercio del electorado, obtenía la mitad de la representación parlamentaria, todo bajo el sistema distritos binominales en los cuales resultaba electa la primera mayoría individual de las dos listas más votadas. Cómo no recordar aquella elección icónica donde resultara electo Andrés Zaldivar y Jaime Guzmán, en circunstancias que este último había obtenido muchos menos votos Ricardo Lagos, quien sin embargo obtuvo la segunda mayoría de su lista.

 El empate parlamentario forzado por el binominal, unido a los altos quórums impuestos por la dictadura en la Constitución del 80’, hacían prácticamente imposible acometer cualquier reforma política significativa sin contar con la venia de la Derecha, en lo que se constituiría en el mayor de los cerrojos del Pinochetismo, para perpetuar su herencia más allá de Pinochet. El binominal además tenía un segundo objetivo: mantener a la izquierda no concertacionista fuera del parlamento, particularmente existía una obsesión por dejar fuera de las instituciones al Partido Comunista. En el caso de las regiones más pequeñas, que con la reforma se transformaron en distritos que tenían como mínimo 3 diputados, como el caso de Tarapacá, el único impacto posible con la reducción, es que esas opciones se reduzcan a dos, tal como existía con el antiguo sistema electoral.

El reemplazo del sistema binominal por uno proporcional durante el mandato de la Presidenta Bachelet, vino precisamente a corregir uno de los mayores vicios democráticos del modelo impuesto por la dictadura y la consecuencia lógica, fue tanto la apertura del parlamento a nuevas fuerzas políticas, como asimismo, una nueva configuración de las fuerzas políticas ya presentes. Un cambio que vino a reflejar de forma más fiel, las diversidades del país que el Parlamento debiera recoger.

Sin duda un triunfo democrático, pero una derrota para la Presidencia de Piñera, pues la Derecha quedaba en minoría, incapaz de sostener por si sola, la agenda de contrarreformas –como la Laboral, Tributaria o Previosal- que impulsa su gobierno. De ahí la necesidad, mal disimulada en el populismo reaccionario del discurso presidencial, de volver a un Congreso con una representatividad limitada, acotado a los grandes partidos tradicionales con liderazgos dispuestos más a la “cocina” que al debate abierto y democrático. En síntesis, la vieja “democracia de los acuerdos”, que tanto funcionó para quienes querían mantener en lo fundamental, un sistema impuesto -a sangre y fuego- por y para beneficio de los poderosos de siempre.

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